Todo sobre ‘Moonlight’, la gran película LGTB del año

Ganó el Globo de Oro a la mejor película dramática y es una de las grandes favoritas a los Oscars, con 8 nominaciones. Merecidos reconocimientos para el film LGTB más emocionante que hemos visto en mucho tiempo.

 

POR: Agustín Gómez Cascales

A la luz de la luna, los chicos negros parecen azules. Ese es el título original del guion que el autor gay Tarell McCraney escribió hace 14 años, en donde volcó la difícil relación con su madre, una adicta al crack que terminó muriendo de complicaciones relacionadas con el VIH, y los problemas en su entorno mientras intentaba autoaceptarse como gay.

Por avatares del destino, dicha obra llegó a manos del director Barry Jenkins –heterosexual–, a través de un amigo común a ambos, que vio muchos paralelismos entre las experiencias que McCraney contaba y las de Jenkins. Ambos crecieron en Miami, y también Jenkins se tuvo que enfrentar en su adolescencia a los problemas de su madre con el crack. Cuando lo leyó, tuvo claro que había una película que contar, y se puso a trabajar en el guion, respetando su base pero añadiendo elementos de su cosecha. Ocho años le costó a Barry Jenkins rodar su segunda película, a pesar de que su debut Medicine for Melancholy cosechó muy buenas críticas en 2008. La irrupción de Brad Pitt y su compañía Plan B fue clave para que finalmente pudiera rodar este film, convertido en uno de los grandes fenómenos del año. 

Sin duda, su impacto tiene que ver con un timing perfecto, no solo con su incuestionable calidad. Moonlight ha llegado en el momento adecuado para ser reconocida mucho más allá de un circuito arty limitado. Diez años después de Brokeback Mountain, y uno después del escándalo #OscarsSoWhite que oscureció la ceremonia de 2015, ante la falta de diversidad racial de sus candidatos, Moonlight llega rotunda y emotiva.


“SU MENSAJE EN FAVOR DEL RESPETO POR LA DIVERSIDAD NO PUEDE SER MÁS ALTO Y CLARO”


Rodada con una sensibilidad que no sabe de discriminación racial o sexual, cuenta la historia de Chiron, negro y homosexual, víctima del maltrato emocional de su madre, incapaz de ver más allá de su enganche a las drogas, y de sus compañeros de colegio, que al verle distinto no dudan en convertirle en diana de sus burlas. Retraído y sensible, conocemos a Chiron siendo un niño, y la película, dividida en tres episodios, nos lo muestra también adolescente y adulto.

Dos de las grandes bazas de Moonlight son su sutilidad y su gran fuerza visual. El director Barry Jenkins no carga las tintas melodramáticas ni se vale de clichés manidos en busca de una identificación inmediata del espectador con el protagonista. Opta por ir desarrollando los personajes a partir de pequeños matices absolutamente reveladores.

Los volúmenes de la expresiva y contrastada fotografía de James Laxton contribuyen a que muchos primeros planos de miradas sean más reveladores que cualquier línea de diálogo. Y Jenkins se vale de un sentido estético de peculiar belleza, que contrasta con la sordidez y la desolación, social y emocional, que envuelven al torturado protagonista. Crecer siendo negro y gay en un suburbio de Miami se convierte en un infierno para él, incapaz de autoaceptarse, el primer gran paso en busca de la felicidad.

A más de uno le llamarán la atención detalles que podríamos reconocer como almodovarianos, véase el uso dramático de Cucurrucucú Paloma de Caetano Veloso –aunque el director asegura que pretendía hacer un homenaje a Happy Together de Wong Kar-wai, en la que también suena–. Y es que en su rica banda sonora conviven composiciones originales de Nicholas Britell con cortes pop como Classic Man de Jidenna o clásicos como Every Nigga Is a Star de Boris Gardiner –rescatada recientemente por el gran gurú del hip-hop actual que es Kendrick Lamar en su álbum To Pimp a Buterfly–.


MOONLIGHT ESTÁ RODADA CON UNA SENSIBILIDAD QUE NO SABE DE DISCRIMINACIÓN RACIAL O SEXUAL”


La otra gran baza de Moonlight es su reparto. Junto a los tres actores que dan vida al protagonista en sus distintas edades, destacan Mahershala Ali, que interpreta a un camello –nada prototípico– que acoge en su seño al pequeño Chiron y le hace ver que tiene que comenzar a aceptarse y respetarse como es; Naomie Harris, como la madre de Chiron –ambos, candidatos a los Oscars de actores de reparto–; y Janelle Monáe, la polifacética artista que ahora mismo tiene también en cines Figuras ocultas. La cantante y actriz ha repetido hasta la extenuación en la promoción internacional de Moonlight que lloró cuando leyó el guion porque ha conocido a muchos jóvenes como Chiron, discriminados por ser negros y homosexuales.

Tras un año aciago, en el que jóvenes de color y gays han sido repetidamente torturados y asesinados en Estados Unidos, y ante la perspectiva de un presente no muy halagüeño para las minorías, visto el nuevo presidente de los Estados Unidos, Moonlight supone un rayo de luz –de luna–. Y su mensaje en favor del respeto por la diversidad no puede ser más alto y claro.
    


LA PELÍCULA MOONLIGHT SE ESTRENA EL 10 DE FEBRERO EN CINES.