Wolfgang Tillmans: “No veo contradicción entre hedonismo y activismo”

El artista alemán protagoniza una magna exhibición en la Tate Modern de Londres: retazos de vida, bodegones contemporáneos, paisajes sobrecogedores y hombres guapos retratados en su fragilidad y su forma de vivir. Creatividad, homoerotismo y activismo unidos.

 

SHANGAY ⇒¿Por qué has llamado a tu exposición 2017 si recoge trabajos tuyos desde 2003?
WOLFGANG TILLMANS
⇒ Muchas exposiciones actuales incluyen abiertamente la palabra ‘now’ (ahora), supongo que para tratar de implicarse con el momento presente de los espectadores. Yo quería evitar esto. Inaugurar una exposición a finales de febrero de 2017 y titularla con ese mismo año deja bastante claro que, inevitablemente, no todos los trabajos podrán estar firmados en 2017: no hay tiempo material para hacerlos. Pero sí que quería hablar sobre mi idea del ‘ahora’, que comienza en 2003: el año de las primeras manifestaciones en contra de esa guerra entre culturas bajo la que aún vivimos. El momento en que se vieron expuestas a la opinión pública. Esas guerras siguen vivas, son las culpables de ese permanente estado de crisis en el que vivimos desde entonces. El grave malentendido entre las distintas culturas del planeta hoy, viene de allí.

SHANGAY ⇒ Pero tu retrato del mundo en imágenes no parece tan desolador: capta también la belleza de un mundo extraordinariamente variado, donde hay amor y vitalidad... ¿No es la tuya entonces una visión optimista?
WOLFGANG TILLMANS
⇒ Bueno, soy una persona optimista [risas]. Siempre he creído que hay que buscar soluciones, no rendirse, tener esperanza y confiar en las personas. Pero eso no quita que crea que vivimos tiempos muy turbulentos. Con efectos muy negativos. Estoy interesado en el poder del arte. Y sí, en esta exposición no todo es negativo: creo en el poder de la belleza, del amor..., y no pienso que esto sea contradictorio con que trate de mantenerme políticamente activo. No veo ninguna contradicción entre hedonismo y activismo.

SHANGAY ⇒ ¿Se manifiesta esta actitud en algo más dentro de la exposición?
WOLFGANG TILLMANS
⇒ Hay una cosa que me ha gustado mucho hacer: gran parte de los trabajos de esta exposición, piezas enormes que llegan a medir unos cuantos metros, no se pueden ver en otro sitio. No están en webs, no las muestro en ningún dispositivo ni red, solo se pueden ver en la sala. Me gusta haber hecho esto, porque también creo en la necesidad de volverlo todo más ‘slow’ (pausado). En un mundo donde las imágenes son omnipresentes, está en todas partes y ni siquiera dedicamos un tiempo a pararnos a mirarlas y reflexionar sobre lo que nos cuentan, me apetecía hacer una exposición así, donde el público tiene que estar presente si las quiere ver, forzado a contemplarlas a su ritmo, dándole un espacio para meditar.


“No quiero ser un artista exclusivamente gay, tanto en forma como en fondo”


SHANGAY ⇒ En los noventa eras el fotógrafo de la cultura rave, también retratista para revistas como I-D, donde fotografiaste hasta a Kate Moss. ¿Queda algo en tu trabajo de aquel fotógrafo que fuiste?
WOLFGANG TILLMANS
⇒ Creo que hoy estoy más definido [risas]. Sigo saliendo y sigo yendo a bailar, me encanta la música y todavía saco alguna foto de vez en cuando en clubs. En la exposición en la Tate Modern también hay fotos de las que he tomado en clubes. Es algo que no he dejado de hacer. Pero realmente nunca salí por la noche a tomar fotos: siempre salía porque me apetecía salir y, ocasionalmente, tomaba fotos.

SHANGAY ⇒ Solías frecuentar en los 00 el club londinense The Joiners’ Arms, ya desaparecido, con personalidades como Alexander McQueen, otro habitual en un sitio donde todo el mundo se mezclaba. ¿Echas de menos lugares tan libres como aquel, o todavía los hay en Londres?
WOLFGANG TILLMANS
⇒ Lo que me interesa aún de los clubes es que son lugares de cultura. Y que tienen un significado profundo para las gentes que acuden a ellos. Son, digamos, sus pequeños santuarios, donde pueden ser aquello que realmente son en libertad, y que les ofrecen cierta protección. Son sitios que marcan. Lugares como el Joiners’ Arms o el George & Dragon en Londres ofrecían un espacio en el que estar cómodo y seguro. Ocurre lo mismo en otras grandes capitales. Cuando analizas un país, hay muy pocos sitios a los que realmente puedes ir fuera del área metropolitana, sitios en los que expresarte con total libertad... Siempre he visto la vida nocturna como un fenómeno de una gran importancia cultural, que debe ser tratado con seriedad. Y ser protegido. No sé cómo será en España, pero en Londres muchos han desaparecido por la especulación, el alza incontrolada de los alquileres, la gentrificación...

SHANGAY ⇒ Pese a ser conocido esencialmente como fotógrafo, tu trabajo ha ido ampliándose con los años: instalaciones, vídeos, música... ¿Qué añaden todas estas prácticas a tu discurso?
WOLFGANG TILLMANS
⇒ Bueno, realmente no nací con una cámara insertada en el ojo... De hecho, la cámara llegó a mi vida como un último recurso, antes ya había probado otros medios. De joven pintaba y dibujaba, a los dieciocho diseñaba ropa, también hacía música..., y a partir de los veinte descubrí la cámara. Ya era, digámoslo así, transmedia en mis orígenes. Descubrí que la fotografía era muy poderosa como lenguaje: se podía utilizar para hablar de diferentes temas e implicaba una comunicación universal. Y a eso me dediqué los últimos veinte años. Sin dejar atrás el resto.

SHANGAY ⇒ ¿Y la música? Porque es algo que cada vez incluyes más en tu trabajo. En la Tate Modern incluso has desarrollado una gran instalación de luz y sonido, con tracks tuyos y de otros compositores afines, en el South Tank. ¿Qué te permite la música que no te da la fotografía?
WOLFGANG TILLMANS
⇒ La fotografía es también una composición. Constantemente aludimos a la imagen en términos puramente sonoros. Y al revés: muchas canciones, los propios sonidos, siempre me llevan a una imagen, mental o real. Cuando pienso en determinadas canciones, pienso en ellas en términos visuales. Es esa conexión la que me hace pensar, desde hace años, en darle una presencia más física a la música en mi trabajo. En términos de lenguaje, de palabra hablada. La música, en mi caso, no surge de estar en mi habitación, solo, con mi ordenador, como muchos artistas techno. Para mí viene de escuchar letras, de cantarlas: de las palabras. Por ejemplo, mi canción Device Control, que se editó en el álbum visual Endless de Frank Ocean. La tenía en la cabeza y la registré en la grabadora de mi iPhone. Canté toda la canción del tirón, muy metido, en mi cocina, una mañana cualquiera. Y surgió solo del juego con las palabras. Luego las llevé a un estudio con un ingeniero de sonido y un músico con el que trabajo, para preguntarle si podía convertir estas palabras en un tema de baile.

¿Cómo fue su colaboración con Frank Ocean? ¿A qué deportista español quiere fotografiar? ¿Por qué le parece tan importante ahora mismo el activismo LGTB? Pasa página

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