Nacho Guerreros: “Tenemos que ser felices con nosotros mismos sin meternos con nadie”

Interpretar a Coque en la exitosa ‘La que se avecina’ hace que Nacho Guerreros no necesite presentación alguna. Ahora aterriza en el Teatro Español para protagonizar ‘Juguetes rotos’, una reflexión sobre la identidad de género donde da vida a una mujer transexual, todo un reto.

En la década de los 60 y 70, enfrentarse al muro de la identidad sexual con el anhelo de sentirse mujer era difícil de asumir. El entramado social, con un sistema de valores arcaico, reservaba para las personas transexuales una gran dosis de abandono y discriminación. Juguetes rotos, escrita y dirigida por Carolina Román, es una mirada retrospectiva centrada en aquellos que hace más de medio siglo nacieron con un cuerpo que no se correspondía con su verdadero yo y fueron señalados, como contrapunto a un presente más esperanzador, aunque con matices. “Queda mucho por hacer, y eso que cada vez hay más visibilidad. En este país, todo lo que destaca y se sale de la norma, no nos vale. En esta sociedad lo ‘normal’ quizá es lo mediocre, y hay que salirse de ahí, aspirar a más y ser felices con nosotros mismos sin meternos con nadie”, explica Nacho Guerreros, protagonista absoluto de la obra junto a Kike Guaza, de cuyo rostro se desprende la ilusionante sensación de haber encontrado la horma de su zapato en este proyecto.

El riojano, que no necesita mucha presentación teniendo en cuenta el éxito de su papel en La que se avecina, da vida a la transformación de Mario, “un señor que simplemente quiere ser una señora. Recibe una llamada, y a partir de ahí viaja por toda su vida... Comienza por cómo se sentía en su infancia solo y marginado por ser diferente, y sigue con la represión que sufre y que le impide desarrollarse, mientras busca su verdadera identidad”. Y en un contexto histórico donde casi la única salida era marcharse a Barcelona y buscar refugio mundo del espectáculo, tal y como hace su personaje: “Era eso o la prostitución. Muy pocas podían conseguir un buen trabajo, cuando hemos hablado con alguna asociación sobre ello –Daniela y Chrysallis participaron para documentar este viaje en el tiempo–, destacaban que no había transexuales de tercera edad porque morían jóvenes, entregadas a la bebida...”.

Tiene Nacho dos grandes objetivos cada vez que sale, desde el 1 de febrero, al escenario de la sala Margarita Xirgu en el Teatro Español, y ambos están relacionados con aportar visibilidad a las personas transexuales. “Sí. Son las que más desprotección tienen, por esa forma que tenemos los demás de no querer entender. Y es una verdadera pena, porque se les pisa con una sensación de superioridad que no es real”, comenta el actor con contundencia. Además, apela a la sensibilidad concienciadora para que el espectador pueda enterrar algún que otro prejuicio durante la función: “Más bien, empatizar. A pesar de todo, todavía creo en el ser humano. Nos debemos de poner en la piel del otro, y esa es la esencia de la obra: dos personas aisladas que confían la una en la otra y, sin aleccionar, sí espero que al público le llegue el mensaje que queremos transmitir... Y que se conmueva”.

Su discurso se potencia al vigilar, desde hace once años, la excéntrica finca de Mirador de Montepinar. El idilio con Coque, su personaje en La que se avecina, tal vez la serie más transgresora a la hora de apostar por las tramas gays en sus capítulos, es un fenómeno que no encuentra parangón en la televisión patria –“solo siento orgullo de participar en la serie más vista y repuesta de la televisión”–. Incluso, desde hace unas temporadas, incorpora a Alba Recio, una mujer transexual que sufre la discriminación de su padre, Antonio: “Como comedia, refleja de forma caricaturizada la sociedad en la que vivimos, rara, individualista y con tendencia a la involución... Cómo no mencionar el personaje de Víctor en cuanto a visibilidad, le ha dado una realidad insuperable y está magnífico”. Precisamente, Víctor Palmero, que interpreta de forma impecable a la mencionada Alba, sufría hace unos días insultos homófobos a través de las redes sociales, un hecho que cambia el semblante de su compañero. “Tontos hay en todos los lados. Antes se decía eso de que qué suerte que solo hay un tonto por pueblo..., ahora parece que hay más. Lo que no puede ser es que te metas en una red social a insultar, yo tuve varios problemas con un tío al que denuncié simplemente porque quería verle la cara. Esta gente es muy peligrosa”, confiesa.

Ha quedado claro que hay vida más allá de la ficción de Telecinco, aunque resulte inevitable el baño de masas cada vez que sale a la calle. “No tengo ningún problema, cuando empecé en teatro hace 25 años lo que quería era que la gente me conociera. Pero he sobrepasado los límites de aquel sueño [risas], asegura. “Lo que tengo es miedo a que no me llamen para trabajar. El encasillamiento es cómodo si te da de comer, y me encanta”. Ahora bien, también es evidente que con este cambio de registro no rehúye abandonar la zona de confort para sentirse pleno como profesional. “Me apetecía contar otra historia con otro personaje distinto y salir de la comedia. También hay que ponerse a prueba, ver si era capaz de salir de la comodidad que a mí me ha dado una serie de éxito y enfrentarme a lo nuevo... Eso es lo que me motiva dentro de la profesión, y espero haberlo conseguido”. Todo un reto. 


FOTOS miguelangelfernandezphoto.com

LA OBRA JUGUETES ROTOS SE REPRESENTA HASTA EL 4 DE MARZO EN EL TEATRO ESPAÑOL DE MADRID.


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