Del pecado a la virtud: mujeres transexuales en televisión

Partiendo de que ser transexual no es ningún delito ni nada de lo que avergonzarse, ¿por qué Laura se ha visto obligada a hablar de su transexualidad en ‘Gran Hermano Revolution’? Nuestra colaboradora Valeria Vegas reflexiona sobre el papel de las mujeres transexuales en la pequeña pantalla.

POR: Valeria Vegas

Con todo esto de las plataformas digitales, la televisión por cable y demás, llevo bastante tiempo sin echar un ojo a los canales convencionales y su respectiva programación (sí, algo raro en mi, tan defensora como soy de la causa catódica). Concretamente, hace ya años que no me detengo a prestarle un mínimo de atención a Gran Hermano. Tan solo su formato VIP consigue a veces resarcir la curiosidad de mi vertiente petarda. No es por prejuicio al formato, pero hace lustros que los habitantes anónimos de dicha casa solo consiguen ponerme nerviosa e incluso que acabe enfadada con el mundo. Y ha vuelto a suceder.

En las últimas semanas, amigos, conocidos, mi peluquero y las redes sociales (siempre dispuestas a mostrarnos la cruda realidad, sin la posibilidad de mirar hacia otro lado) me han hecho saber que dentro de la casa más famosa de la televisión se encuentra concursando una mujer transexual. Hasta aquí nada novedoso.

La historia es que ella, en todo su pleno derecho, no deseaba confesar su condición de mujer trans, ni a sus compañeros ni a esa España tan curiosa y predispuesta a mirar con lupa. Su deseo ha sido en vano y finalmente, como si de las reglas de un juego se tratase, se ha visto abocada a tener que hablar de algo que no entraba en sus planes y consideraba innecesario. Por fin mi atención ha sido captada, lo habéis conseguido. 

Laura, que así se llama la concursante, me ha hecho de nuevo plantearme qué papel jugamos las mujeres transexuales en la pequeña pantalla. Y lo cierto es que la situación no ha avanzado mucho y su estancia en la casa se ha visto acompañada en los últimos días de codazos, susurros, chismes y elucubraciones a sus espaldas por parte del resto de concursantes. Son los mismos murmullos y señales con los que se encuentran otras muchas mujeres trans cuando van al supermercado, al cine o viajan en metro. Digamos que una vez más se ha cumplido aquella teoría de los inicios del programa donde aseguraban que la casa era un reflejo de la sociedad. Tal cual. 

No sé hasta qué punto Laura va a saber manejar la situación sin que haya una dosis de victimismo que no le permita coger impulso. Me atrevería a tacharla de ingenua, ya que acudiendo al reality por excelencia, lo mínimo es intuir que tu vida y sus circunstancias quedan expuestas. Y tu curso vital también es tu identidad y tu construcción como mujer, sin que ello tenga que suponer una huida hacia adelante, hecho que ella quería reservar tan solo para sus más allegados. Está en todo su derecho, pero es una utopía.

Quizás dentro de un par de décadas la sociedad ya no juegue a exigirnos una etiqueta, pero como por el momento las reglas son otras, hagámoslas nuestras y adelantémonos a cualquier divagación de los demás. Bueno, y partiendo de la base de que ser transexual no es ningún delito ni nada de lo que avergonzarse. Pero es probable que a Laura le hayan hecho sentir más de una vez que merecía un sentimiento de culpa. 

Echando la vista atrás, en esos ejercicios de rescatar momentos de antaño tan habituales en la que aquí escribe, me viene a la mente Dana International y su triunfo en Eurovisión hace casi veinte años. Quienes vivimos aquello, recordamos perfectamente que Dana llegaba al festival con un revuelo previo sobre su persona y buena parte de su país natal en contra.

Salvando las distancias entre el festival y el ya citado concurso de televisión, antes de participar Dana tuvo que ver cómo toda la prensa se hacía eco de su pasado sin destacar apenas su carrera artística. Lo asumió con una sonrisa y la cabeza bien alta. Y ganó. Porque la canción, su actitud y la puesta en escena así lo merecían. Logró que todo el morbo que le precedía se convirtiese en pura anécdota, aportando siempre un discurso interesante en cada una de sus entrevistas. Ahí radica la lección, en tu vida privada puedes marcar tus propias pautas, pero frente a los medios de comunicación has de reafirmarte con el orgullo que mereces, haciendo del pecado una virtud.


VALERIA VEGAS ES ESCRITORA Y ARTICULISTA. SU ÚLTIMO LIBRO PUBLICADO ES ¡DIGO! NI PUTA NI SANTA.