10/12/2018

Rubén de Eguia se tira a la piscina

7 octubre, 2014
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FOTO: David Urbano

Es la primera vez que Rubén de Eguia, al que descubrimos en La vida por delante, no ha tenido que pasar un cásting para hacerse con un papel, el de protagonista en El principio de Arquímedes, que puede verse en el Teatro de La Abadía de Madrid del 8 de octubre al 2 de noviembre.

Había trabajado anteriormente con su autor y director, Josep Maria Miró i Coromina, responsable de la comentada –por sus explícitas escenas gays– Gang Bang, y sabía que daba el perfil para este monitor de natación sobre el que recae la sospecha de pederastia por culpa de un gesto tan sencillo como perturbador. Para tranquilizar a uno de los niños que debe empezar a nadar sin ayuda, el monitor decide abrazarlo y le da un beso. ¿Dónde termina la empatía y empieza el abuso? ¿Culpable o inocente? “Este monitor de natación es un chico espontáneo, cuya bondad tiene que ser juzgada por el público. La obra te implica y tú tienes que posicionarte. Habrá gente que se cuestione su inocencia y otros que saldrán convencidos de ella, eso dependerá de la moral de cada uno”.

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La cotidianidad con la que estamos acostumbrados a ver la natación, deporte al que el propio Rubén es aficionado, le confiere un halo más perverso a la obra, que se aprovecha de todo el imaginario fetichista que lo rodea. “Los bañadores, los vestuarios… Yo nunca he vivido una experiencia similar en una piscina, pero si te paras a pensar en un chaval que está tan en contacto con los niños, semidesnudo, y que debe tocarlos y cogerlos para ayudarles, se te vienen a la cabeza tantas posibilidades que al final todo se reduce a una única cuestión: confiar o no en esa persona”.

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