Bailar vogue mucho antes de lo que lo hiciera Madonna

El CA2M de Móstoles dedica la primera gran exposición a uno de los bailes fundamentales del mundo contemporáneo. ‘Elements of Vogue’ viene a colocar a este movimiento gay, transexual y afrodescendiente neoyorquino en el sitio que le corresponde dentro de la historia del arte. Ya era hora.

 


Marlon Riggs. Tongues Untied. 1989.

 

A estas alturas, es probable que hayas visto el mítico documental Paris is Burning (Jennie Livingston, 1990). Su fama en España es relativamente reciente, eclipsada por aquel vídeo, Vogue, que Madonna lanzó ese mismo año y que nos presentó una nueva forma de baile que arrasaba en las supuestamente blancas y elitistas discotecas neoyorquinas. Esta visión transfigurada es la que el CA2M pretende ahora contarnos de una forma más ajustada a la realidad.

Comisariada por Sabel Gavaldón y el propio director del centro de arte, Manuel Segade, Elements of Vogue no se perfila como un ajuste de cuentas, pero trata de expresar claramente los orígenes de uno de los movimientos de baile más importantes del siglo XX, allí donde la marginalidad, la homofobia, la transfobia y el racismo encontraron una respuesta de supervivencia: bailar y posar como la única forma posible de encontrar un espacio político y social propio, cargado de dignidad.


 “El caso de Madonna es un ejemplo claro de extractivismo: un fenómeno de apropiación cultural que no revierte, ni económica ni políticamente, en la sociedad que lo ha generado”


Como el propio Segade establece, “la Historia se ha escrito siempre desde la blanquitud. El caso de Madonna es un ejemplo claro de extractivismo: un fenómeno de apropiación cultural que no revierte, ni económica ni políticamente, en la sociedad que lo ha generado. El ball era un espacio marginal afrolatino, un espacio de libertad donde esos cuerpos podían expresarse. También era el espacio de construcción de nuevas unidades familiares para personas rechazadas por sus familias consanguíneas, un refugio contra la homofobia de los setenta y ochenta. La gente tampoco sabe, por ejemplo, que la palabra ‘house’, que da nombre a la música más exitosa de la noche desde finales de los ochenta, viene de las batallas de estas Houses of Voguin’...”.


Jett Blakk for President. Cortesía de la Gay, Lesbian, Bisexual, Transgender Historical Society.

 

La exposición arranca en los ballrooms raciales creados en los años treinta en el Harlem neoyorquino. “Durante los años de la Ley Seca, eran un espacio afroamericano que los blancos más avanzados de moral devoraron: de ahí surgió el jazz, mucha buena literatura, pero también figuras como la drag Beau of the Ball, una de las primeras negras que en su condición trans alcanzaron el estatus de iconos. Si pensamos luego en cómo la revuelta de Stonewall se inicia con el lanzamiento de piedras por parte de otra trans afroamericana, Marsha P. Johnson (que podremos ver en la exposición, retratada por Andy Warhol), creo que empezamos a entender de qué hablamos: la historia del vogue es la de un fenómeno subcultural donde la raza, el género y la clase social se exponen y se ponen en situación crítica al mismo tiempo en uno de los casos más importantes de desarrollo de radicalidad performativa. Su importancia está en recuperar una historia que ha sido marginada”, explica el director del CA2M.


“La historia del vogue es la de un fenómeno subcultural donde la raza, el género y la clase social se exponen. Su importancia está en recuperar una historia que ha sido marginada”


A pesar de esa apariencia festiva y frívola, el voguin’, como movimiento, tenía mucha doble lectura política: las Casas de Voguin’ creaban una segunda familia para esos negros y latinos marginados y expulsados de sus comunidades por la homofobia y la transfobia. Y les permitían adquirir dignidad. “El voguin’ toma sus referencias de las poses de las modelos blancas en las grandes editoriales de moda, como una forma idealizada, pero también de los jeroglíficos egipcios en el momento en que los historiadores negros comienzan a reivindicar que los grandes imperios egipcios eran nubios –que Cleopatra había sigo más parecida a Beyoncé que a Liz Taylor– o de los gestos de las películas de kung-fu, que se exhibían de madrugada en programas muy baratos en los cines de Times Square, donde los homosexuales que habían perdido sus hogares familiares aprovechaban para dormir barato. En definitiva: es una alucinación multicultural”, subraya Segade.


Rashaad Newson. Shade Compositions (SFMOMA). 2012

 

La exposición, que incluye una amplia selección de trabajos de influyentes artistas afroamericanos como David Hammons, Adrian Piper, Carl Pope Jr., Lorna Simpson o Kalup Linzy y Ellen Gallagher, hace también referencias obligadas a las luchas del movimiento LGTBIQ americano y a la resistencia frente a la estigmatización en los primeros años del sida, aunque separando y matizando sus procesos de influencia mutua. Porque “más que una participación en la lucha, de lo que se trataba era de crear un espacio seguro para el desarrollo de una vida fuera de armarios y en comunidad”, apunta Segade. “He tenido la oportunidad de vivir la renovación del voguin’ en París o en Rotterdam y ver cómo, todavía hoy, las personas LGTBIQ de familias con origen caribeño y de clase social baja necesitan esos espacios. La radicalidad de sus cuerpos es la exposición pública de su enfado y de cómo reclaman su visibilidad queer como sujetos. Un ejemplo: exponemos un vídeo filmado por una tuitera. Pertenece a la multitudinaria manifestación en Londres dos días después del atentado homófobo en la discoteca Pulse, en Orlando. En él podemos ver a D’rel Khan, una voguer londinense, deteniendo con su cuerpo la manifestación para ponerse a bailar voguin’: un voguin’ rabioso, enfadado, que viene a recordarle a los manifestantes que los cuerpos asesinados en Florida no eran solo LGTBIQ, sino racializados, y además estaban bailando. Creo que es una buena muestra de por qué arrancar a bailar voguin’ también es una decisión política”.


Gerard H. Gaskin. POCC Ball. 2007.

 


Elements of Vogue: Un caso de estudio de performance radical se puede visitar del 17 de noviembre al 6 de mayo de 2018 en el CA2M (Avda. Constitución, 23 · Móstoles). Más información en ca2m.org