Una joven transexual es agredida en una discoteca en Madrid

Victoria Gómez Cruz, una hondureña transexual y activista LGTB afincada en Madrid, sufrió el pasado enero una paliza por su condición sexual. Ahora, la joven de 34 años está escribiendo un libro sobre su experiencia en España como transexual.

Las agresiones a la comunidad LGTB siguen subiendo levemente cada año en España. Victoria Gómez Cruz es una hondureña transexual y activista LGTB, reside en España desde hace un año como asilada internacional, ya que en su país sufría un gran acoso. Pero en enero fue agredida en una discoteca en Puente de Vallecas (Madrid).

Gómez solía ir todos los fines de semana a Melao, un club latino en este distrito madrileño. “Me gustaba ir allí porque me sentía más cerca de mi cultura. Van muchos hondureños y dominicanos”. Según asegura a Alba Moraleda del periódico El País, el agresor se le acercó mientras bailaba con sus amigas y le dijo que se fuera del local, “que no quería ver maricones allí”. “Cuando salí a fumar me dio un golpe y perdí el conocimiento. Después me pateó y finalmente me pisó la cara contra el suelo”. El personal del local no ha querido hacer comentarios sobre la agresión, aunque señalan que “fue algo que sucedió en la calle y no en la discoteca”.

Tras estar unas horas ingresada en el hospital, la asociación LGTB de la Comunidad de Madrid Arcópoli le dio asistencia jurídica y efectuó la denuncia tres días después de la agresión.

Ahora, esta hondureña de 34 años va escribir un libro sobre la poca aceptación de los transexuales en España. En el libro contará esta terrible experiencia, junto con la dificultad en su búsqueda de empleo, piso, etc. “He enviado mi currículum para trabajar como camarera y en call centers, pero cuando me llaman para una entrevista y escuchan mi voz dicen que el puesto ya ha sido ocupado”. En la búsqueda de piso le ha pasado lo mismo. “Imagino que piensan que soy trabajadora sexual y que el piso se va a convertir en un prostíbulo. No me lo han dicho, pero lo noto. Muchas transexuales se prostituyen para sobrevivir, pero yo no pienso llegar a eso aunque es a lo que te empuja la sociedad”. Ante todo, Gómez ironiza: “Lo positivo, de momento, es que aquí considero que nadie va a asesinarme”.