C. Semenya: discriminada por intersexual, oro olímpico y boda lésbica

La atleta sudafricana Caster Semenya, oro olímpico en Río 2016, sufrió un calvario en 2009 al verse obligada a someterse a un proceso de verificación de sexo tras tener valores de testosterona más altos de lo normal, lo que hizo que descubriese que es intersexual. Ahora se ha casado con su novia.

POR: Joaquín Gasca

“Sé muy bien quién soy, aunque no puedo cambiar lo que dicen de mí. No estoy preocupada. En la pista soy yo misma y todo el mundo me acepta”. Cuando en el año 2009, la atleta sudafricana Caster Semenya aplastaba a todas sus rivales en la prueba de 800 metros de los mundiales de Berlín, no se imaginaba que iba a tener justificarse durante años para apagar el debate entre la ética y la genética.

Apenas acababa de cumplir la mayoría de edad, y en una entrevista al tabloide inglés The Guardian ya demostraba que estaba hecha de otra pasta. Desde aquel momento ha estado en el ojo del huracán por el simple hecho de ser intersexual, no encajar en los estereotipos estéticos de género y generar de formar natural niveles de testosterona diez veces superiores a lo habitual.

“Ella es un hombre”, dijo la italiana Elisa Cusma tras perder la final de Berlín. Y no es el único comentario discriminatorio que sufrió Caster: “¿Es hombre o mujer?”. “Dudan de que la atleta sudafricana sea mujer”. “La ambigua sexualidad de Semenya”. “¿Caster Semenya es él o ella?”. Son algunas de las frases que se pudieron leer en la prensa por aquel entonces. En la actualidad, todavía leyendas del atletismo como la británica Paula Radcliffe hablan de que su participación es injusta y que “ya no se podrá llamar deporte” a lo que ocurre sobre el tartán cada vez que sale de tacos.

En julio de 2010, la IAAF (siglas referentes a la Asociación Internacional de Atletismo) obligó a Semenya a someterse a un bochornoso proceso de verificación de sexo después de concluir que las atletas intersexuales con hiperandrogenismo poseían una clara ventaja sobre el resto de competidoras. La conclusión: si la niña prodigio quería competir debía someterse a un tratamiento para reducir la producción de testosterona por debajo de los 10 nanomoles por litro de sangre, el máximo permitido y equivalente al triple del nivel normal en una deportista de élite mujer.

¿Don natural o injusticia deportiva? Descartado el dopaje, muchos olvidaron que la noticia es que aquel 1:55”45 en el que consiguió parar el crono es lo más cerca que una ochocentista ha estado jamás de Jarmila Kratochvilova, que estableció en 1983 el que todavía es el récord más antiguo de la historia del atletismo. Semenya nunca volvió a volar como en 2009, plata en Londres 2012 y los mundiales de Daegu 2011, pérdida de brillo y debate extinto. De momento.

Hasta que la india Duntee Chand, otra atleta intersexual, presento un recurso contra la regulación de la IAAF y, después de negarse a tomar medicamentos y se expulsada de su selección, llevó el caso al Tribual de Arbitraje Deportivo por discriminación. Este aceptó el alegato, que evidenciaba que no había relación entre el rendimiento y la testosterona, y decidió suspender la norma hasta julio de 2017, lo cual ha permitido a Semenya correr desde 2016 sin limitaciones.

El resto es historia: oro en los Juegos Olímpicos de Río, con su nuevo y determinante entrenador, Jean Verster. Liberada, y sin pruebas de lo contrario, vuelve a mostrar su mejor versión al tiempo que crecerán las sospechas. Ella, mientras tanto, se acaba de casar con su novia Violet en Pretoria, con la que ya se había dado el ‘sí, quiero’ por el rito tradicional en diciembre de 2015. Tiene 26 años, y tal como ya dijo hace ocho, solo buscar ser ella misma y que todo el mundo la acepte.

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