27/05/2018

4 razones para celebrar el activismo trans de ‘I Hate New York’

20 abril, 2018
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Amanda Lepore [izda.] y Sophia Lamar, en una imagen mítica, de cuando compartían amistad y la noche.

Resulta imposible no sentir admiración por lxs protagonistas de I Hate New York, el debut como director de Gustavo Sánchez –con J.A. Bayona y su hermano Carlos Bayona como productores ejecutivos–. Durante diez años ha estado documentando la escena trans underground de Nueva York, y el resultado es un documental protagonizado por cuatro artistas y activistas trans que comparten sus vivencias con Sánchez y cuya actitud ante la vida resulta tan reveladora como inspiradora.

Con música original de Arca, colaborador habitual de Björk, I Hate New York es un retrato conmovedor e íntimo del cineasta jienense afincado en Barcelona de Amanda Lepore, Sophia Lamar, Chole Zubdilo y T de Long. Sin más medios que una cámara Sony Handycam 1080, Sánchez se lanzó hace una década a investigar un mundo que rara vez trasciende más allá de quien lo vive. Un universo alejado del mainstream de la Gran Manzana poblado por artistas y activistas que buscan hacer frente al sistema tanto con su discurso como su arte o incluso su cuerpo.


Gustavo Sánchez, director de I Hate New York

Gustavo Sánchez se adentra en un universo nocturno en que los clubs se convierten en púlpitos de filosofías de vida absolutamente necesarias para comprender la evolución de la comunidad LGTBI en los últimos años. Estos cuatro protagonistas nunca han buscado convencer a nadie de lo que sienten, sino compartirlo en ejercicios radicales de libertad que, gracias a este documental, han quedado inmortalizados para la posteridad.

Más allá de la euforia asociada a las salidas nocturnas, el electropop y el punk con un punto radical, a las pelucas y la pluma, I Hate New York deja un poso agridulce porque comprobamos que hay una determinada escena en la que los epicentros de diversión para muchos son también focos de un activismo que no siempre resulta gratificante de primeras para quienes lo defienden con su propia existencia, pero que sigue siendo extremadamente necesario.


Sophia Lamar en la actualidad

Estas son algunas de las lecciones que se aprenden de esta película tan especial y que respira tanta verdad, cuyo estreno en Barcelona tendrá lugar en el inminente D’A Festival el 4 de mayo –en Madrid está aún por confirmar–, y al que auguramos una larga, e inspiradora, trayectoria.

1. La importancia de los testimonios reales es fundamental

Escuchar en primera persona a lxs cuatro protagonistas de este documental le da una fuerza única. Porque las historias relatadas en primera persona no solo nos ayudan a empatizar –o, al menos, a comprender la realidad de quienes las comparten–, también sirven para que nos demos cuenta de la importancia de ser sinceros, de no tener miedo a que alguien nos pueda juzgar por nuestras acciones. Lo importante es llevarlas a cabo si así lo sentimos.


T de Long

2. La relevancia de la lucha trans en la evolución de la lucha por los derechos LGTBI merece ser reivindicada siempre

Las personas trans que protagonizan este documental son, cada una a su manera, agitadoras del sistema. Amanda Lepore, la más conocida de las cuatro, ha hecho de su cuerpo su principal herramienta de activismo. Sophia Lamar se ha entregado a dotar a la ‘frivolidad’ nocturna de contenido a través de performances que dan un sentido muy personal a lo que entendemos por intelectualidad. Chloe Dzubilo apostó por la transversalidad entre el punk y su compromiso con la lucha contra el sida. Y T de Long, artista multimedia y pareja de Zubdilo hasta su muerte –por primera vez relatada por sus protagonistas y documentada–, siempre ha apostado por abrir diferentes vías de expresión en el arte para vehicular su visión desprejuiciada y libre del mundo. Si toda visibilidad es positiva, la de lxs activistas underground es directamente necesaria.


Amanda Lepore

3. La cultura de clubs debe ser vista como motor de cambio

Nunca es tarde para reconocer la importancia de unos espacios que no solo invitan al desenfreno, también a potenciar las relaciones humanas y a servir de escenario para propuestas que nos ayudan a entender mejor a lxs demás, y a abrir nuestra percepción y nuestro campo de visión. Es algo que Gustavo Sánchez refleja con una discreción como autor admirable. Los clubs, y quienes los dotan de contenido y arte, hablan por sí solos.


Chloe Dzubillo [izda.]

4. Cualquier canto a la libertad y al respeto hay que celebrarlo

Es uno de los elementos centrales de I Hate New York. En un entorno en ocasiones hostil, y no siempre tan inspirador como Hollywood nos lo vende, cuatro almas libres y únicas comparten su vida y nos recuerdan, sin necesidad de decirlo, lo importante que es el respeto al prójimo, lo positiva que resulta la empatía. Este ejercicio de visibilidad del underground no busca adoctrinar, afortunadamente, y sí logra emocionar. Sin efectos especiales, sin adornar la realidad. El vigor trans no necesita de aditivos.


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