19/07/2019

Enoturismo: una alternativa para tus vacaciones

25 julio, 2014
Léetelo en 4 minutos

Valladolid, cuna de Castilla, allí donde llueve vino y se respira lechazo. Puede que seas reacio a todo lo que consideras ‘antiguo’, pero quizá se te olvida que de las raíces extraemos todo lo innovador. Tropiezas –quizá por casualidad o por recomendación de algún sabio amigo– con el enoturismo y decides dejarte llevar. Hemos disfrutado de una completa ruta para degustar vinos de la Ribera del Duero, con Valladolid como punto de partida y retorno, que ofrece una rica amalgama de experiencias. Y que se postula como una alternativa muy válida para quienes huyen en estas fechas de destinos hiperpoblados y buscan planes originales que satisfagan los paladares más exquisitos.

Si buscas un lugar para comer que mezcle los sabores de antaño y los experimentos del futuro, resulta muy recomendable el restaurante Los Zagales, situado en la Calle de La Pasión (junto a la Plaza Mayor). Se ha convertido en uno de los lugares de referencia de la ciudad del Pisuerga. Sus tapas son auténticas obras de ingeniería que pretenden la fusión entre lo tradicional y lo sorpresivo, con técnicas y vueltas de tuerca al alcance de pocos mecánicos de la cocina. Por ello, han sido galardonados con numerosos premios a nivel local y nacional, gracias a esas sabrosas propuestas en miniatura. «Obama en la Casa Blanca» (huevo, patatas quemadas, setas y base de hojaldre) «Tigretostón» (morcilla, cebolla y crema de queso envueltas en pan negro) o la «Baguetina Brava» (bocadillo de calamares con ajo y envoltorio comestible) son algunas de sus creaciones, que se recomienda bañar (claro está) con las propuestas de las bodegas de Castilla y León.

La vendimia en la Ribera del Duero suele comenzar la primera quincena de octubre, y dura entre 5 y 15 días. Para decidir las fechas óptimas se atiende la previsión meteorológica y se controla el estado de la uva, valorando todos los parámetros del saber y la ciencia del vino: grado alcohólico probable, acidez, pH, volumen de la fruta, antocianos y polifenoles. Hasta aquí los tecnicismos. Visitar una bodega como Legaris supone respirar tradición, catar sabor y captar la esencia. Para disfrutar del producto final es necesario apreciar el proceso, y ya de paso, no está de más aprender a diferenciar entre barrica francesa y americana…

Castilla también es ‘castillo’. Su inmensidad, a base de murallas y torreones, aparece perfectamente representada gracias a las bodegas Castillo de Peñafiel, otra recomendable parada de la ruta. Únicas por elaborar el exquisito vino tinto «Viejo Coso», galardonado con la Medalla de Oro en el prestigioso Challenge International du Vin de Burdeos. ¿Su secreto? Que duerme arropado por una iglesia del siglo XII, entre cuyos muros, en óptimas condiciones, maduran sus caldos. La bendición está asegurada.

Otra fortificación, esta con heridas de guerra del Medievo, guarda un lujoso hotel con aroma a lechazo de antaño. La Residencia Real Castillo de Curiel está cargada de historia en plena Ribera del Duero. ‘Escapada’ sería su apodo ideal, y ‘paradisiaco’, su seña de identidad. Perteneció al ilustre Alfonso X “El Sabio”, que con decisiones como esta se ganó a pulso el sobrenombre. Si sus piedras hablasen, narrarían todo lo que vieron desde los 927 metros de altura en los que se hallan. Un lugar privilegiado para contar cómo se puede tocar el cielo con los dedos. 

Si tu viaje no incluye presencia femenina alguna, tendrás que plantearte conocer a alguna muchachita de Valladolid, para brindar por Concha Velasco. Pues esta se define como independiente, agresiva, innovadora y, sobre todo, inteligente. En su mano porta una copa con la quiere brindar contigo, con un gesto sencillo y natural, sin artificios, reflejo de la filosofía y el estilo que contagia. Señorita Malauva, cuna del enoturismo urbano, ofrece vino como reclamo a un sinfín de actividades. Es solo la punta del iceberg: rutas, catas, cursos, presentaciones y todas las ideas innovadoras que puedan llegar desde los clientes, sin perder de vista que allí todo se hace con cierta mala uva… Transmite aromas, sabores, maridajes y, en general, la sensación de que el vino forma parte de una experiencia incomparable.

Por último, se recomienda disfrutar de texturas y colores en Trigo, que rompe con el estereotipo de restaurante y se disfraza de establecimiento camaleónico. Cuenta con una carta muy viva que se adapta a las estaciones y explota todas las virtudes de la región. Ingredientes que proceden de tierra, mar y aire para redondear su apuesta por la vanguardia y originalidad. Te conquista sin que te des cuenta, y te atrapa por su alta calidad. Ya no podrás salir de allí; tampoco es que uno quiera, una vez inmerso en la experiencia. Y de Valladolid, tampoco. Toda una sorpresa.

x

Shangay

Toda la actualidad LGTB + Cultura + Sexy + Ocio. Contenidos exclusivos cada semana en tu correo.