Orgullo porque sí

¿Por qué no puede dejar de celebrarse nunca el Orgullo? Nuestra colaboradora Valeria Vegas lo tiene claro, y lo razona de maravilla.

Un año más habrá quien cuestione la existencia del Día del Orgullo, argumentando que ya hay una paridad en cuanto a derechos se refiere, por lo que no ven necesario ningún modo de manifestación. Son los mismos que muy pronto se han olvidado de que hace tan solo unos meses había un autobús paseándose por las calles con la única intención de levantar el odio y polemizar sobre una cuestión que no les pertenece. Aunque ya sabemos que eso da igual; a veces, cuanto más ajeno es el problema, más tienden a dar su inquisitiva opinión. Aquel autobús circulaba dispuesto a destrozar todo el camino por el que anteriormente habían luchado multitud de activistas.

El Orgullo es algo que jamás debería dejar de celebrarse, por más que pasen los siglos. Y eso que la que aquí escribe es poco de tumultos, pero siempre es de agradecer que se siga haciendo ruido. Porque aun cuando se haya alcanzado una plenitud de derechos, no estará de más recordar que hubo un tiempo en que no fue así, y salir a las calles será un motivo de celebración de todos esos logros que años atrás resultaban impensables. Será una forma de recordar a todas aquellas personas que se manifestaron en tiempos en que la palabra ‘minoría’ era la pura realidad, y sus anhelos se encontraban a años luz. Los Orgullos futuros serán la mejor forma de hacerles justicia. Y a día de hoy su matiz festivo cobra más sentido que nunca.

Hay que celebrar los pasos obtenidos. Porque hubo un momento en el que existió una injusta Ley de Vagos y Maleantes; la operación de reasignación sexual estaba penalizada (incluso en plena democracia); el matrimonio igualitario era cuestión de ciencia ficción; cambiar el DNI se podía catalogar de misión imposible y cualquier insulto o abuso había que tomarlo con resignación, ya que era impensable que pudiese catalogarse como delito de odio. Mismos deberes pero pocos derechos. Y después de todos esos logros, que son fruto de numerosos debates, encuentros, manifestaciones e incluso alguna huelga de hambre, nos seguimos encontrando con quien considera que ha de imponer su opinión por el simple hecho de creerse superior, o lo que es peor, por hacer daño.


“En este país como en tantos otros, lo que no se ve, no existe, y esa es la única arma que les queda a todos aquellos que juegan en contra. Combatamos su silencio con Orgullo”


La LGTBfobia no va a dejar de existir, partamos de esa base, ya que en ocasiones es el cúmulo de la incultura, la intolerancia y esa maldad intrínseca que porta el ser humano. Pero no por ello se va a dejar de denunciar y educar a una sociedad que ha demostrado que sabe caminar. Y ese largo trayecto no ha sido tan solo una cuestión de colectivos. Paulatinamente se han ido sumando amigos, familiares y buena parte de la sociedad que también consideraban que debían unirse a una lucha justa de ideas afines, frente al error de tantos partidos políticos que creían que todo era cuestión de minorías, y permitirse el lujo de mirar hacia otro lado. Ya no. Las personas miramos por las personas. No necesito ser una mujer maltratada para manifestarme exigiendo un endurecimiento de las leyes, del mismo modo que no he de nacer perro para batallar contra el maltrato animal.

Llegados hasta aquí, es el momento de abogar por la pluralidad LGTBI. No hay nada tan verídico como que la unión hace la fuerza. Venzamos a la ignorancia, ya que en contra de lo que algunos creen, no hay un único arquetipo de mujer transexual, ni el homosexual que ha retratado tantas veces el cine es el modelo imperante. Son estereotipos reales, a los que también debemos cuidar desde dentro, ya que en ocasiones son el blanco fácil de un sistema con claras pretensiones de adoctrinamiento. Aceptemos la etiqueta, pero añadamos muchas más.

El Orgullo debe continuar por una cuestión de evidente visibilidad. Porque al final, en este país como en tantos otros, lo que no se ve, no existe, y esa es la única arma que les queda a todos aquellos que juegan en contra. Combatamos su silencio con Orgullo.


VALERIA VEGAS ES ESCRITORA Y ARTICULISTA. SU ÚLTIMO LIBRO PUBLICADO ES ¡DIGO! NI PUTA NI SANTA