Que no suene pretencioso que el titulo de esta entrevista recuerde a la famosa serie protagonizada por Derek Jacobi, porque no hay nada en el teatro de Alfredo Sanzol que tenga que ver con el egocentrismo. O si, porque en una sociedad que nos obliga a definirnos a diario, al director navarro el tema de la identidad propia le trae de cabeza. Asi lo demuestra en su estreno en el Centro Dramatico Nacional, Si, pero no lo soy.
Entrevista Sandra F. Molina
Foto Alvaro Villarrubia
El nombre de Alfredo Sanzol no es desconocido para aquellos que se recorren las salas alternativas de teatro en busca de descubrimientos deslumbrantes. Cuando contaba con veintipocos años y un flamante título de abogado debajo del brazo, se lanzó a la dirección teatral porque era lo que el cuerpo le pedía. Sus instintos no fueron erróneos, porque su primer montaje, Como los griegos, terminó nominado en los premios Max de 1999 al Mejor espectáculo Revelación. Si ese texto salió adelante fue "porque estaba convencido de que era malísimo dirigiendo e hice lo que me dio la gana". El resto de su trayectoria ha sido una continuación más que agradable: formó su propia compañía teatral (Producciones del Callao), montó espectáculos de calle para Valencia Escena Oberta y terminó, incluso, creando la serie Living Lavapiés, una experiencia de la que se siente orgulloso. "Hay que vivir y pagar las facturas, y ese trabajo (aunque ya me haya dado cuenta de que lo mío es el teatro) me enseñó a escribir guiones, a hacerlo en poco tiempo y a tener unas capacidades para este oficio que, antes de meterme en Living Lavapiés, no tenía. Fue una experiencia muy grata", recuerda.
Para él, como vulgarmente se dice, la campana sonó el día en que Gerardo Vera, el director del Centro Dramático Nacional, se dejó caer por la sala Cuarta Pared para disfrutar de su espectáculo Risas y destrucción. "Siempre le agradeceré que se pasara por allí y que luego me llamase para ser su asistente de dirección en Divinas palabras y en El enemigo del pueblo. Cuando comenzó en el CDN dejó claro que quería un equipo de gente joven a su alrededor, y lo está consiguiendo". La invitación de Vera hacia Sanzol se extendió, y ahora presenta su primer texto y dirección en el teatro público. "Y hay nervios, no lo puedo negar, aunque me gusta mucho que este texto, Sí, pero no lo soy, sea una continuación de Risas y destrucción, y que muchos de los actores que participan en la obra hayan trabajado antes conmigo". Lo que más llama la atención es que, en un ejercicio de sinceridad, Alfredo confiesa que hay una cosa que tenía clara antes de escribir la obra: que el escenario tenía que ser una sala de fiestas. "Es que la estética de las salas de fiestas de los años setenta me gusta mucho. Y este texto viene inspirado por una imagen que vi en una revista antigua de varios actores de Hollywood en un lugar así. Recuerdo que, de pequeño, mis padres me contaban historias de cuando iban a ellas, y también haber ido yo, muy pequeño, con toda mi familia, a ver a The Platters. A este texto le he estado haciendo retoques hasta el último momento, y creo que el hecho de que lo haya escrito en lugares diferentes le afecta de cierta forma".
Seguro que a muchos el título de Sí, pero no lo soy les suena muy críptico, pero Alfredo Sanzol lo aclara enseguida. "Es la última frase de Risas y destrucción, y este texto es una continuación, parte de una especie de trilogía que terminaré con otra obra, una manera de desentrañar la maraña que tenemos todos encima". Además, es una forma de criticar la saturación del yo a la que nos enfrentamos la mayoría de la gente hoy en día. "Es que uno ya casi no sabe quién es, porque continuamente nos piden que nos definamos en todos los aspectos de nuestra vida; nosotros también se lo exigimos a otras personas... Sinceramente, no creo que mi yo, mi identidad, sea algo inamovible, sino que está en constante cambio. Si me dicen algo que hice hace una década, seguro que ni me reconozco en esos actos". Así, Alfredo ha creado ¡treinta y ocho personajes! ("menos mal que los actores son buena gente, si no me mataban", bromea) para contar esta historia formada por varias historias protagonizadas por personajes que intentan saber quiénes son y quiénes son los demás, todos desfilando por esa boite antigua en la que los espectadores a lo mejor encuentran su propio yo. "Al final, veo mis textos como una especie de diario personal. Pero si al salir de la obra alguien descubre algo sobre sí mismo que no sabía antes, estaré encantado con el resultado de todo este trabajo".
La obra Si, pero no lo soy se representa del 27 de marzo al 4 de mayo en el Centro Dramatico Nacional (Teatro Maria Guerrero. C/Tamayo y Baus, 4) de Madrid.