¿Por qué nos enamora ‘La batalla de los sexos’?

Al margen de la preciosa historia de amor que supuso un punto de inflexión en la homofobia en el mundo del deporte, 'La batalla de los sexos' nos enamora por una Emma Stone en estado de gracia.

La batalla de los sexos es una historia de amor, pero también de lucha por los derechos LGTB y por acabar con la homofobia en el mundo deporte. Nos remontamos al año 1973, cuando la tenista Billie Jean King se rebeló contra la Federación de Tenis estadounidense porque las mujeres cobraban mucho menos que los hombres en los torneos. La eterna brecha salarial, que aún sigue sin resolverse en muchos sectores, no solo el deportivo. Ahí arranca todo, es el punto de partida. Pero, además, Billie Jean, una mujer casada, también luchó por que el amor que comenzó a sentir por Marilyn –sí, una mujer– no fuera un impedimento para que su carrera siguiera adelante. La vida de una activista LGTB, de una luchadora a la que nada, ni nadie, se le puso por delante para conseguir sus objetivos, para llevar su lucha a buen puerto.

Casi cuatrocientos lectores y amigos de Shangay pudieron disfrutar en primicia de esta película, pues nuestra revista organizó un preestreno el pasado 26 de octubre. Todos ellos se emocionaron, aplaudieron (y lloraron) con la vida de esta mujer que consiguió que nuestro colectivo diera un gran paso en cuanto a derechos y libertades.

Los creadores de Pequeña Miss Sunshine, los directores Valerie Faris y Jonathan Dayton, llevan en esta ocasión a la gran pantalla la adaptación del libro del mismo título que escribió la propia Billie Jean King. Es una película en donde la reivindicación feminista comparte protagonismo con la de los derechos LGTBI, en una época tan crucial como fueron los años setenta. Está rodada en Cinemascope y con una estética que refleja perfectamente esos años, no solo en lo que la ambientación se refiere sino incluso en la manera de rodar, con ese technicolor y difuminados en la fotografía tan típicos del cine de los seventies, muy en la línea de Ricas y famosas, por poner un ejemplo. El clímax de la cinta llega con el mítico partido contra Bobby Riggs, otra leyenda del tenis, pero un impresentable machista que quiere mandar a las mujeres a la cocina y a la cama.

Un impecable reparto encabezado por una soberbia Emma Stone, secundada por Steve Carell, Andrea Riseboroug, Bill Pullman y Alan Cumming da vida a una serie de personajes que, lejos de caer en el maniqueísmo pese a ser cada uno de ellos representativos de una personalidad muy marcada, resultan creíbles fotograma a fotograma. La historia de amor entre Billie Jean (Stone) y Marilyn (Risebourg) emociona desde el minuto cero hasta el final. Este romance de dos mujeres en unos años tan cruciales para nuestros derechos no deja a nadie indiferente. Y sobre todo, le rompe el saque para siempre a personajes como Bobby Riggs (Carell) que, desgraciadamente, nos siguen intentando fastidiar la vida. Pero si algo nos enamora de verdad de esta cinta es ver a una Emma Stone en estado de gracia, luchando por el amor que siente por otra mujer, en un papel por el que, esperemos, podría estar nominada al Oscar.

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