15/10/2018

‘A escondidas’, o ese primer amor gay adolescente

9 octubre, 2014
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Ana Wagener, que interpreta uno de los personajes secundarios más destacados de A escondidas, junto al desaparecido Alex Ángulo, dice de A escondidas que es “un soplo de aire fresco, tanto en la forma como en el fondo”.

Su director, el bilbaíno Mikel Rueda, sentía necesidad de rodar esta historia, casi era una obligación para él. “Partí de vivencias personales de mi adolescencia, me parecía que determinadas maneras de sentir en una edad muy concreta no estaban reflejadas en el cine. Todavía hay sectores de la sociedad que no quieren oír hablar de homosexualidad en jóvenes de 14, 15 o 16 años, les incomoda que se saque el tema”.


    
Mikel Rueda decidió sacar a la luz sentimientos íntimos que son los que nutren su segunda película –la primera, Estrellas que alcanzar, la codirigió con Eduardo Barinaga en 2010–. Se convirtieron en la base de la historia de Rafa (Germán Alcarazu) e Ibrahim (Adil Koukouh), dos adolescentes que buscan su lugar en el mundo y a los que les cuesta normalizar lo que sienten el uno por el otro.

Lógicamente, cuando llegó la hora de ensayar con los actores, Mikel no pudo evitar sentir mucho pudor. “Volqué en el guion muchos recuerdos, mucho dolor…, y de repente me encontré ante dos chavales que empezaron a interpretar todo eso y a reflejarlo tan bien que era imposible no emocionarse. Intentaba que no se me notara, aunque no pude evitar algunas veces terminar llorando. Construimos una relación muy especial los tres”.

¿Por qué el hecho de que cuente una historia gay complicó el proceso de creación? Pasa página


No solo fue complicado montar la producción, también dar con los dos actores que interpretarían esa historia de iniciación sentimental gay. Cuando se convocó el cásting, Mikel Rueda decidió obviar un detalle: que los protagonistas eran gays. “Si se hubiera sabido desde el principio, en vez de presentarse tres mil jóvenes se habrían presentado trescientos”, asegura.

Adil Koukouh debuta en el cine interpretando a Ibra, que se encuentra en una situación complicada tanto por vivir de manera ilegal en España como por lo que empieza a sentir por Rafa. El actor de origen marroquí de 19 años, que empezó a rodar la película con 17 –y su compañero Germán, con 15–, confiesa que una vez supo la naturaleza de los sentimientos de su personaje se preocupó. “De primeras fue complicado, me sentí raro. Pero gracias al trabajo con Mikel y con nuestra coach enseguida me di cuenta de que simplemente había que comprender las cosas que vive el personaje y mostrarlas”. Él es un ejemplo de que para muchos adolescentes sigue siendo complicado hablar abiertamente de la homosexualidad. “Tengo amigos que sé que lo son [gays], pero no me lo dicen. No pasa nada, cada uno puede actuar como quiera, pero es verdad que sigue habiendo gente que prefiere llevarlo en secreto”.


    
 Si Adil Koukouh tuvo que enfrentarse a sus miedos a la hora de interpretar un personaje gay, le resultó más fácil proyectar sus experiencias relacionadas con la discriminación y el racismo. “A mí me sigue parando la policía a menudo por el simple hecho de ser marroquí”, cuenta resignado. Muy perfeccionista –cita a Javier Bardem como uno de los actores que más admira, “por su soltura y naturalidad”–, se tiró a la piscina para llenar de verdad su interpretación de Ibra, “un chico muy serio que no quiere tener amigos, que pone una barrera para que nadie se le acerque. Solo permite que lo haga Germán, porque siente algo por él que no sabe bien qué es”. Su mejor aliado fue su compañero de reparto. “Trabajar con Germán fue muy fácil, congeniamos desde el principio, y ahora puedo decir que es uno de mis mejores amigos”.

¿Por qué decidió el director no incluir sexo en la película? Pasa página

A escondidas podría haber sido un melodrama desaforado, pero Mikel Rueda apuesta por las emociones contenidas y por un tono naturalista que evita la lágrima fácil, quizá por ser él de Bilbao y haber ambientado allí su película. “Aunque ese detalle de no hablar abiertamente de los sentimientos es muy propio de la cultura vasca, y es cierto que rodamos en Bilbao, pretendo que la historia resulte universal”. A Rueda le interesaba mostrar, sin necesidad de recurrir a las palabras, las emociones que invaden a sus jóvenes protagonistas enamorados. “Es que los chicos no hemos sido educados en la sensibilidad; se nos dice que no debemos expresar nuestros sentimientos ni llorar. Porque si lo haces no entras en el grupo y te llaman nenaza o mariquita. Se sigue sin enseñar a los chavales a expresar sus sentimientos”

Al director vasco le gustaría contribuir a cambiar esa situación, y apuesta por una fuerte vocación didáctica en su cine. “Es necesario hacer pensar a la gente. Muchos chavales no irán a verla al cine, entre una de Spider-Man y A escondidas…, es lógico. Pero si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Por eso hemos firmado un convenio con el Gobierno vasco para llevar la película a los centros educativos, y queremos hacer lo mismo con el Ministerio de Educación. Mi intención es que la vean cuantos más jóvenes, mejor”.

Cuando se presentó en el Festival de Málaga, se comentó hasta la saciedad –como algo negativo– que no había secuencias de sexo en la película. Su director reconoce que llegó a sacarle de sus casillas tanto comentario repetido al respecto. “Era absurdo. Intentaban comparar mi película con La vida de Adèle, cuando son completamente diferentes”. No es que tuviera reparos en incluir escenas de sexo, es que no le interesaba hacerlo. “No pretendía mostrar la atracción física entre estos dos chicos; me interesaban los momentos previos de enamoramiento, cuando la vida se les viene encima porque sienten cosas que no son capaces de controlar. Me parecía más bonito de contar”.

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