Barei: “Voy a estar muy involucrada en el Orgullo gay de Torremolinos”

Repasamos con Barei el gran viaje que ha vivido en el último año, desde que Eurovisión y ‘Say Yay’ le cambiaron la vida. Lo hacemos en Torremolinos, el epicentro LGTB de la costa malagueña, que visita por primera vez. Pero no será la última.

POR: Agustín Gómez Cascales

Barei posa en la playa de la Carihuela

 

Ha sido muy fuerte su viaje eurovisivo, en el sentido literal y metafórico. Desde que Barei fue seleccionada para representar a España en Eurovisión, su vida dio un giro de 180 grados, y su último año ha sido de locura. Lo recuerda en Torremolinos, nada menos, disfrutando de uno de sus escasos días de descanso este otoño. Barei ama el mar y los destinos playeros, y curiosamente nunca había estado en este idílico lugar de la costa malagueña, que la ha hechizado a la primera. “En Málaga sí he estado infinidad de veces; la última, actuando en su Orgullo en La Malagueta el verano pasado, precisamente”.

Sabe que Torremolinos es un destino gay clave y, dada su relación con el ambiente gay, se sintió en casa desde el momento en que lo pisó. “Voy a estar muy involucrada en el Orgullo del año que viene en Torremolinos, así que esta es una oportunidad muy especial para descubrir la ciudad. Estoy preparando muchas sorpresas para el Orgullo del año que viene...”, avanza misteriosa.

Si algo le gusta a Barei es comer (“es mi hobby preferido, más que la música, más que bailar, más que viajar”, confiesa), así que la felicidad ya fue plena cuando vio el buen tiempo que se disfruta en Torremolinos casi todo el año y que iba a poder degustar algunas de las exquisiteces que cautivan tanto a los locales como a los turistas. “¡Menudas coquinas nos hemos comido!”, afirma encantada. “¡Y qué tortitas de camarones! Y eso que a mí los rebozados no me sientan bien... He comido demasiado, pero que me quiten lo bailao.    


Bomber y pantalón NAUGHTY DOG
Barei posa en el antiguo Molino de Inca

Nadie le puede quitar lo bailao en el último año, que ha sido mucho. Y lo que ha viajado. “Antes viajaba por placer, no tanto por trabajo. Sí, grabé mi primer disco en Miami, pero fue algo puntual. Ahora viajo mucho por trabajo, ya como Barei, y es una gozada”. Aunque no todos los viajes resultaron placenteros, porque tuvo un gran susto cuando, durante la promoción previa a la final del festival de Eurovisión del 14 de mayo, se enfrentó a unas turbulencias horribles en un vuelo de Riga a Moscú. “Mira que nunca me ha dado miedo volar, pero ese día pensé que no lo contaba...”. Días después leyó un titular en su boca que decía “Eurovisión casi me mata”. Se ríe al recordarlo. “Nunca había visto turbulencias así, y desde entonces sí tengo más respeto a los aviones”. Pero eso no quiere decir que evite volar. “Si es que me encantan hasta los aeropuertos. Me doy paseos, compro, escribo cosas, me dedico a observar...”.

En su tour preeurovisivo también estuvo en Londres, Kiev o Ámsterdam, y Berlín y Colonia fueron los primeros destinos internacionales que visitó para actuar tras Eurovisión. El verano pasado estuvo otra vez en Estocolmo y Ámsterdam, de nuevo en celebraciones del Orgullo LGTB. “El apoyo gay ha sido fundamental para que haya podido seguir viajando con mi música a pesar del puesto en Eurovisión, me ha ayudado mucho. Ese apoyo incondicional lo he cogido con los brazos bien abiertos”.

Su paso por el Orgullo de Ámsterdam lo disfrutó especialmente, porque durante el desfile aprovechó para conocer mejor la ciudad. “Como el desfile se realiza en los canales, pasé una tarde en barco descubriéndola mientras curraba, doble lujo”. También ha estado recientemente en Berlín y Colonia, y sueña ya con lo que está por llegar en 2017. “Voy a ir a China. Iré varias veces a lo largo del año, en calidad de influencer, invitada por el Gobierno. Va a ser un intercambio cultural para potenciar el turismo entre España y China. Irán actores como Fernando Tejero y Dafne Fernández, músicos como Porta y yo, bloggers, cocineros como Alberto Chicote... Va a ser muy divertido”.

Entre tortita y tortita, recuerda la impresionante experiencia que supuso representar a España en Eurovisión con Say Yay. “Fue todo muy positivo. Salvo el disgusto que me llevé la noche de la final por la posición que obtuve. Me hubiera encantado traerme un buen puesto, y no pudo ser”. Confiesa que pensó que a la vuelta a España le iban a llover palos de todas partes, y la sorpresa fue mayúscula al ver que no. “Me cayeron un montón de abrazos y muchísimo cariño. No me esperaba que me recibieran con los brazos abiertos. Incluso los haters me mandaron mensajes de apoyo. Sentí que la gente empatizaba conmigo. Así que no puedo estar más agradecida de que la gente valorara el trabajo por encima del número”.


Barei, ante el Molino de Inca

 

Lloró, y mucho, la noche del 14 de mayo. “Empecé a llorar en la rueda de prensa que hubo justo al terminar el festival. No sabía exactamente en qué puesto había quedado al final, pero solo me salía pedir perdón”. Si lucía un enorme número 3 en el modelo escogido para actuar, una vez se le pasó el berrinche intentó pensar en positivo: “Terminamos en el puesto 3 de las más escuchadas entre las 42 canciones que competían, ¡a lo mejor la señal era esa!”. El único punto negro, comprobar que sus indicaciones coreográficas, que durante tres meses había estado preparando con creadores italianos nunca llegaron a los organizadores del festival. “No quise montar un pollo, pero era muy fuerte. Federico [Llano, el jefe de delegación de TVE] nunca mandó el pdf con sesenta y tantas páginas que le dimos, pero como una vez volvimos ya no volví a verle, ni lo hablamos”.


Barei quedó fascinada por el Pourquoi Pas?, el primer bar gay de Torremolinos, que se mantiene exactamente igual que en 1968, cuando abrió

 

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