26/05/2018

Miquel Iceta: “Desde que hice público que era gay solo he tenido motivos de satisfacción”

29 enero, 2018
39
Léetelo en 6 minutos

Corría el 12 de octubre de 1999, y por aquel entonces Miquel Iceta, número 12 de la lista del PSC a las elecciones del Parlament no “salía del armario, bajaba de la vitrina para apoyar y liderar el movimiento gay”, tal y como expresó, micrófono en mano, en un acto de la Juventut Socialista desde un bar del Gaixample barcelonés. Junto a él estaba el incombustible activista Jordi Petit, que moderó el acto y le animó a ser el primer político parlamentario abiertamente gay del país y de toda Latinoamérica. Y allá que fue: “Lo consulté con mi pareja de entonces y decidí hacerlo. Tuvo más impacto del que pensaba, pero sin duda ha sido de las decisiones más acertadas de mi vida”. Casi dos décadas después, Miquel Iceta Llorens (Barcelona, 1960) se ha tomado al pie de la letra ese Don’t stop me now que ya baila casi por obligación en los mítines, señal de que el ‘qué dirán’ hace tiempo que dejó de formar parte de sus preocupaciones profesionales y personales.

Tampoco cabe en su vocabulario el arrepentimiento, “porque desde que hice público que era gay solo he tenido motivos de satisfacción, reconocimiento y una buena dosis de contribución a mi felicidad personal, que no es poco…”. No dio opción a que un consejo conservador le cortase las alas –“como no lo consulté… [risas], me tiré a la piscina y nadie nunca me lo reprochó, porque además el impacto fue muy positivo”– y solo mira hacia atrás con la amargura de no haber tenido los arrestos suficientes para mantener una conversación padre-hijo sobre su sexualidad. “Murió muy joven, yo tenía 24 años y no se lo dije. Son de esas cosas que uno a veces piensa… Cómo se lo hubiera tomado, cómo hubiera reaccionado, y la verdad es que no lo sé”, recuerda con nostalgia. Nacido en el seno de una familia poco numerosa y de convicción católica, ya reconoció tener que desmarcarse de la religión para no acaparar el confesionario y solo pasó un pequeño y delicado apuro cuando pronunció ese “mamá, soy gay”. “Supuso un shock, pero una vez superado, ha ido todo muy bien. Al principio hubo mitad sorpresa mitad asimilación, no fue tan automático y sencillo”.

Aquella época, en la que salir del armario era un acto de valentía altruista, coincidió con la solitaria lucha de Pedro Zerolo, fallecido en 2015, y al que Miquel recuerda como una persona “entrañable, cariñoso y comprometido. Un aviso diario de la necesidad de luchar por nuestros derechos, siempre con una sonrisa. De las personas más tiernas –y firmes a la vez– que he conocido”. También uno de los grandes artificies de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, día por el que siempre “recordaré a Zapatero, al acabar el debate, tomar la palabra de forma imprevista. Aquel día lo estaba viendo por televisión y lloré”.

Tiene el actual primer secretario del PSC la habilidad para resultar poco ortodoxo en un mundo cada vez más convencional y monótono, sin preocuparse de que puedan llegar a tachar algunos de sus actos como ridículos. No es el más protocolario, y por momentos ser abiertamente gay ha sido una excusa para que la homofobia asomase contra él. Sin ir más lejos, hace unas semanas un profesor de la Universidad de Barcelona le dedicaba un “tiene los esfínteres dilatados” para luego criticar que “baila al son de PP y Ciudadanos”. ¿Cómo se forja un impermeable capaz de hacer resbalar estos insultos? “En lo que a mí se refiere lo perdono, pero en la medida que ofende a otras personas como yo se me hace más difícil. Me preocupa que haya gente que se sienta insultada cuando me lo hacen a mí, y piensen que si se atreven conmigo que soy conocido cómo no lo van a hacer con él… Tiendo a aceptar las disculpas, pero recordando que el problema no soy yo. Perdono, pero a medias”, responde con contundencia.

Ahí nace una de las grandes preocupaciones de Miquel, cómo combatir la impunidad de una homofobia aún latente, y esa sensación de poder enmascararse bajo un perfil digital para sembrar el odio. “Tengo sensaciones enfrentadas, de haber conseguido un avance magnífico en el terreno de las libertades y de la igualdad legal, pero también la concepción de que falta muchísimo en el terreno de la cultura cívica y los comportamientos”. Y de paso, alejar ese “maricón” de lo peyorativo y reivindicar que es un adjetivo lleno de cariño arcoíris: “En realidad, lo que cuenta es la entonación y la intención. Cuántas veces habré dicho ‘maricón’ a amigos míos o me lo habrán dicho a mí desde el afecto. Y en cambio, cuántas veces te lo dicen como un intento de insulto…”.

En un momento social tan complejo, conviene alertar sobre los factores que se deben atornillar para reducir los delitos de odio. Tan detectado está su epicentro como poco optimista continúa siendo la solución. Sin ir más lejos, en la Comunidad de Madrid se registró en 2017 casi medio centenar de agresiones homófobas más que en 2016. “Hay cuestiones que ver con la educación, saber detectar los casos de bullying en las aulas, y también el propio papel de las fuerzas de seguridad para saber gestionar las agresiones, aunque sean verbales. Hay que hacer un esfuerzo muy importante entre la gente más joven para promover que la aceptación de la diversidad sea absolutamente asumida. Continúan las agresiones, la discriminación, el rechazo, así que todavía estamos muy lejos de conseguir la plena aceptación de la diversidad sexual”, alega el dirigente socialista.

Días atrás se convertía en tendencia la etiqueta #LeyIgualdadLGTBI, que reclama una enmienda a nivel estatal y que convendría para “garantizar que cualquier atentando a la libertad y dignidad fuera perseguido penalmente. En Cataluña hicimos una de la que fui ponente, pero hace falta un tratamiento integral”, asegura. Las asociaciones LGTB españolas reprochan que el Congreso ha retrasado hasta en once ocasiones su tramitación, y no es muy descabellado aventurar qué partido, teniendo en cuenta los antecedentes, anda a la cola en lo que a discurso LGTB se refiere. Es preguntar a Miquel por el Partido Popular, y no poder evitar destacar cierta incoherencia desde la ironía: “Primero se oponen, pero luego organizan unos bodorrios esplendorosos… [risas]. Me alegro de que incluso ellos hayan sido capaces de evolucionar, me habría gustado que lo hubieran hecho antes, pero prefiero que le historia se escriba así, con una demostración de que la vida va por delante de la política… Y eso que en los entornos más conservadores tienen que abrir más los ojos para ver que la libertad siempre acaba imponiéndose también dentro de tu propio círculo”.

Siempre celebró Iceta que, aunque fuese de forma indirecta, Rajoy avalase el matrimonio homosexual acudiendo al enlace del dirigente del PP Joaquín Maroto. Sin embargo, pese a que lejos del exalcalde de Vitoria y el bueno de Miquel no se advierten referentes gays visibles en política, no existe la sensación de que declarar públicamente tu homosexualidad sea necesario o beneficioso. “No lo sé, entra en la esfera de las convicciones personales y la privacidad. Una vez rotos los tabúes, no se trata de entrar en una competencia por ver cuántos gays hay. No me pondría a buscar referentes, no creo que sea relevante, ya hay personas abiertamente gays con presencia pública importante, ahora incluso tenemos hasta bodas sonadas”, vuelve a mencionar con una sonrisa, esa misma con la que abrió vitrinas y derribó fronteras.


Fotos PSC

Más noticias LGTB, AQUÍ

x

Shangay

Toda la actualidad LGTB + Cultura + Sexy + Ocio. Contenidos exclusivos cada semana en tu correo.