Le recuerdas siempre vestido de negro, su atuendo imprescindible para actuar. Hasta ahora, que se atreve a interpretar a una mujer, caracterizada como tal, en Como te mueras... te mato, que regresa a la cartelera madrileña con Garó como principal gancho. Y con su transformación en señora como el secreto que solo se descubrirá en el teatro Amaya.
Entrevista Agustín Gómez Cascales
SHANGAY EXPRESS: ¿Qué le hace falta a un hombre para transformarse en mujer sobre el escenario?
ÁNGEL GARÓ: Ponerse bragas. Yo ya había hecho a bastante mujeres llevando calzoncillos, y ahora he descubierto que con bragas es mucho más fácil [risas]. Aunque lo mejor es que lo que me propusieron era un proyecto muy interesante, no subirme a un escenario para hacer de mujer sin más, porque entonces estaríamos hablando de un espectáculo de travestis o transformistas, que a mí lo que me gusta es verlos como espectador. Aquí ha sido una delicia trabajar con un director, que además es el autor de la obra [Rafael Pence], que me ha ayudado mucho a enriquecer mi personaje. Sé que no debería mostrarme tan optimista sobre un trabajo mío, pero no puedo evitarlo. Y es que hasta parece que esta tragicomedia de suspense la haya escrito yo, aunque no sea así.
S.E: ¿Esperas que la gente acuda al reclamo de ver a Ángel Garó caracterizado de mujer?
A.G: Mi reto es conseguir que, pasados tres minutos de función, la gente se olvide de que soy yo quien está sobre el escenario y vea a la protagonista sin más. Tengo la obligación de ser una mujer.
S.E: ¿Cómo es que se te da tan bien dejarte poseer por mujeres?
A.G: Bueno, si haces memoria, en realidad me hice popular de la noche a la mañana haciendo de un macho (que le tiraba en la televisión los tejos a María Abradelo) y de un chico ambiguo que hacía “¡Uh!”. Las mujeres, Maruja Jarrón y Maruchi, vinieron después. Yo siempre he sido muy observador, porque así somos las personas que escribimos, y si encima eres actor como yo, todavía es más fácil crear personajes que resulten verdaderos. Y a mí siempre me ha gustado ser camaleónico.
S.E: ¿Qué es lo más difícil de convertirse en Melisa en Como te mueras... te mato?
A.G: La caracterización, no; lo complicado es transmitir su alma. Porque el alma de la mujer es muy distinta a la del hombre: su escala de valores es distinta, tienen un sexto sentido que nosotros no poseemos, saben utilizar el sexo para conseguir lo que buscan... Es una psicología que ni siendo gay se tiene. Y capturarla es lo difícil.
S.E: ¿Y la falda, los tacones, las prótesis...?
A.G: Eso es puro malabarismo. Es algo con lo que se podría manejar perfectamente un saltimbanqui o un malabarista. Lo que sí hemos procurado es utilizar en este caso un maquillaje natural, huir del pestañón y todo eso. Y ayuda a que quede bien el que, a pesar de mis cuarenta y cuatro años, sigo teniendo los rasgos aniñadillos... Es cierto que soy ancho de hombros, no tengo caderas, las manos son grandes, pero todo eso es lo de menos, de verdad.
S.E: ¿Habías coqueteado alguna otra vez con el transformismo?
A.G: Jamás. Y mira que soy de Cádiz, donde es tan común que los hombres se disfracen de mujeres, pero a mí es algo que nunca me llamó la atención. Esta es la primera vez que me visto así.
S.E: ¿Es el teatro tu refugio perfecto dado el estado actual de la televisión?
A.G: Sin duda, porque el teatro significa el prestigio, el orgullo. Por eso yo tengo un caché determinado para según qué medios y otro distinto para el teatro, porque no hay caché que valga cuando te ofrecen protagonizar proyectos como este. En cuanto a la televisión actual... es que yo no quiero tener que ver a todas horas a mujeres de toreros vulgares. Ni quiero saber nada de programas en donde escuchas todo el rato [adopta una voz trascendental, como la que se escucha en El juego de tu vida] “Eso es... verdad”. A mí me gustaría que salieran todos los días en televisión Liza Minnelli, Lola Herrera..., pero no es lo que vemos.
LA OBRA COMO TE MUERAS... TE MATO SE REPRESENTA EN EL TEATRO AMAYA (Pº GENERAL MARTÍNEZ CAMPOS, 9) DE MADRID.