Un viaje por el Tokio más gay

Este fotógrafo madrileño, gran viajero, es un enamorado de Japón, y todos los años pasa un tiempo en Tokio. Sobre sus experiencias gays en la mayor urbe japonesa y los porqués de su fascinación con el país nos habla en este reportaje.

POR: Agustín Gómez Cascales

Cuenta Eduardo que, si bien la homosexualidad está aceptada, no resulta especialmente visible en el día a día. “Solo en las manifestaciones del Orgullo. Entonces es el momento, es la situación y el lugar, eso es muy japonés”. Lógicamente, las excepciones son las zonas gays, y hay dos principales, Shinjuku y Ueno. “En Shinjuku Ni-Chome los bares gays son muy pequeñitos, casi tipo tasca, y una vez al mes abren las discotecas, que tampoco son muy grandes. Esta zona es como más de jovencitos, y Ueno es más para hombres maduros, que buscan emborracharse, que les traten bien y poner sus canciones en el karaoke. En esos locales es donde más directos son para ligar..., hasta el punto de llegar a ser pegajosos”.

Cuenta que no es habitual ver a parejas gays de manera habitual en las calles de Tokio, y menos entre semana, durante los días laborales todo el mundo se relaciona principalmente con sus compañeros de trabajo. “Cuando salen de currar toman algo en grupo, en plan tranquilo”. No se lleva el desmelene entre semana, por lo que ha vivido. “Existe la juerga, al nivel que tú quieras, siempre que tú quieras, pero no es lo que se busca allí habitualmente, ni te lo pide el cuerpo. Te acostumbras al tipo de vida de hormiguita que llevan ellos”.

Otro de los grandes atractivos de Tokio es su oferta gastronómica, que en absoluto se limita a la idea que tenemos aquí de la cocina japonesa. “A mí no me gusta el sushi, pero eso no me supone ningún problema, por mucho que me pierda los cientos de tipos que puedes encontrar. Porque hay muchísimo donde elegir, y en general la comida es fresquísima y muy rica. La variedad es inmensa, tanto en restaurantes como en supermercados”. Lo sorprendente es que, en muchas ocasiones, en estos últimos ni siquiera haya dependientes. “En los puestos donde suelo comprar la fruta, llegas, la coges y dejas el dinero, y solo al final del día aparece alguien a hacer caja. Algo impensable en España”. Esa confianza que se respira también ha atrapado a Eduardo. “No eres consciente de actitudes violentas, ni de robos; si te olvidas algo en un sitio sabes que lo vas a recuperar. La de veces que me he olvidado el iPhone, y siempre me lo han devuelto... Esa tranquilidad, nada habitual en otros países, se agradece, porque te hace la vida fácil”.

¿Cuáles son los planes que más recomienda para sacarle todo el partido a Tokio? Pasa página

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