Borja Luna, de actor en Isabel a alumno de Galileo

A este joven actor le va la ficción histórica. Después de encarnar a Luis XII en la serie ‘Isabel’, es uno de los intérpretes de ‘Vida de Galileo’, obra de Bertolt Brecht sobre las contradicciones del famoso astrónomo que puede verse en el Centro Dramático Nacional en Madrid.

POR: Pablo Giraldo

Su apellido le viene al pelo para un montaje como este. Borja Luna es Ludovico Marsili en la biográfica Vida de Galileo, la obra imaginada por Bertolt Brecht sobre el célebre astrónomo que terminó sus días confinado porque sus descubrimientos científicos desafiaron las tesis de la Iglesia católica.

Marsili es una suerte de discípulo de Galileo que llega a su taller para recibir clases de ciencia –no tanto porque él quiera sino porque su madre le obliga a aprender un oficio– y termina pidiéndole la mano de su hija en matrimonio. “Por una parte, vemos cómo Galileo tiene que dejar de dar clase al hijo de su sirvienta, a quien realmente considera un chico despierto e interesado por la ciencia, para dársela a un hombre de buena familia que le va a pagar un dinero. Por otro, Ludovico es un latifundista que no puede tolerar que el padre de su futura esposa cuestione las doctrinas de la Iglesia e inocule en el campesinado la idea de que no somos el centro del universo, porque cree que los campesinos bajo su mando se rebelarían y dejarían de trabajar la tierra”, explica. Así que estalla el conflicto.

Si de algo le está sirviendo al actor participar en este montaje de Ernesto Caballero, director del Centro Dramático Nacional, es para empaparse de un personaje y una época que tenía medio olvidado –a la entrevista llega con varios ensayos sobre Galileo y Brecht–. “Todo suma”, bromea. Y aunque satisfactorio, Borja reconoce que es un reto enfrentarse a su primer Brecht, en concreto a un texto al que el dramaturgo alemán volvió una y otra vez durante su vida para, como el propio Galileo, incluir diferentes retractaciones. “Para actuar es muy difícil, está cargado de mensajes. Pero a veces no es tanto lo que cuentan el autor y el director como lo que debe completar el espectador, que tiene que darle vueltas a lo que ha visto. Dependerá de su capacidad y formación descubrir más o menos interpretaciones. El texto te hace ver lo que no ves. Está cargado de espiritualidad, de cómo te pueden tachar de loco si hablas de una verdad que está oculta. Yo mismo he tenido experiencias de las que no hablo porque me llamarían loco”.


Un momento de la representación de Vida de Galileo en el Teatro Valle-Inclán / David Ruano

 

Vida de Galileo, planteada en torno a un escenario circular y con música en directo, no es una hagiografía donde el científico aparece como un héroe y los miembros de la Iglesia son los villanos. “Ludovico es un tipo descreído que se lleva un chasco cuando ve que su maestro comercia con un instrumento, el telescopio, que ha plagiado a unos holandeses. Así que empieza a pensar que la ciencia es una estafa. Y la obra tampoco se ensaña especialmente con la Iglesia, que en aquella época estaba ligada al poder económico y lo controlaba todo para no resquebrajar el orden establecido”.

Borja Luna comenzó de la mano de Miguel Narros (“lo más bonito era vivir viajando de gira, algo que no me ha vuelto a pasar”), pasó a la Compañía Nacional de Teatro Clásico y llegó a cofundar su propia compañía, Venezia Teatro, recién disuelta tras montajes de éxito como La hostería de la Posta, La isla de los esclavos o la más reciente Los desvaríos del veraneo, y que surgió para sacar adelante proyectos que, de otra manera, se habrían quedado en un cajón. “La formamos en 2012, y durante tres años hemos trabajado con mucho amor y lo mejor que hemos sabido. Encontramos un lugar, que siempre es difícil, al margen de las expectativas del teatro comercial, y descubrimos la felicidad de contar una historia que nos gustaba de la manera que queríamos. Esa era la mejor manera de comunicarse con el público”.

Con Vida de Galileo, Borja regresa a la ficción histórica con la que ya coqueteó en la serie Isabel, donde interpretaba a un desquiciado Luis XII de Francia enfrentado a las coronas de Aragón y Castilla. “Se está demostrando que producciones históricas como esta o Isabel son una fórmula que funciona con el público. Cuando llegué a la serie pensé que era un oasis. Podía tener más presupuesto, pero sin duda tenía el mínimo para mimar una producción a todos los niveles. Vengo del teatro y trabajar así en España en una serie de primera división es un sueño cumplido”.

Por el momento, se le resiste el cine, por eso tantea sin pudor a directores como Pedro Almodóvar en redes sociales. “A ver si cuela”, bromea. “Me vuelvo loco por hacer cine. ¿Por qué lo hago? Pues porque quiero trabajar. Hay gente interesantísima con la que me encantaría colaborar. Estuve viendo Matador en la televisión el otro día y ese lenguaje y esa energía son fascinantes. Yo soy actor porque de pequeño veía Indiana Jones o Star Wars y quería verme ahí. Quería hacer cine, pero en la RESAD me encontré con el teatro, un universo maravilloso en el que soy muy feliz”.

Fotos Borja Luna: Miguelangelfernandez.net
 

La obra Vida de Galileo se representa en el Teatro Valle-Inclán (Pza. Lavapiés, s/n) de Madrid hasta el 20 de marzo.


Todo el teatro, AQUÍ