Las aventuras de Claudio Fernández en Doha

El arquitecto madrileño Claudio Fernández está viviendo una auténtica aventura de aprendizaje y turismo en la capital de Qatar, en la que vive actualmente. Resulta muy interesante descubrir cómo es la vida para un gay occidental en una ciudad como esta, que vive a caballo entre el futuro y el pasado.

POR: Agustín Gómez Cascales

Lo primero que afirma Claudio Fernández resulta básico para situarle en el mapa. “Mucha gente confunde Doha con Dubái; reconozco que yo antes tampoco sabía situar Qatar en el mapa. Creo que una buena definición sería decir que Doha es a Dubái lo que Valencia a Madrid”. Un cúmulo de casualidades propiciaron que este arquitecto madrileño, de 44 años, terminase yéndose a trabajar a la capital de Qatar.

A nivel profesional se está encontrando con retos muy interesantes, dado que Doha se está construyendo prácticamente desde cero. “Como los de allí no tienen la formación necesaria, hace falta importar técnicos cualificados en arquitectura, ingeniería y gestión”. Doha, que era un desierto apenas hace treinta años, será una de las sedes del Mundial de fútbol en 2022. “La ciudad necesita no solo nuevos estadios para albergar los partidos, también hoteles, viviendas, edificios de oficinas... El Mundial ha servido de incentivo para construir toda la red de infraestructuras y, en definitiva, aprovechar para crear una ciudad que hace tres décadas ni existía”.

Nada más instalarse, le llamó la atención que Doha es una ciudad de grandes contrastes. “Por un lado, por su apariencia es una ciudad del futuro, llena de edificios de arquitectura puntera y coches de lujo; por otro, es una capital de tradiciones prácticamente medievales”. Las diferencias entre hombres y mujeres fueron lo que más le chocó. “Para nosotros, que hemos crecido en una sociedad en la que se ha avanzado tanto en el tema de la igualdad de sexos, es muy llamativa la diferenciación tan estricta que existe allí. Los hombres se relacionan casi exclusivamente entre ellos hasta el momento del matrimonio, incluso las bodas se celebran separadas por sexos”. En un primer momento, le sorprendió ver lo normalizado que está que los hombres se den muestras de cariño físico entre ellos. “No es raro ver parejas de hombres cogidos de la mano, simplemente por amistad. En España ese tipo de contacto pondría en tela de juicio su masculinidad. Allí no es un problema”.

Lógicamente, siendo gay, sabía que se enfrentaba a vivir en un país en donde la homosexualidad está penada por ley. Algo que de primeras no suena muy apetecible, aunque Claudio asegura que no es tan problemático como nos pueda parecer, al menos para un occidental que resida allí. “Ser gay no está perseguido como puede estar en otros países, por lo que, guardando una cierta discreción, se puede llevar una vida bastante normal si eres extranjero. Porque los locales todos pertenecen a familias que se conocen y han recibido una educación muy estricta en ese sentido”. ¿A qué se refiere al hablar de esa ‘discreción’? “Que muestres respeto por la cultura del país; es decir, no hagas muestras efusivas de cariño en público, ni apología de la homosexualidad, ni te vistas de forma inadecuada”.

Claudio ya conocía a algún gay que vivía en la ciudad, así que llegó teniendo una idea preconcebida de lo que se iba a encontrar y la libertad con que podría vivir. “Tuve la suerte de conocer un pequeño grupo de expatriados de varias nacionalidades, incluido algún local, con los que organizábamos cenas y fiestas y salíamos por ahí. Y gracias a las aplicaciones de contactos, el grupo era bastante dinámico e iba incorporando nuevos miembros, con lo que en el ámbito privado la vida que llevaba allí era muy similar a la que puedes llevar en España”. De modo que, gracias a aplicaciones como Grindr, la mayoría de los gays que viven en Doha terminan por conocerse. “En fiestas que se hacen en casas terminas encontrándote con casi todo el mundo, incluso conociendo gente nueva que está de visita o recién llegada”, cuenta. “Y cuando algún hotel hace un evento donde vienen DJs conocidos, es fácil encontrarte con público gay, aunque siempre mezclados con gente de todo tipo, lo que bajo mi punto de vista es bastante enriquecedor”

La vida social de Claudio en Doha es, lógicamente, muy distinta a la que llevaba cuando vivía en Madrid. “Una de las pegas que tiene es que la oferta cultural es bastante limitada; alguna obra de teatro apetecible, o algún grupo de música famoso, pero no es lo habitual”. De manera que se impone la necesidad de viajar y hacer turismo. “De vez en cuando hacemos escapadas al desierto a recorrer las dunas con un todoterreno, o a las playas del país, porque algunas son increíbles”.

Para descubrir los imprescindibles de Doha según Claudio, continúa leyendo

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