19/06/2018

Sade: “Nunca me gustó ser famosa”

6 marzo, 2018
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No todos los días se puede celebrar que se publique nueva música de Sade. Hoy por fin podemos escuchar Flower of the Universe, producida por No I.D., que forma parte de la banda sonora de la película Un pliegue en el tiempo, dirigida por Ava DuVernay.

Acostumbrados como estamos a que pasen largos periodos de tiempo entre cada proyecto de Sade, es un buen momento para recuperar nuestra única entrevista con su líder y voz, la carismática Sade Adu. En octubre de 2000, semanas antes de publicar Lovers Rock, nos recibió en una suite del hote Palace de Madrid, y sorprende leer ahora todo lo que nos contó, porque es de una gran vigencia. Perfecto para celebrar el retorno de esta gran diva, con una capacidad de fascinación a prueba de modas y décadas.


Con solo cuatro discos a sus espaldas, Sade –artista y grupo– es una auténtica leyenda. La anglo-nigeriana con la voz más cálida del universo pop tiene fama de poseer una personalidad exageradamente reservada, leyenda alimentada por su retiro voluntario de ocho años. Una conversación con Sade Adu –a cara lavada–, con motivo de la publicación de Lovers Rock, permite descubrir que su reputación de fría y distante no es más que un tópico sin mayor consistencia. Que su magnetismo personal está a la altura del que desprende su voz es un cliché mucho más fundado.

SHANGAY ⇒ ¿A qué se han debido los ocho años de espera entre Love Deluxe y Lovers Rock?
SADE
⇒ No ha sido nada premeditado. Al acabar nuestra última gira grabamos una canción para la banda sonora de Philadelphia y entonces decidí que necesitaba tomarme un descanso. Cuando me meto en el estudio suelo relajarme mucho y me gusta centrarme en lo que hago por completo, con lo cual necesitaba solucionar una serie de asuntos personales antes de poder hacerlo con total tranquilidad. Hace cinco años me quedé embarazada, y desde que nación mi hija lo único que me apetecía era estar con ella, ni se me pasaba por la cabeza dejarla para ponerme a grabar un nuevo disco.

SHANGAY ⇒ ¿No te entró en ningún momento la necesidad urgente de cantar?
SADE
 ⇒ Siempre estoy cantando, la música es una parte fundamental de mi vida. No creo que quisieras tenerme de vecina [risas].

SHANGAY ⇒ ¿Cuál es vuestro secreto para haber mantenido la misma formación durante casi dos décadas?
SADE
 ⇒ Hemos vivido mucho juntos, nos entendemos a la perfección tanto a nivel personal como musical. Aunque Stuart [Matthewman, guitarra] vive en Nueva York, Paul [Denman, bajo] ha estado viviendo en Los Ángeles y Andrew [Hale, teclados] y yo estamos en Londres hemos conseguido mantener unos lazos muy fuertes. No necesitamos estar hablando por teléfono a diario para seguir sintiéndonos unidos.

SHANGAY ⇒ ¿Por eso sois capaces de seguir logrando que cualquier disco de Sade suene a Sade?
SADE
 ⇒ No es que tengamos una fórmula fijada que sigamos a rajatabla, es algo que nos sale de un modo natural  cuando trabajamos juntos. Sin necesidad de hablar sabemos perfectamente qué es lo que cada uno podemos aportar al conjunto.


“Siempre estoy cantando, la música es fundamental en mi vida. No querrías tenerme de vecina”


SHANGAY ⇒ ¿Tienes una técnica definida para componer tus temas?
SADE
 ⇒ No, cada uno nace de un modo distinto. A menudo nos ponemos a improvisar en el estudio hasta que tenemos una canción terminada; muchos de los temas de este disco nacieron así. otras veces tengo una idea, una imagen o una frase rondándome en la cabeza y empezamos a trabajar sobre ella. En muchas ocasiones la composición se convierte en una lucha personal, me tiro una eternidad desechando palabras y frases, Lo mejor es fiarte de tu instinto, porque no hay reglas fiables que se puedan seguir al pie de la letra.

SHANGAY ⇒ Se echa de menos uno de los elementos básicos del sonido característico de Sade, el saxo de Stuart. ¿Por qué habéis prescindido de él en este álbum?
SADE 
⇒ Porque este disco no nos lo pedía. Intentamos incorporarlo en temas como Somebody Already Broke My Heart, pero hacía que la canción pareciese la banda sonora de una película porno. Por momentos sonábamos como una parodia de nosotros mismos. De modo que no fue que nos negásemos a utilizar el saxo de forma consciente, es que el propio desarrollo de la grabación nos llevó a descartarlo.

SHANGAY ⇒ Aunque Lovers Rock sigue siendo Sade 100%, sí es un disco más desnudo….
SADE
 ⇒ Y más imperfecto. En él somos más nosotros mismos, quizá porque somos más mayores y nos hemos dejado guiar exclusivamente por lo que nos apetecía hacer. Como ha pasado tanto tiempos desde que publicamos nuestro anterior trabajo, en cierto modo nos planteamos este trabajo como si fuese nuestro primer disco, nuestra carta de presentación.


“Mi máxima aspiración es alcanzar algún día esa grandeza de la que solo disfrutan unos pocos elegidos”


SHANGAY ⇒ ¿Cómo recuerdas los verdaderos comienzos del grupo?
SADE
 ⇒ Cuando empezamos lo que nos preocupaba no era fabricar éxitos sino grabar discos,  conseguir como producto final una pieza de vinilo auténtica. Y no nos resultó fácil: las compañías no sabían que hacer con nosotros, no encajábamos en ningún estilo específico, así que tuvo que pasar un tiempo hasta que alguien se atrevió a lanzarnos. una vez que conseguimos un contrato en Gran Bretaña nos encontramos con que la filial americana no quería hacerse cargo de nosotros porque no veía nada claro el producto. Sonará extraño, pero cuando empezamos nadie confiaba en la viabilidad comercial de Sade.

SHANGAY ⇒ ¿Resultó contraproducente el desproporcionado éxito de Diamond Life, tu primer disco?
SADE
 ⇒ Supuso un auténtico shock para mí, especialmente porque yo nunca había soñado con la fama, e inmediatamente pensé que no quería volver a grabar otro disco. No se me ocurría nada peor que volver a pasar por aquello, no me apetecía convertirme en una figura pública a noveles tan masivos. Si no hubiese sido por mis compañeros, probablemente el segundo disco habría tardado años en llegar. Pero ellos me convencieron para que nos metiéramos directamente en el estudio a grabar Promise. Y en cierto modo me vino bien, porque el estudio se convirtió en un lugar de evasión y refugio; una vez cerraba la puerta tras de mí me sentía a salvo.

SHANGAY ⇒ ¿Por eso te convertiste en una artista tan hermética de cara a los medios?
SADE
 ⇒ Es que nunca me gustó ser famosa. Pensar que el periodo de éxito de Diamond Life coincidió con una de las etapas más tristes de mi vida me da un poco de pena [sonríe]. Tengo muy claro que hay una parte de este negocio que me encanta y otra que no soporto.

SHANGAY ⇒ ¿Hasta qué punto es responsabilidad tuya la imagen exótica que das en muchos de vuestros vídeos?
SADE
 ⇒ Según ha ido pasando el tiempo me he involucrado más en el aspecto visual del grupo. Cuando empezamos lo único que hacíamos era elegir entre un par de tratamientos y un par de directores. Pero después de rodarlos primeros vídeos me di cuenta de debíamos involucrarnos más en su elaboración, porque al fin y al cabo nos representan tanto a nosotros como a nuestra música.

SHANGAY ⇒ Luego, ¿disfrutas apareciendo como sirena [No Ordinary Love] o como princesa de cuento oriental [By Your Side] al estilo del Hollywood clásico?
SADE
 ⇒ En el caso específico de la sirena lo hice para distanciarme como persona del vídeo y de la canción. En lugar de actuar como yo misma prefería interpretar un personaje y así conseguir que la gente se centrara en el sentimml sentimiento del tema y no en la artista. En ese caso pienso que lo logramos, en otras ocasiones el resultado no ha sido el deseado.

SHANGAY ⇒ ¿Por qué prefieres dar en portadas y fotos una imagen de un erotismo gélido?
SADE 
⇒ Es una imagen equívoca, fruto de lo poco que me gusta que me fotografíen. Frente a un objetivo me pongo tensa y distante, y al final lo único que consigo es que el resultado tenga muy poco que ver con nuestra música, que nace del corazón y tiene una fuerte calidez En este caso soy a la vez víctima y verdugo, la responsabilidad es totalmente mía por ponerme tan violenta cuando poso.


“Pensar que el periodo del enorme éxito de Diamond Life coincidió con una de las etapas más tristes de mi vida me da pena”


SHANGAY ⇒ ¿Has sufrido a lo largo de tu carrera algún tipo de discriminación por tu sexo o por tu raza?
SADE
 ⇒ Absolutamente ninguno. En todo momento he sido yo misma y no me he encontrado con problemas. A veces me han preguntado qué se siente siendo mujer en el negocio de la música. No sé lo que siente un hombre, así que no puedo responder. Igual que cuando me preguntan qué se siente al ser negra… No sé cómo se trata a la gente de otras razas, luego no puedo responder. Yo actúo de acuerdo a mi propia filosofía, sin pararme a pensar que soy una mujer que además es negra. Además, a las compañías de discos no les importa el color de tu piel, lo que quieren es vender discos… Lo que sí recuerdo es que en los 80, cuando visitaba una emisora negra en Estados Unidos me acompañaba una persona de la compañía de color, y si había que ir a una emisora blanca, iba en otro coche acompañada de una persona blanca. Lo que no cambiaba en ningún caso era la raza del conductor, siempre eran negros [risas]. Eran situaciones que me escandalizaban enormemente, aunque por suerte la sociedad americana ha cambiado mucho en los últimos quince años.

SHANGAY ⇒ Compañeros vuestros de la generación de los 80 como Culture Club y Duran Duran han tenido que soportar críticas muy duras cuando han regresado años después a la actualidad musical. ¿Temes que los críticos se ceben también con vosotros?
SADE
 ⇒ A estas alturas ya se han hecho todo tipo de comentarios desagradables sobre nuestra música y sobre mí; algunos tan fuertes que he llegado a pensar que a algunos periodistas la cabeza les debía estar dando giros de trescientos sesenta grados mientras escribían sus críticas. No veo qué necesidad hay de cebarse con el trabajo de un artista: o te gusta o n n un artista: o te gusta o no, no veo razón para esforzarse en escribir maldades. Muchos críticos basan sus gustos en un trabajo intelectual, necesitan buscar motivos por los que un disco les interesa o no, mientras que para mí lo importante es lo que sientes en tu corazón y lo que opinan tus amigos. Cuando estaba en el estudio me preguntaba: “¿le gustará a Dolly [Parton]?”, “¿le gustará a Marvin [Gaye]?”, “¿le gustará a Bob [Marley]?”, “¿le gustaría a Elvis [Presley]?”. La mayoría están muertos así que nunca sabré su respuesta, lo cual me tranquiliza. Mi máxima aspiración es alcanzar algún día esa grandeza de la que solo disfrutan unos pocos elegidos, y en el camino solo me fío de las opiniones de mis amigos. Lo que piensen los ejecutivos de la industria o los críticos musicales no me interesa, lo que me preocupa es que a nuestros amigos y a la gente que nos sigue les emocionen nuestras canciones. Es lo único que realmente importa.

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Shangay

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