29/03/2020

Entre osos y polvos

1 julio, 2014
Léetelo en 5 minutos

No, John Ford y Anthony Mann no se están revolviendo en su tumba por el estreno de Mil maneras de morder el polvo. A lo peor, torcerían el gesto –o el parche– con sus chistes más incómodos, pero también puede que esbozaran una sonrisa al ver el patetismo con el que el personaje de Seth MacFarlane se desenvuelve en el lejano oeste. El creador de Padre de familia es, además de protagonista, el productor, coguionista y director de esta parodia del western que se le ocurrió mientras su equipo y él daban los últimos retoques a Ted. “Creo que fue viendo Cometieron dos errores, con Clint Eastwood, cuando empezamos a hablar de lo idealizado que aparecía todo en el viejo oeste, una época que debió de ser horrible y deprimente. Con la cantidad de veces que se ha explotado este género, nunca lo he visto retratado desde una perspectiva moderna. Nosotros queríamos meter a un personaje en ese ambiente reconocible y que al mismo tiempo tuviera conciencia de lo horrendo del lugar”. Ese personaje es Albert, un hombre que pertenece al far west, pero tiene la vista y el oído de un espectador racional a la manera de 2014. Si a eso le añadimos a Charlize Theron como coprotagonista, ya es más que suficiente para que MacFarlane decidiera colocarse frente a la cámara por primera vez.


Charlize Theron y Seth MacFarlane

Puede que desde Sillas de montar calientes no se recuerde otra burla al género como esta, pero MacFarlane no es Mel Brooks, ni sus intenciones satíricas se le parecen. Su idea de la comedia va por otros derroteros, más políticamente incorrectos, groseros a ratos. Un humor que ni siquiera tiene por qué caer simpático para hacer reír. “Mi teoría con el humor es que puedes incluir un elemento fuera de lo normal siempre y cuando el resto esté fundamentado en la realidad. En Ted, el oso cobraba vida, pero todo lo demás era real y accesible. De otro modo, tendríamos lo que llamamos ‘el montón absurdo’, broma sobre broma sobre broma, algo farragoso que no interesa al espectador. Aquí, salvo por el hecho de estar ambientada en el lejano oeste, todo lo demás, incluidos la historia, el lenguaje y la manera de hablar, está hecho al estilo 2014”.



Mil maneras de morder el polvo también será recordada como la película que se atreve a bajarle los pantalones y humillar a Liam ‘action hero’ Neeson y, por supuesto, como la comedia que últimamente mejor se ha aprovechado del potencial de un entertainer nato como Neil Patrick Harris, referente gay que lo mismo interpreta a un transexual en Broadway que al cacique bravucón del pueblo. “Neil es uno de los tíos con más talento en el mundo del entretenimiento. Es de esa clase de actores que había en los años 30 y 40, como Ray Bolger, que pueden hacer cualquier cosa. Canta, actúa, baila y lo hace todo bien. Le dimos licencia para que hiciera un personaje más exagerado si quería y encontró el tono ideal para convertirlo en único”.

Mi exitoso amigo Ted

Aunque Ted no aparece en Mil maneras de morder el polvo –la película cuenta con otra larga lista de cameos, de Ewan McGregor a Ryan Reynolds o Jamie Foxx–, MacFarlane reconoce que sin ella no habría podido sacar adelante un proyecto como este. “Por suerte, Ted funcionó lo suficientemente bien como para que todo el elenco confiara en una idea tan loca como esta. Cuando rodaba Ted recuerdo pensar que, si la película fracasaba, siempre podría volver a la tele. No creíamos que fuera a ser un éxito. No había ningún precedente para una película no recomendada para menores de 18 años que además incorporaba efectos visuales que solo suelen verse en películas de aventuras. La verdadera cuestión era si la gente sería capaz de captar esas sutilezas que habitualmente encuentra en las pelis de Judd Apatow en un película con una criatura animada. No queríamos que la gente lo viera como un personaje animado en un mundo de acción real, queríamos que se olvidaran de que era diferente del resto”. Según MacFarlane, la clave fue colocar a Ted en un lugar en el que podría haber estado, por ejemplo, Paul Rudd. “Mucho de eso tuvo que ver con el trabajo de Mark Wahlberg. Cuando ves sus tomas ahí sentado hablándole a la nada, tienes la sensación de que hay alguien a su lado. Mil maneras de morder el polvo es un poco más ambiciosa. No hay oso parlante, así que contábamos con más libertad para hacer lo que quisiéramos con la cámara”.

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