19 abril 2021

Manzanares El Real: visita un castillo de ensueño (y vive tu propio cuento)

Es el mejor conservado de nuestra Comunidad, totalmente musealizado. Visitarlo es hacer un viaje al mundo medieval y del Renacimiento. Una vez que estés allí, acércate a La Pedriza y serás protagonista de tu propio cuento por un día.

El Castillo Nuevo o Castillo de los Mendoza es una de las joyas de la Comunidad de Madrid. Disfruta del castillo mejor conservado de la región, de su entorno natural –caminando o en bicicleta– y descubre sus zonas de escalada.  Desde allí se puede llegar a La Pedriza del Manzanares.

Es la ocasión perfecta para hacer turismo cultural, y conocer el interesantísimo patrimonio de la Comunidad de Madrid, pero también para descubrir la naturaleza de una región como esta, y disfrutar de las mejores rutas del cada vez más en boga turismo activo.

En Manzanares El Real no hay escasez de patrimonio artístico y cultural. Como decimos, el Castillo Nuevo o Castillo de los Mendoza es la ‘estrella’ de la localidad, y la fortaleza mejor conservada de la Comunidad de Madrid. Fue construido en 1475, tiene forma cuadrada y consta de tres torres circulares y una con forma octogonal.

El castillo también cuenta con un patio porticado, un centro de interpretación, salas de audiovisuales y de exposiciones, una biblioteca y diferentes salas amuebladas al estilo del siglo XVII.

Otros ejemplos patrimoniales de Manzanares son el Castillo Viejo y la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, que presenta una interesante mezcla de estilos arquitectónicos, con la nave románica, la sacristía cubierta con crucería gótica y el pórtico renacentista purista. También cabe destacar las Pinturas Rupestres de Los Aljibes –de la Edad del Bronce y que representan 28 figuras antropomorfas en movimiento–, la Ermita de Nuestra Señora de la Peña Sacra –del siglo XVI y relacionada con cultos druidas y celtas– y el Puente Viejo, que data del siglo XVI.

 

El Castillo de Manzanares El Real ocupa una posición estratégica de dominio de la Cañada Real Segoviana, que era utilizada por la Mesta para desplazar el ganado estacionalmente por España entre los siglos XIII y XIX. Todo el edificio se realza con el robusto antemuro defensivo y el paseo de ronda. Una gran puerta flanqueada por torretas nos da paso al interior tras atravesar el antiguo foso, hoy colmatado.

El zaguán, o entrada al edificio principal, servía de primera defensa y de organización del interior. En el patio de armas, presidido por el escudo nobiliario de los Mendoza, dos hermosas galerías porticadas con columnas y balaustradas de estilo gótico tardío nos introducen en la zona palaciega. Un segundo zaguán nos conduce al interior donde se exhibe la colección de tapices y algunos cuadros de la Virgen y bodegones. Subiendo la escalinata nos encontramos los grandes salones donde se desarrollaba la vida cotidiana de los señores.

En la Sala Santillana encontramos una copia del retrato del Marqués de Santillana, Don Íñigo, incluido dentro del retablo de Los gozos de Santa María, obra de Jorge Inglés, que puede verse en el Museo del Prado. También puede contemplarse el cuadro del siglo XVII Procesión de la Virgen de la Candelaria, en el que está representado el antiguo Hospital de Atocha de Madrid, hoy desaparecido.

En la Sala del Infantado encontramos más imágenes de personajes históricos relacionados con el castillo: una copia de los retratos del Condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, y de su esposa Juana Pimentel.

El Estrado de Damas es una recreación de la sala de reunión social de las mujeres españolas hasta el siglo XVIII, ambientada en la estética de los palacios andalusíes. Entre esteras, alfombras y cojines, las señoras y sus damas pasaban las jornadas bordando, tocando instrumentos o leyendo, rodeadas de los baúles donde guardaban sus ropas y ajuares, los primitivos armarios.

En las alturas, el mirador de Juan Guas nos recibe para contemplar las mansas aguas del embalse de Santillana. Desde el adarve se aprecia también la capilla privada y lo que debieron ser dos plantas de grandes salones con ventanales. Por encima del reaprovechado ábside, se proyectó una gran torre del homenaje. Esta parte del castillo no llegó nunca a terminarse. En la torre suroeste se conservan aún restos de la decoración original de bolas de granito, probablemente policromadas. El recorrido del castillo culmina con la bajada por las escaleras de caracol, que nos devolverá al patio de armas.

Para más información sobre el turismo de la Comunidad de Madrid.

Para más información sobre las Villas de Madrid.