13/12/2019

Daniel Muriel contra el imperio de la manzana

6 agosto, 2014
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El día que hablamos con Daniel Muriel –que, entre otras cosas, nos confiesa que se muere por hacer un musical– se publicaba el siguiente titular en la prensa nacional: «Apple mejora el beneficio en un 61% con más de 41.000 millones de dólares». Para él, este es solo uno de tantos datos que podría deslizar a diario en Agonía y éxtasis de Steve Jobs de Mike Daisey, monólogo con vocación divulgativa que regresa los días 6, 14, 21 y 28 de agosto al Teatro Lara de Madrid para analizar, más que la figura del célebre fundador de Apple y Pixar, en qué se ha convertido la empresa de la manzana que prometía cambiar el mundo.

La conclusión a la que llega este montaje que dirige David Serrano no es por consabida menos sobrecogedora: Apple, al igual que otras tantas empresas cuyo neocolonialismo tecnológico no conoce límites, hace caso omiso a los abusos que afectan a miles de trabajadores en sus empresas subsidiarias en China, especialmente Foxconn. “Apple es la mayor empresa de Wall Street y es lógico leer titulares como este. Lo que no es tan habitual leer es que, por ejemplo, no pague impuestos en España. Nos han vendido que era una empresa diferente con eso del ‘think different’ [aquel icónico anuncio de Ridley Scott que animaba a rebelarse contra un sistema a lo 1984 comprando un Mac], de que luchaba por el ser humano y para crear un mundo mejor, y todo eso es mentira. Lo que Mike viene a decir es que un pequeño porcentaje de este beneficio se podría destinar a mejorar las condiciones de sus trabajadores en China. Toda esa gente vive como en la novela de Orwell, justo como Jobs no quería que viviéramos. Me parece muy bello como imagen ver cómo se ha dado esa vuelta, es una gran ironía. No quitamos ni un ápice a todo lo que hizo Steve Jobs porque es verdad que el iPhone es una pequeña maravilla, pero no así el modo en que lo fabrican”. En otras palabras, Agonía y éxtasis de Steve Jobs no curará la afección al adicto a Apple –’appleiano’, lo llaman aquí–, pero sí canalizará la ira de los más resentidos con su política.

SHANGAY ⇒ Más que un monólogo, la obra parece una conferencia de las que solía ofrecer Steve Jobs.

DANIEL MURIEL ⇒ Yo no lo definiría tanto como conferencia, aunque tiene sus partes. El original era más estático, entre otras cosas porque Mike Daisey [que ha interpretado en Broadway la función] pesa 140 kilos y está todo el rato detrás de una mesa. Yo me pongo en pie y hago todos los personajes con los que me voy encontrando. Una de las cosas que más me atrajeron del texto es que era diferente. Hay monologuistas muy buenos en este país que hacen stand-up comedy de una manera brutal, pero yo no me considero un tío gracioso de por sí, por eso me atraía saber que esto no iba sobre contar chistes.

SHANGAY ⇒ ¿Te atraía su contenido de denuncia?

DANIEL MURIEL ⇒ Hacer ver al espectador que las cosas no son como parecen me resulta increíble. A menudo la gente cree que los actores tenemos la obligación de comprometernos con la sociedad a un nivel mayor con ciertos temas, y no creo que sea así. Pero sí pienso que en el teatro hay cabida para una denuncia muy clara, porque desde un escenario adquiere una fuerza que no tiene un reportaje en televisión.


«STEVE JOBS FUE UN VILLANO EN CUANTO SE OLVIDÓ DE SU OBJETIVO INICIAL, Y UN HÉROE PORQUE REVOLUCIONÓ LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS DE LA TECNOLOGÍA»


SHANGAY ⇒ ¿Cuál era tu contacto con Apple hasta el momento?

DANIEL MURIEL ⇒ Mínimo, tengo un PC portátil que me regalaron hace años y tenía un iPhone, pero hace poco me lo robaron; imagino que será la maldición de Steve Jobs… [risas]. Nunca he sido muy tecnológico y hace cinco meses no tenía ni idea, pero ahora soy un especialista. Empecé a documentarme, leí varias biografías y comprobé que Steve Jobs era una figura impresionante, además de un tío que me caía muy bien. Fue un desastre en su vida personal y se las hacía pasar canutas a sus trabajadores, pero era auténtico, honesto y sin dobleces. Tanto, que se mató a sí mismo por su tozuda oposición a que le operaran el cáncer.

SHANGAY ⇒ A diferencia de Mike Daisey, tú le imprimes un ritmo frenético a la obra y te exhibes mucho más. ¿Cómo terminas después de cada función?

DANIEL MURIEL ⇒ Como si saliera del gimnasio. De hecho, el día que tengo función doble no hago cardio. Me ayuda el estar en forma, pero es que creemos que tiene que ser así, frenético. Y nos dijimos: ya que aquí el chaval es más guapo que el original, pues vamos a sacarlo mono [risas]. Si a diferencia de Mike yo puedo exhibirme más, pues adelante. Además, cuando pegas un parón a esa velocidad, el discurso crece en importancia e impacta más.

SHANGAY ⇒ ¿Prevalece el recuerdo de Steve Jobs más como genio visionario o como empresario despiadado?

DANIEL MURIEL ⇒ No sabría qué responder. Es como el Dos Caras de Batman, un villano en cuanto se olvidó de perseguir su objetivo inicial, y un héroe porque revolucionó los últimos 30 años de la tecnología. Pero también ha conseguido que, en cuanto quedas con cinco amigos, todos estén enganchados a un pequeño aparatito y nadie hable con nadie


Daniel Muriel posa como Steve Jobs lo hizo en 1984 para la cámara de Norman Seeff en la portada de Time. 
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