Grindr perjudica gravemente tu salud y la de los que están a tu alrededor

Jack Turban, un psiquiatra gay especializado en género y sexualidad, investiga y reflexiona sobre la forma en que esta aplicación repercute negativamente en la salud mental masculina.

No hace falta más que un simple vistazo a la interfaz de Grindr para darnos cuenta de la cantidad de hombres que buscan sexo de forma automática y compulsiva, es por ello por lo que Jack Turban, un psiquiatra gay, al darse cuenta de cómo la aplicación de citas afecta negativamente a sus pacientes, decidió investigar sobre las repercusiones de la misma.

A pesar de vivir en un contexto donde las uniones entre personas del mismo sexo son legales, y donde dos hombres, por ejemplo, pueden caminar por la calle de la mano sin consecuencias, siguen preocupando mucho los patrones de socialización que la población gay establece en Grindr. Esta aplicación, que cuenta con 3 millones de usuarios activos cada día, parece tener repercusiones nefastas en nuestro colectivo. En su estudio, Turban recoge testimonios de usuarios de esta aplicación directamente desde la misma, a través de un perfil que creó identificándose como un escritor médico.

El sexo sienta genial, y Grindr lo hace accesible rápidamente, al alcance de cualquier pulgar. Además, debido a lo explícito de las imágenes mostradas en la aplicación, se produciría una excitación sexual suficiente como para estar usándola durante más tiempo del que podemos permitirnos, en ocasiones, muchas horas al día.

El orgasmo provoca la activación de zonas cerebrales encargadas del placer, a la vez que desactiva las zonas dedicadas al autocontrol de la conducta. Por ello, los neurocientíficos han asegurado que estos patrones son bastante similares a los encontrados en personas que consumen cocaína o heroína.

En términos conductuales es fácil entender este ‘enganche’ a la aplicación: si el uso de la misma va seguido de un orgasmo al quedar con algún chico (recompensa fisiológicamente muy potente), esta conducta, ligada al aprendizaje que se produce, irá probablemente acompañada de la repetición de la misma una y otra vez. Otro concepto que explicaría esto es el término psicológico ‘refuerzo intermitente’. La conducta aparentemente neutra de usar la aplicación no siempre va acompañada de la recompensa gratificante de placer sexual, sino que solo a veces se consigue esta meta; es precisamente esto lo que hace extremadamente difícil parar una conducta. Algo idéntico ocurriría con las personas que utilizan máquinas tragaperras u otros juegos de azar: nunca sabes cuándo ganarás, así que juegas y juegas hasta que ganas, sin importar las consecuencias o el tiempo invertido.

El investigador encontró que buena parte de los usuarios utilizan Grindr cuando se sienten solos, ansiosos y tristes. Es verdad que el sexo distrae de las emociones dolorosas, pero si el único patrón de utilización de esta aplicación es el mencionado, pueden aparecer consecuencias negativas como la culpa, el asco o la vergüenza. Una encuesta multitudinaria realizada por Time Well Spent mostró que el 77% de los usuarios de Grindr se arrepintieron después de usar la aplicación, que encabeza la lista de las que provocan más infelicidad.

Todos conocemos a gente que elimina esta aplicación intermitentemente de sus dispositivos. Esto es un síntoma de la perpetuación del círculo vicioso que representa Grindr. Los sentimientos negativos usándola hacen que me borre la aplicación, pero cuando me vuelvo a sentir solo o deprimido... vuelvo a descargármela. Y así sucesivamente.

Otra de las consecuencias negativas del enganche a esta aplicación es que no permite a los gays embarcarse en relaciones duraderas. Pero esto no es lo único, sino que un uso indebido de Grindr también podría repercutir en que ciertos hombres no desarrollen habilidades suficientes como para socializar con sus congéneres. Por citar otras consecuencias negativas, se podría destacar también que llega un punto en que la autoestima del hombre depende exclusivamente de su sexualidad, cuando debería abarcar muchas más facetas; también perder la confianza en uno mismo como amante o como persona digna de conocer.

Pero... ¿cómo se trata a nivel clínico esta adicción a Grindr? Parece ser que se ha investigado que ciertos medicamentos como el Citalopram (un antidepresivo de uso común) o la Naltrexona (habitualmente usada para tratar conductas adictivas) pueden funcionar bien. Otro tratamiento más extremo y en vías de investigación sería solicitar implantes hormonales que desactiven en cierto modo la testosterona, ya que esto inhibiría el impulso sexual. A pesar de todo lo expuesto, parece que el abordaje psicológico es lo más efectivo. Muchos terapeutas afirman que los modelos ofrecidos por la Terapia Cognitivo-Conductual o la Terapia de Aceptación y Compromiso podrían funcionar fantásticamente en estos casos.

Ignoramos si usar Grindr podría ser considerado una adicción al mismo nivel que el consumo de drogas, pero lo que sí sabemos es que generalmente es una aplicación que causa mucha ansiedad y depresión, y que desde el 2007 más hombres han muerto por suicidio que por consecuencias del VIH/sida, por mencionar un ejemplo. Hay que seguir luchando por los derechos de la población LGTB, pero conviene no olvidar las repercusiones nocivas que podría tener un uso indebido de aplicaciones como Grindr y cómo afectan a nuestra comunidad y cultura.


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