Ute Lemper: la ‘reina’ se ‘corona’ en el Real

La cantante dio un recital ­–‘Último tango en Berlín’, centrado en el paso del tiempo– en el que revisó su cancionero. Una vez más, Ute cautivó en Madrid, donde se siente como en casa, y donde su entregado público gay la recibe siempre como merece.

Ute Lemper es la reina, y ella lo sabe. Por eso se puede permitir salir con un modelazo negro, ceñido, marcando cintura, con taconazo, sobre un escenario del mismo color. Y lejos de quedar anulada por el fondo oscuro, brillar como nadie. Bueno, como solo ella puede hacer. Con Último tango en Berlín la cantante hizo un recorrido por su cancionero, tocando las tres patas sobre las que sostiene su carrera: el repertorio alemán, el francés y algún guiño al musical norteamericano, que ella domina como pocas. El paso del tiempo fue el hilo argumental de este concierto con el que volvió al Real, ahora para coronarse como reina absoluta.

Y esta ‘coronación’ la consagra como ‘reina’ de todas las disciplinas que debe tener una grande del escenario: gran y preciosa voz, que exhibe como nadie, como se comprobó con esos ‘solos de trompeta y saxo’ que salían de su garganta como si estos metales estuvieran en la recámara, tocando escondidos; dominio de los códigos del espectáculo para ser versátil en todas las disciplinas; cercanía con su público, que paga por verla, y ella es consciente y lo da todo, conectando con el auditorio desde que pisa la escena hasta que la abandona; glamour a raudales, que derrocha con la sensualidad propia de una diva del cine años treinta, una vamp que sabe qué tecla debe tocar, y cómo. Todo ello la convierte en una gran cantante que es también una gran actriz. Así, Ute vuelve a demostrar que es una de las pocas artistas que pueden presumir de ser completas en todas las disciplinas. Desde el cabaret alemán que tanto juego le da hasta el comentado género musical al que debería regresar ya, pues lleva demasiado tiempo sin pisar un escenario del West End o de Broadway, pasando por la ópera, a través de su adorado Kurt Weill.

En el Teatro Real de Madrid, el tiempo –que, como hemos dicho, era el tema que dominó la elección del programa­– se detuvo. Durante casi dos horas (sin descanso y sin salir ni un solo segundo del escenario), música y palabras de nombres como Frederick Hollaender, Georges Moustaki, Kurt Weill, Astor Piazzolla, Jacques Brel, Pablo Neruda o Serge Gainsbourg sonaron a Ute Lemper, pues si de algo puede presumir esta cantante es de hacer suyo todo lo que pasa por su garganta. Especialmente emocionante fue la canción de Philp Glass que narraba la historia tremenda de una travesti en el Berlín de los años 20 simplemente porque “quería ser ella misma”.

Terminado el concierto, la propia Ute nos comentaba, ya en camerinos: “Para mí también ha sido una noche especial. De esas que merecen la pena. Hoy ha sido uno de esos días en los que de verdad estoy feliz...”. Esa comunión entre escena y patio de butacas no siempre ocurre. En el Real, ayer domingo 29 de octubre, su habitual ‘parroquia gay’ no le falló. Desde arriba, ella cantó su versión (y visión particular) de Ne me quitte pas. Desde abajo, nosotros le pedimos: Ute, ne nous quitte pas.

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