Joan Matabosch: “Los divos en la ópera están en extinción”

El director artístico del Teatro Real de Madrid nos cuenta los entresijos de un género que levanta pasiones: “La ópera es un auténtico ‘fitness center’ de las emociones. Y esto vale para los gays y para los heteros”.

POR: Nacho Fresno | @FRESNOticia

Joan Matabosch frente al Teatro Real, en la Plaza de Oriente de Madrid. 
[Fotos: www.miguelangelfernandezphoto.com]

 

La ópera es un género que levanta pasiones, y lleva más de cuatro siglos siendo así. España se ha convertido en las últimas décadas en uno de los países con mayor oferta a nivel europeo, algo que parecía impensable años atrás, cuando el Gran Teatre del Liceu de Barcelona era el único coliseo conocido a nivel internacional. Con el Teatro Real de Madrid cerrado para la ópera durante muchos años del pasado siglo XX, pues fue solo sala de conciertos desde los años 20, los pocos espacios por los que podían pasar los grandes divos de la lírica eran, aparte del Liceu, el Teatro de la Zarzuela en Madrid, el Teatro Campoamor de Oviedo o el Coliseo Albia de Bilbao (sede de la ABAO hasta la apertura del actual Teatro Euskalduna). Hoy, casi todas las grandes ciudades pueden presumir de tener, al menos, un par de títulos representados por año.

Desde hace dos temporadas, Joan Matabosch es quien dirige el timón (artístico) del Teatro Real, después de haber sido –durante casi dos décadas– el responsable de reposicionar al Liceu de Barcelona en el mundo, tras el incendio que destruyó el coliseo de Las Ramblas. Shangay.com entra el el Teatro Real de la mano de su director artístico, quien desgrana para nosotros sus planes, así como los secretos de un género que levanta pasiones entre el público gay. Joan Matabosch analiza el porqué y nos cuenta cómo ve el futuro de la ópera.

SHANGAY ⇒ El Real se ha consolidado como buque insignia de la ópera en España. ¿Cuáles son los próximos retos?
JOAN MATABOSCH
⇒ El Teatro Real ha salido reforzado de la crisis. Ha sido capaz de consolidar un nuevo modelo de gestión en el que el patrocinio privado ha compensado, en gran parte, la bajada de las subvenciones públicas. Y, sobre todo, es un modelo que garantiza la máxima calidad artística. Al mismo nivel que las instituciones más relevantes del panorama internacional.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo puede competir con los grandes teatros europeos de primera división con un presupuesto mucho menor?
JOAN MATABOSCH
 ⇒ Es cierto que el presupuesto del Teatro Real es mucho menor que el de las instituciones europeas con las que se lo compara habitualmente. Pero lo relevante no es tanto la cifra del presupuesto como la baja contribución pública a ese presupuesto. Del orden de tres veces menor si lo comparamos con los demás teatros europeos. Ese es, al mismo tiempo, el gran reto de la gestión del Teatro Real, y también su gran fortaleza. Lo que condiciona el modelo es mucho menos el presupuesto que la estructura de ingresos. Ese es el tema clave. ¿Cómo ha conseguido el Teatro Real una situación tan envidiable? Haciendo un gran esfuerzo para incrementar la captación de recursos privados y rentabilizando los alquileres de las salas, desde luego, pero sobre todo flexibilizando a su plantilla. Ese es el tema crucial: los trabajadores del teatro han comprendido que esta era la única vía para sacar a la institución de un callejón sin salida y proyectarla hacia el futuro. El Teatro Real tiene lo mejor que puede tener una empresa: una plantilla de la máxima profesionalidad, admirada internacionalmente por su excelencia, y al mismo tiempo muy flexible, comprometida con la institución y consciente de sus retos. Y también hay, desde luego, un liderazgo providencial en las figuras de Gregorio Marañón [presidente del la Fundación Teatro Real] e Ignacio García-Belenguer [Director general del coliseo].

SHANGAY ⇒ El Real es un teatro ‘de temporada’, con una serie de títulos que se representan en días alternos. ¿Aspira a ser uno ‘de repertorio’ [con funciones diarias y alternando estrenos con producciones de ‘fondo de armario’], como ocurre en ciudades como Londres, Berlín, Viena o París? ¿Siguen vigentes esos dos conceptos de programar?
JOAN MATABOSCH
 ⇒ No existe ninguna jerarquía entre los teatros ‘de stagione’, con funciones del mismo título en días alternos, y los teatros ‘de repertorio’, con alternancia de títulos. Son dos modelos diferentes entre los que es complicado escoger, porque los dos tienen sus ventajas e inconvenientes. El modelo ‘de repertorio’ permite aumentar la oferta y normalizar la ópera en el tejido cultural del la comunidad, pero con costes públicos enormes y grandes dificultades para mantener una calidad regular. El sistema ‘de stagione’ tiene la ventaja de poder funcionar con costes muy inferiores y con una calidad más estable, pero tiene el peligro de convertir la ópera, a veces, en algo más social que cultural, exclusivista y poco integrado en la comunidad. El proyecto del Teatro Real no responde a ninguno de estos dos modelos clásicos. Quiere ser una mezcla creativa de lo mejor de ambos, y esto es lo que se está consiguiendo con gran éxito: la oferta es muy superior a la del modelo ‘de stagione’,  pero los costes están a años luz de lo que implica un modelo ‘de repertorio’ centroeuropeo.


“Cuidar los repartos no es confundir el arte de la ópera con la mitomanía decimonónica. La ópera no es eso, afortunadamente”


SHANGAY ⇒ A la hora de programar, ¿qué tiene más peso para ti, los títulos que sabes van a funcionar en taquilla o intentar equilibrar una temporada?
JOAN MATABOSCH 
⇒ Hay que intentar abandonar los viejos clichés sobre lo que funciona en taquilla. Tres óperas recientes que han subido por primera vez al escenario del Teatro Real –Moses und Aron, de Schönberg; Billy Budd, de Britten, y Rodelinda, de Haendel– han sido tres de los mayores exitazos de taquilla de la historia de la institución. Es evidente que eso no implica que nos deje de encantar que Madama Butterfly clausure la temporada, sobre todo si la interpreta la maravillosa Ermonela Jaho, pero el resultado de sus ingresos por función no va a ser tan diferente respecto al de los títulos anteriores. El público de Madrid ha sabido darse cuenta de que, pese a que estas óperas de Schönberg, Britten y Händel no le resultaban familiares, eran propuestas artísticas extraordinarias, con la garantía de artistas de la talla de Ivor Bolton, Romeo Castellucci, Deborah Warner o Claus Guth. Y ha acudido en masa. Eso es precisamente lo que tiene más peso a la hora de programar: el teatro tiene que hacer una contribución a la evolución del gusto colectivo, y abrir la temporada a nuevos compositores y nuevas estéticas. Y cuando esto está garantizado, ¡bienvenido sea!

SHANGAY ⇒ Si hay algo que defina el ‘sello Matabosch’ es cuidar los repartos. ¿Has notado la buena aceptación por parte del público?
JOAN MATABOSCH
 ⇒ Es imprescindible cuidar los repartos, en el sentido de integrar en el proyecto musical y dramatúrgico a todos esos grandes cantantes internacionales invitados. Eso es algo muy diferente a convertir la temporada en un banal y provinciano desfile de divos, en la línea de lo que los teatros españoles tendían a proponer hace algunos años. Eso para mí no es cuidar los repartos, sino confundir el arte de la ópera con la mitomanía decimonónica. La ópera no es eso, afortunadamente. Al menos la ópera entendida como una forma de arte. Y eso es exactamente lo que persigue el Teatro Real. Desde luego, con los mejores cantantes. Y no solo cantantes. Ivor Bolton [director musical], Pablo Heras-Casado [principal director invitado] y Nicola Luisotti [director asociado] son los tres nombres cruciales para garantizar el incremento máximo posible del nivel musical, cada uno en su repertorio.

Si quieres conocer los caprichos de los divos de la ópera, pasa página

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