14/11/2019

Por qué nos fascina Tilda Swinton

11 junio, 2014
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Tenemos razones de peso para considerar a Katherine Mathilda Swinton una de las nuestras. Y no una cualquiera, sino un icono rebelde, inconformista y antisistema –pasa de redes sociales, pero está al tanto de la existencia de este divertido perfil falso sobre ella– por motivos que van más allá de lo cinematográfico. Su activismo LGTB, que muchos ligan a esa manida imagen de androginia que ha marcado sus treinta años como actriz, comenzó no tanto por su aspecto como por su condición de musa del director homosexual Derek Jarman, con el que debutó en el cine en 1985 y cuya filmografía compone uno de los vértices clave en el corpus enciclopédico de lo queer. Después de sus siete colaboraciones –habrían sido más de no ser por la muerte del director a causa del sida en los noventa–, llegaría Orlando, papel que la lanzó internacionalmente. Un personaje atemporal, que cambiaba de sexo indistintamente, para el que Virginia Woolf no podría haber imaginado rostro más pálido, inquietante y marciano.

Ahora que acaba de recibir el Visionary Award en Estados Unidos, se cumple también un año del recrudecimiento de la homofobia en Rusia, cuando la actriz no dudó en posar con la bandera arcoíris en plena Plaza Roja de Moscú, desafiando las leyes que condenan cualquier acto de lo que allí llaman equívocamente ‘propaganda gay’. Por ese y por otros muchos motivos –que incluyen la madre rusa de Io sono l’amore, la bruja blanca de Narnia, la oscarizada abogada de gesto hierático de Michael Clayton o cualquiera de sus bizarras incursiones en la música y el arte performativo–, ella es la Ziggy Stardust del cine. Tanto que se ha hecho amiga íntima de Bowie, aparece en uno de sus últimos videoclips y fue su emisaria para inaugurar la famosa exposición del V&A Museum sobre su figura. Ah, olvidábamos mencionar que ha trabajado con casi todos los directores interesantes de las últimas tres décadas: Fincher, Anderson, hermanos Coen, Jonze o Tarr, entre otros, y acaba de encadenar en cartel hasta tres películas: El gran hotel Budapest, Snowpiercer y esta Solo los amantes sobreviven, película de vampiros que firma su otro director fetiche, Jim Jarmusch.

Ilustración: Iván Soldo

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