Adolf Loos: la línea de la pureza en CaixaForum Madrid

Llega a Madrid la retrospectiva sobre uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX, dedicada por entero a otro de sus talentos: los espacios domésticos, la casa y sus muebles, como el último refugio de los humanos. Su visión, por aquel entonces radical, a examen.

 

POR: Guillermo Espinosa

Arquitecto, diseñador y teórico, la figura de Adolf Loos (Moravia, 1870 - Viena, 1933) fue probablemente la más controvertida, influyente y polémica del primer tercio del siglo XX, y se convirtió con los años en el más evidente precursor de los postulados de la Bauhaus que imperarían hasta mucho después de la Segunda Guerra Mundial. Su defensa enconada de la pureza de las líneas y su odio declarado a todo tipo de ornamentación sirvió para dejar atrás el art noveau que reinaba en la Viena donde decidió residir, recortando drásticamente la duración e influencia de ese estilo, aunque esa no fue su única aportación.

Esta muestra, Adolf Loos. Espacios Privados, la primera monográfica dedicada a él en nuestro país, basada sobre todo en sus mobiliarios e interiores, viene a recoger otras de sus aportaciones fundamentales: todas relativas a la disposición que tienen hoy nuestros hogares, y los muebles que los conforman. Para comprobar que aún no hemos escapado a su influencia.

Loos, un hombre de muchas caras, con una vida jalonada de escándalos –no solo intelectuales–, fue, como muchos otros visionarios, un mal estudiante. De su padre, cantero y escultor, heredó habilidades artísticas y una sordera que no lo aisló del mundo. Elegante, cáustico y polémico, cultivó desde muy joven un talante cosmopolita y visceral. Viajó a Estados Unidos muy joven, una vez completados sus estudios, y en Chicago comprendió el alcance del progreso postindustrial, mientras trabajaba de cualquier cosa: lavaplatos, periodista, albañil, entarimador y, finalmente, delineante. En Chicago perfiló buena parte de sus ideas: sobre todo el amor por la sólida artesanía tradicional y el carácter pragmático del diseño.

Con este bagaje, desembarcó en la Viena del cambio de siglo para enfrentarse directamente con el movimiento secesionista: un art noveau que triunfaba en su carácter de transición del modernismo al art decó. Amigo y compañero de estudios desde la infancia de Josef Hoffmann, también arquitecto y principal valedor del movimiento secesionista vienés, junto al pintor Gustav Klimt, el artista Koloman Moser y el también arquitecto Joseph María Olbrich, precisamente fue a su amigo al que dedicó sus más furibundas críticas. Comenzó a publicar manifiestos teóricos como La ciudad Potemkin (1898) o su definitivo Ornamento y delito (1910) criticando con vehemencia cualquier adorno que sirviera para ocultar las líneas puras. Lo demuestran sus construcciones, desde el mítico, destruido y hoy reconstruido Café Museum (1899), a edificios públicos y, sobre todo, casas particulares: se adelantaron varias décadas al movimiento moderno de Mies Van der Rohe.

Sus ideas sobre el mobiliario no eran menos radicales: frente a la belleza sinuosa y naturalista del art noveau, él proclamo el imperio de una razón industrial. Convencido de que los muebles tenían ya una forma de éxito probado durante siglos, decidió partir de modelos previos, viejos muebles extraídos exclusivamente de la tradición popular artesana anglosajona, para crear los nuevos: de ahí que sus muebles tengan ese aspecto conocido, de pasado simple, actualizado por la vía de la utilidad y la mínima intervención. Aunque al principio rehuyó del ambiente cultural vienés, en breve se convirtió en su más famoso miembro: la inauguración de su propia casa, con su interior estilizado y de líneas puras, se convirtió en un hito histórico.

Revolucionó los materiales para la arquitectura y el diseño –utilizando por primera vez el latón, el vidrio o la chapa de madera– y creó el concepto que más influencia posterior ha tenido: el ‘Raumplan’, por el que adjudicaba a cada una de las habitaciones de la casa una importancia y un valor distintos, y en función de eso las ubicaba, les daba altura y tamaño y una utilidad dentro del conjunto. Algo que sigue haciéndose a día de hoy.

Agitador en su vida pública, no lo fue menos en su vida privada: su primer matrimonio acabó con el suicidio –promovido por él– de uno de los amantes de su esposa Lisa (dada también a tener amantes de su mismo sexo); se casó y divorció otras dos veces, y murió, según dicen, solicitándole matrimonio a otra más. Fue acusado y preso por tratar de seducir a niñas, pero la presión de su fama hizo que lo excarcelaran. Supuestamente sufría ya demencia senil. Eran, decididamente, otros tiempos. Lo pagó muriendo en la ruina. En 2008, y por este motivo, su tumba fue trasladada de la sección de ‘honorables’ a la de ‘históricos’ en el cementerio de Viena.


Adolf Loos. Espacios Privados se puede visitar hasta el 24 de junio en el CaixaForum Madrid (Pº del Prado, 36). Más información en www.caixaforum.es