22/09/2019

El injusto hundimiento de la Carey

12 junio, 2014

Para empezar, hay que tener valor para llamar un disco Me. I Am Mariah… The Elusive Chanteuse. Lo que en principio parece un título ridículo, deja de serlo al escuchar el decimocuarto álbum de la Carey, uno de lo más sólidos de su carrera. Puede que la portada invite a la broma fácil –ya es tradición que su photoshopeado extremo despierte una sonrisa–, pero su música hay que tomársela en serio.

Jugó al despiste Mariah –quizá por estar muy despistada– con varios singles que hacían prever lo peor– incluso para sus más fieles fans gays– pero que, una vez integrados en este exquisito ejercicio de estilo de la ‘elusive chanteuse’, cumplen su papel con dignidad. Un tanto a su favor. Además, así la sorpresa –para bien– es mayor.

Siempre ha sido Mariah un referente de la artificiosidad, uno de sus rasgos de estilo más característicos, y aquí la sigue desplegando, presumiendo de un registro que no sabemos si realmente mantiene –sin ayuda de la tecnología–. Se le perdona por la calidez del conjunto, una declaración de amor en toda regla al soul, la música disco, el hip-hop y el r&b que articula muy bien asistida.

Al contrario que el 80% de álbumes en que hoy día colaboran muchos de los nombres que aquí aparecen, la estrella es ella, y la Carey le da unidad y personalidad a un vibrante conjunto de canciones. Hasta se permite el lujo de apropiarse One More Try de George Michael, desde hoy tan suya como de su autor. Y ni siquiera chirría que sus niños participen, convenientemente autotuneados, en la inevitable Supernatural. Y es que Mariah ofrece lo que se espera de ella, pero con una clase insólita.

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