Nacho Vidal: “Los niños transexuales no están enfermos”

Con un discurso coherente y vehemente, Nacho Vidal vuelve a mostrarse orgulloso de Violeta, su hija transexual, que provocó que se metiese de lleno en la lucha contra la transfobia.

POR: Joaquín Gasca

SHANGAY ⇒ Todas estas situaciones, también la de Violeta, hablan de una madurez que por momentos parece mayor que la de los adultos...

NACHO VIDAL ⇒ Es increíble, no sé si los niños deberían madurar tan pronto y lidiar desde tan pequeños con estas cosas… Dejemos que sean niños, no les robemos la juventud ni les obliguemos a decidir lo que son. No hace falta, simplemente dejarles que sean lo que quieran ser y ya está.

SHANGAY ⇒ ¿Cuál es exactamente tu función en Chrysallis y qué se pretende con campañas como la de “las niñas tienen pene y los niños tienen vulva”?

NACHO VIDAL ⇒ Lo que intentamos con esto es que los niños y las niñas transexuales se sientan cómodos con su cuerpo, y que ni siquiera tengan que hacerse operaciones como una vaginoplastia, que muchas veces son para gustar a los demás, de cara a la sociedad para ser aceptados. Pero ellos en ningún momento se sienten que han nacido en un cuerpo equivocado, dicen que son niños con pene o niños con vulva. Y de ahí nuestra campaña, el pene y la vulva no te definen como ser humano. Queremos que se sientan orgullosos de lo que son, que no escondan su identidad y normalizar.

SHANGAY ⇒ Esta última palabra parece un poco la clave…

NACHO VIDAL ⇒ Exactamente, como pasa con los homosexuales, que hace 50 años les fusilaban y ahora dominan el mundo y están en todos lados [risas]. Antes estaban en el armario y ahora están en Telecinco... Esto tiene que ser así, y de esa manera evitamos mandar a nuestros hijos hacia lugares como la prostitución, un lugar donde históricamente se ha refugiado el colectivo transexual y no por decisión propia. Desde la ayuda y la educación también evitaremos esta consecuencia.


 “No cambio a mi hija por nada, me la quedo como está, perfecta como es”


SHANGAY ⇒ Uno de los grandes obstáculos que te estás encontrado es la tramitación oficial del cambio de nombre. ¿Cómo marcha ese tema?

NACHO VIDAL ⇒ Estamos en la lucha, ya es la segunda vez que lo pedimos y creo que lo vamos a sacar. Es muy triste que la mitad de transexuales en España se tenga que llamar Alex o Cris, porque son los nombres ambiguos que les dan. Y si no te pones algo así, no te lo cambian… ¿Y por qué? Mi hija se llama Violeta y punto. No creo que sea esta la lucha, se debe poner el nombre que la niña quiere, es suyo y lo va a llevar ella. No entiendo que en esto haya que pedir permiso, se escapa a mi entendimiento. Que una fiscal tenga tanto poder para decidir el nombre que le puedes poner a tu hijo. No le veo ninguna malicia al hecho de llamarte como tú quieres, simplemente vas a hacer feliz a un niño. Ahí vamos, creo que esta vez va a ir bien y se va a arreglar. También estamos haciendo mucho ruido para ello, y creo que tampoco estamos pidiendo nada del otro mundo.

SHANGAY ⇒ ¿Qué feedback estás recibiendo? ¿Te tocan mucho las narices los ultracatólicos?

NACHO VIDAL ⇒ He recibido de todo, sobre todo críticas de los que se hacen llamar cristianos. Muy fuerte, pidiendo que me quiten la custodia, me comparaban con los padres de Nadia (una niña de 11 años afectada por una enfermedad que recaudó mucho dinero gracias al apoyo mediático y que acabó en escándalo sexual de los padres con ella presente). Muy triste, el mundo está muy podrido y siempre digo que odio a los humanos pero amo a las personas, y de estas hay muy pocas. No hay que dar bola a los desequilibrios. Cuando me dicen qué putada que te haya salido una niña transexual, digo “qué putada tus padres que les ha salido un imbécil como tú”. No cambio a mi hija por nada, y me la quedo como está, perfecta como es.

SHANGAY ⇒ ¿Te da pena ese sector de la sociedad que jamás entenderá este proceso?

NACHO VIDAL ⇒ No pasa nada, todos fuimos ignorantes en algún momento, yo también. Cuando empecé con 20 años en la Sala Bagdad, acababa de llegar de la Legión y era un súper hetero [risas]. Ahí empecé a trabajar con Daisy, una transexual operada que me quería follar todo el tiempo, y para mí seguía siendo un hombre. Así que puedo llegar a entender perfectamente a la gente que piensa de forma contraria, porque yo en un momento de mi vida era inconsciente y también pensaba así. Hay que ponerse en el lugar del otro, y sobre todo pensar: si esto ocurriese en tu familia, ¿qué harías? Pues te toca cambiar, o le amargarás la vida por siempre a tu hija o hijo.

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