La tercera entrega, y presumiblemente la última -aunque el filón Larsson amenace con más coletazos- de la trilogía Millenium, se estrena ahora al ritmo frenético que ya lo hicieran sus antecesoras, Los hombres que no amaban a las mujeres y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, con el consecuente desgaste técnico que esto puede acarrear en el resultado final de la cinta. Pero eso es algo que parece importar más bien poco a sus fans, porque si hacemos caso de las cifras de taquilla, los lectores-espectadores consumen tan vorazmente las películas como las novelas, y olvidan sus defectos al mismo tiempo.
Si el final de la segunda entrega ya parecía descabellado, con una Lisbeth Salander (Noomi Rapace) agonizante, prepárate para que tu credibilidad como espectador reciba más desafíos en esta última cinta. Después de que la hacker más filolésbica de Suecia haya sobrevivido a ser enterrada viva y a múltiples heridas de bala, sus problemas están lejos de desaparecer. Salander tiene que encontrar a un buen cirujano que le extraiga la bala albergada en su cerebro, por lo que le esperan semanas de confinamiento en un sanatorio en el que, por desgracia, se topa con otro paciente que tratará de impedir que salga de allí con vida. Y es que tres cargos de asesinato aún pesan sobre ella, por lo que seguirá sufriendo el acoso y la persecución de organizaciones poderosas que quieren ver muerta a esta informática con una habilidad especial para destapar tramas corruptas. Pero tal y como sospecha el editor de la revista Millenium, Mikael Blomkvist, todo es un complot en su contra, y a medida que sus investigaciones avanzan, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la justicia el caso de Lisbeth, y tratará de encontrarla de cualquier modo.
Texto D.F.