Rozalén: “Mi mundo es LGTB, pero desgraciadamente no es el real”

Tras dos años en los que ha estado recorriéndose España y algún que otro país Europeo, llevando su música y su lucha por la diversidad por todos los rincones, Rozalén regresa con su nuevo single, ‘Girasoles’, un paso más en su carrera con el que trae mucha luz y ritmo al verano.

POR: Daniel Ródenas Muñoz

Dos años han pasado desde que Rozalén sacara su álbum Quién me ha visto... Un tiempo en el que no ha parado de sumar nuevos singles y ofrecer cientos de conciertos por toda España y parte de Europa. Ahora, sus nuevas canciones, nacidas de experiencias, viajes, amores y desamores, y de sus propias raíces, toman forma en el que es su tercer disco de estudio, que de nuevo lleva un refrán inacabado por bandera, como viene siendo tradición en sus trabajos.

La canción que sirve de presentación de este nuevo disco, Cuando el río suena... es Girasoles. “Sigue teniendo mi esencia, pero hay un paso adelante en cuanto a la producción. Es una canción más urbana, con un punto african beat, parecido al reguetón, y encima con el toque de mi bandurria. Una mezcla que encaja a la perfección y que consigue una canción muy bailable”. No te extrañes si te has descubierto bailándola en una terraza en la playa... “Me encantaría que fuera la canción del verano”

Rozalén ha conseguido traer frescura y mucho ritmo al verano, seguir sonando a ella y mantener un trasfondo social en su letra. “Toca un tema social, con un fondo potente. Se llama Girasoles por esa gente que mira a los demás de manera que los hace sentir el sol. Dejo a un lado la oscuridad, no quiero dedicar tiempo a las cosas horribles que pasan en el mundo. Y me dedico a las personas buenas, en la canción digo a todos a los que quiero cantar. Es una oda al buen compañero, al amor sano, alejado del ‘sin ti me muero’. Esa persona que te hace la vida más fácil”.

Esta es una de las canciones más alegres de su nuevo trabajo, que viene cargado de crítica y duras historias vividas en primer persona. “De hecho, ya este primer single termina con un potente discurso del ex presidente uruguayo Pepe Mújica, un orgullo y un gran ejemplo de hombre bueno”. Sus nuevas canciones hablan de la memoria histórica, los refugiados o el feminismo, sin dejar de lado alguna historia de amor. “También voy a contar la historia de mi familia. Mi padre fue sacerdote, y cuando lo enviaron al pueblo de mi madre se enamoró de ella. Me siento muy orgullosa de esa historia de amor y por eso quiero contarla. Así que no me guardo ningún secreto. Hay sociedad y política contada a través de historias personales y familiares, así que no creo que nadie pueda molestarse”.

La albaceteña quiere defender con uñas y dientes este álbum, como ha hecho siempre con los derechos de las personas, olvidándose de géneros, sexos, orientaciones o razas. Este carácter reivindicativo la ha llevado en dos ocasiones a actuar en el Orgullo de Madrid, donde este año, convertido en WorldPride, repite. “Me siento muy orgullosa. Creo que lo mejor que le puede pasar a un artista es ser querido por el colectivo LGTB, que además es muy fiel a la cultura. Eso quiere decir que mis canciones hablan de igualdad, de respeto, de amor libre, de honestidad... Ojalá me convierta en un icono gay”. Va camino de ello, pues ya ha sido madrina de una pedida de mano entre dos lesbianas durante uno de sus conciertos, y en el videoclip de Girasoles, rodado en la madrileña plaza de La Cebada junto a muchos de sus seguidores, queda reflejada la lucha por el amor libre. Una batalla que aún hay que seguir librando. “A veces pienso que vivo en una burbuja porque en mi ámbito todo es genial, de hecho yo soy la rara porque soy la heterosexual. Creo que toda la gente es abierta, progresista, amable... Me encanta el mundo tan LGTB en el que vivo, pero no es el real. Veo las noticias, los movimientos de extrema derecha, homofóbicos, machistas y racistas que hay, y entonces me queda claro que hay que seguir luchando e intentar remover conciencias, cada uno a su medida”.

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