El teatro político, social y LGTB de Sergio Martínez Vila

En la generación de dramaturgos que está ocupando los principales teatros nacionales, encontramos a Sergio Martínez Vila, cuya escritura posee un mensaje político, social e incluso LGTB que intenta mover la conciencia del espectador.


Foto: miguelangelfernandezphoto.com

 

Una nueva generación de escritores y directores ocupa su merecido lugar en la dramaturgia contemporánea española. Curtidos en salas pequeñas, sus nombres han ido apareciendo en grandes teatros durante los últimos años. Hablamos de Paco Bezerra, Alberto Conejero o Sergio Martínez Vila, cuya última obra, Juegos para toda la familia, se representa en el Centro Dramático Nacional durante el mes de diciembre. “Es todo un honor, pero para mí el eje de este movimiento son María Velasco, Lucía Carballal o Lola Blasco, por mencionar solo tres. Antes no había tanta dramaturgia femenina. No quiere decir que no existiera, sino que no se le daba voz. Eso ha acabado de impulsar el que se nos conozca un poco mejor”, comenta Martínez Vila, un asturiano trotamundos de 33 años que ha establecido su domicilio en la Sierra de Guadalajara, donde se siente en paz.

Este contacto con la naturaleza se fue forjando a lo largo de sus numerosos viajes alrededor del mundo, experiencias que han configurado también su manera de escribir. “Llegué al sur de la India para escribir un guion y después fui a Nueva Delhi para trabajar en el Instituto Cervantes como profesor de español. El paso que me vinculó del todo con la naturaleza fue llegar a Australia y Sudamérica, donde esta tiene una fuerte presencia”. De ahí nace el comentario político de muchas de sus obras, y el de Juegos para toda la familia, un texto que versa sobre una familia europea, ligada a la industria armamentística, que se reúne para jugar con unos invitados que viven situaciones más desfavorecidas, en este caso dos refugiados sirios ‘sustraídos’ del mercado negro. “No van a jugar con ellos sino a costa de ellos, eso ya de entrada es un hecho delictivo. Dentro de sus buenas maneras o educación se va viendo un reverso más oscuro”. Este contraste entre la sofisticación y la degradación humana tiene su origen en sus vivencias, que le han colocado en un espacio fértil para la creación. “En esta obra, la naturaleza está al servicio estético de sus dueños. Quería alcanzar ese punto de mira en el que hasta lo natural está sufriendo violencia. Por ello tiene gran presencia en la escenografía el mármol, que es símbolo de opulencia pero también de la domesticación brutal de la tierra”. Todos sus trabajos guardan un mensaje social que encuentra en su representación un importante poder concienciador para el espectador. “Hago conscientemente teatro político, es mi estilo. Por eso estoy muy agradecido de que un espacio tan grande como el teatro María Guerrero albergue mi obra durante todo un mes, siendo un texto políticamente incómodo...”. Este afán por desmontar ideas preconcebidas socialmente le ha llevado también a escribir sobre el colectivo gay, de hecho su obra El océano entre las rocas ganó el Premio Leopoldo Alas Mínguez para textos teatrales LGTB en 2016. “En ese texto, los personajes LGTB no son el foco, no quería partir de ahí. La condición homosexual de uno de ellos está tan asumida y normalizada que no es el centro de todo, pero sí forma parte del mensaje de denuncia de la función”.

En este mismo plano, Sergio tiene entre manos otro trabajo sobre la identidad de género, el proyecto de danza europeo, Performing Gender: Dance Makes Differences. “Me apetecía hacer algo de escritura no verbal, de cuerpo y movimiento... Creo que es un tema que hay que visibilizar para romper tabúes y mostrar más lo que nos une que lo que nos separa en este caldo de cultivo de construcción cultural que es el género”. Y parece que funciona, porque ya ha empezado a moverle cosas a él en primera persona... “Ha hecho que me cuestione cosas: a lo mejor no tengo clara mi identidad en clave de género, no sé si es algo que va conmigo o si es una construcción que me han impuesto... Todo eso me moviliza, y me encanta”. Para ver esta interesante iniciativa habrá que esperar cerca de un año, pero su prioridad ahora está en la acogida que tenga Juegos..., una obra con un estilo muy cinematográfico –procedente de la formación audiovisual de Sergio y su pasión por el cine– que algunos han llegado a comparar con Funny Games de Haneke y Saló, o los 120 días de Sodoma de Pasolini. “Para mí es un honor esa comparativa. Es verdad que la obra tiene mucho de los dos, pero al mismo tiempo quería hacer algo un poco menos nihilista y más esperanzado. Intento proponer una alternativa a todo el chorretón de violencia que presenta”.


JUEGOS PARA TODA LA FAMILIA SE REPRESENTA EN EL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL - TEATRO MARÍA GUERRERO (C/TAMAYO Y BAUS, 4) DE MADRID HASTA EL 30 DE DICIEMBRE


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