17/02/2020

Todo lo que deberías saber de ‘Priscilla’

24 octubre, 2014

“First I was afraid / I was petrified”… El resto es historia. El clásico disco de Gloria Gaynor se convirtió en un himno gay a prueba de décadas –y de bodas–, y continúa despertando una emoción especial en todo aquel que lo escucha, sea o no gay, además de unas ganas tremendas de bailar. Hace 20 años, añadió un nuevo plus a su historial: pasó a formar parte de la banda sonora de Las aventuras de Priscilla, Reina del Desierto, del australiano Stephan Elliott.

La película se convirtió en un auténtico fenómeno global. La historia del viaje –físico y emocional– de dos drag queens y una transexual en un destartalado autobús por la Australia profunda no solo coincidió con una edad de oro del travestismo, también con un momento de apertura social en el que la comunidad LGTB empezó a disfrutar de una mayor visibilidad, y la normalización comenzó a ser una tendencia en alza. A estas alturas se puede calificar de clásico gay indiscutible. Es más, se puede decir que es un musical ya clásico. Su banda sonora está trufada de éxitos inmortales de la música disco y el pop (de Tina Turner, Donna Summer, Madonna, Cyndi Lauper, Village People, The Weather Girls), muchos de los cuales siguen siendo habituales en los shows de travestis y transformistas. 

En su viaje en el autobús Priscilla hacia un resort perdido donde van a presentar su drag show, la veterana Bernadette, el atribulado Tick y el pizpireto, sexy e insolente Adam descubren que tienen más en común de lo que a primera vista imaginaban. No solo porque los tres han sufrido el rechazo y los prejuicios de quienes, cegados por la intolerancia, no les respetan solo por ser la primera transexual y los otros dos gays, o porque adoran el travestismo. También porque, como el roce hace el cariño, van sintiendo que tienen objetivos similares en la vida: el mismo deseo de sentirse en paz consigo mismos, de aceptarse del todo tal cual son, de construir un mundo a su alrededor en donde primen la honestidad y el respeto… Uno de los grandes logros de la película de Stephan Elliott fue el de transmitir este mensaje camuflado bajo las carcajadas, el plumerío y el petardeo que imperaban en su cinta. Y el secreto del éxito del musical que ahora se ve en Madrid es el mismo. Tiene mucho que ver el mimo con que sus creadores trabajaron en la adaptación a los escenarios, y en el cariño con que el equipo creativo australiano que la estrenó en Sydney supervisa cada nueva Priscilla.

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El coreógrafo Andy Hallsworth es uno de esos nombres imprescindibles para entender qué es Priscilla, Reina del Desierto. El musical. “Es la décima vez que lo monto”, cuenta. “Lo estrené en Sydney, luego en Londres, creé una nueva coreografía para Broadway…, y ahora venimos de montarlo en Seúl, lo cual ha sido una aventura increíble, porque no es lo mismo trabajar en España que en Corea, donde la homosexualidad sigue siendo perseguida”. Daba por hecho que trabajar en España sería muy fácil y muy agradecido, “porque los españoles sois muy abiertos en cuestiones relacionadas con la sexualidad. Ya lo he podido comprobar con los increíbles intérpretes y bailarines con los que he trabajado”. Que ha logrado un nivel de confianza y conexión importante con algunos lo hace muy evidente; pasa por nuestro lado Christian Escuredo, que interpreta a la musculoca Adam y le hace levantarse la camiseta para que admire su esculpido cuerpo. “Ojo, que todos los actores que he conocido que han interpretado a Adam en el mundo han sido portada de la revista gay más importante de cada país. ¡Tenéis que sacar a Christian en portada!”. Es un cachondo Andy, además de un gran profesional, que asegura que era muy importante contar con un grupo de actores espléndido para esta Priscilla. “Los personajes pueden resultar poderosos y masculinos en un momento dado, y juguetones y femeninos al siguiente. Encima tienen que resultar creíbles y fabulosos como drag queens. Hacen falta actores muy completos”.



Hallsworth se identifica mucho con el universo que muestra Priscilla, y en cierto modo siente que estaba predestinado a convertirse en parte de esta familia. “Llegué con 17 años a Sydney para trabajar en mi primer musical, y al poco tiempo no solo estaba muy familiarizado con la escena drag, también conocí al equipo que estaba empezando a trabajar en el proyecto de la película”. Cuando años después le ofrecieron coreografiar el musical la inspiración le llegó rápidamente de muchos lugares: “El desfile del Orgullo gay del Mardi Gras, los fantásticos espectáculos en hoteles donde artistas gays y drag queens arriesgaban y sorprendían… Era mi mundo, al fin y al cabo”. Contribuir a que una parte de la cultura gay llegue al gran público es algo que le enorgullece profundamente. “Es maravilloso comprobar la reacción que este musical provoca: que todo el mundo se dé cuenta y acepte que los gays amamos y sentimos como los demás es emocionante”.

Dean Bryant, director artístico del show, también ha vivido con enorme intensidad la aventura de poner en escena Priscilla en Madrid. Cuenta que tenía una imagen de los españoles que no termina de coincidir con lo que se ha encontrado. “Imaginaba que erais más exagerados, como los italianos, y resulta que no”. Explica que los cambios que ha habido que introducir en el musical han sido mínimos para adaptarlo al público español. “Únicamente hemos sustituido algunas bromas que aquí no funcionarían, y en canciones que son fundamentales a nivel dramático para el desarrollo de la acción se han traducido algunas estrofas del inglés. Por lo demás, esta Priscilla incluye los mismos ingredientes que las que se han estrenado antes: grandes actores, chicos sexys y chicas divertidas”.

Si Priscilla, Reina del Desierto ha sido tan bien recibido ya en doce países es gracias al carácter universal tanto de su mensaje como de la música que ayuda a transmitirlo. Seas o no drag, seas o no gay, trata cuestiones que preocupan y emocionan a una gran mayoría. Más allá de las plumas, los ritmos discotequeros y los tributos a Madonna o a Gloria Gaynor –que encima animan–, hay un fondo cargado de sentimiento, tal y como explica Dean Bryant. “Habla de cómo debemos aceptarnos a nosotros mismos, de cómo debemos ser valientes para vivir la vida que soñamos, de cómo todos luchamos por nuestras familias, sea la biológica o la que hemos decidido formar libremente, de lo importante que es ser tolerante y luchar contra los prejuicios…”. También se muestra orgulloso de contribuir a perpetuar la fascinación por los drag shows. “El número más retro del espectáculo, el que protagonizan Les Girls, está inspirando directamente en un show de cabaret protagonizado por drags en Sydney en los 70, que era de lo más popular en el mundo hetero. Lo bueno de Priscilla es que al ser un musical para todos los públicos se amplifica el impacto”.

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Travestidas en busca de amor

Seamos concretos: son una transexual y dos gays quienes se embarcan en un viaje de reivindicación, autodescubrimiento y despliegue de arte drag. Los tres actores que dan vida a los protagonistas están viviendo su particular ‘viaje al centro de Priscilla’ desde que se iniciaron los ensayos. El caso de Mariano Peña es especialmente llamativo, obviamente. Viene de interpretar al archiconocido facha retrógrado Mauricio Colmenero en Aída, y ahora presume de curvas y vestidos como la transexual Bernadette –se alterna en el papel con José Luis Mosquera–. Eso sí, en cuanto no tiene ensayo o función busca un asiento, como cuando charlamos. “El baile me lleva loco”, afirma resoplando. “Estoy rodeado de niñatos de 20 y 30 que lo llevan fenomenal, pero yo no”. La ficción se proyecta en la vida real, porque su Bernadette es una artista de la vieja escuela que defiende el playback por encima de todo, mientras la marica hiperactiva Adam no concibe su show sin cantar en directo; cada generación tiene lo suyo. “Mi personaje no tiene fondo para hacer todo eso, tiene una trayectoria, un peso…”. Como el propio Mariano, vamos.



Si en algo están de acuerdo los protagonistas del musical es en que les permite alejarse mucho de su realidad y vivir experiencias radicalmente opuestas a las de su día a día. Mariano Peña además se aleja de un modo drástico de su personaje más popular. “De pronto me ofrecieron a Bernadette, que más que un bombón es una tarta al whisky. Y he pasado de dar vida a un homófobo a una transexual”. Ha pasado de estar todo el día con el pelo engominado a lucir pelucas XXL, y lo lleva bastante bien. “Me ayuda mucho la experiencia externa a la hora de crear mis personajes. Y en el momento en que me ponen el corsé de ballenas, tipo Escarlata O’Hara, ya te feminizas”. Él se esfuerza por potenciar el lado cómico de Bernadette, frente al poso ácido que le aportaba Terence Stamp en la película. “La suya tenía un punto oscuro y amargo que aquí se ha limado, se le ha añadido brillo”. Afirma estar encantado de convertirse en un abanderado de la transexualidad desde las tablas (“ya es hora de que todo el mundo la acepte con normalidad”) y considera que sacar tanta pluma en el musical es un ejercicio liberador. “Que cada cual saque lo que quiera, sea pluma u otra cosa. Lo importante es que todos podamos proyectar lo que nos apetezca en cada momento, mientras no molestemos al de al lado, y que nadie se asuste ni se extrañe”.



Christian Escuredo no se asusta de nada; al contrario, está encantado con todo lo que conlleva su personaje. Adam –Felicia cuando se traviste– es una loca pizpireta, hiperactiva, musculoca y exhibicionista que ama a Madonna sobre todas las cosas, y aprovecha cada ocasión posible para demostrarlo. Se ha entregado en cuerpo y alma a la experiencia. “Es muy frívolo, aunque al final se ve que es buen tío. Y en esta gran fiesta gay él es quien más la vive. Le encanta el postureo, y lo vende bien”.

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Christian cuenta que él de pudor, cero. Y menos ahora que se ha trabajado a conciencia su cuerpo para dar la talla. Aunque a él se gustaría estar aún más mazado… “Estaba más tocho, pero con los ensayos he perdido algo de peso. Me pasaba la vida en contacto con mi entrenador, para que me motivara. Me tenía que levantar a las siete para entrenar, y a las once de la mañana estaba ensayando”. No se queja, porque ya llevaba meses de sacrificio en el gym sin ni siquiera saber si el papel sería suyo. “Estaba en el musical Sonrisas y lágrimas, y cuando acabó me vi en bragas. Cuando me enteré de que se iba a montar Priscilla supe que quería interpretar a Adam, porque nunca había hecho algo tan distinto a todo, ni tan exagerado”. Se metió al gimnasio a lo bestia durante seis meses y llegó a los cástings con el físico requerido. “Es algo que proyecté y conseguí”.



En su afán por hacer al personaje lo más creíble posible, también se curró por su cuenta la faceta de drag. “Observé mucho a gente de mi entorno y me entrevisté varias veces con una drag de Ponferrada que se llama La Canalla, que se ofreció a abrirme su casa y su vida”. En su primera experiencia con plataformones, asegura que los vertiginosos cambios de vestuario –en total se utilizan más de 500 trajes– y maquillaje –los actores utilizan máscaras especiales a partir de moldes personalizados– suponen el mayor desafío para los nervios de todo el elenco. El exhibicionismo que exige el papel lo lleva bien. “En otras obras he tenido que hacer desnudos integrales, y quizá siendo más joven esos sí me costasen un poco más, pero lo que me exige Adam no me cuesta nada”. Montado como Felicia, Adam vive uno de los momentos más dramáticos de la función: su desafío a un grupo de pueblerinos retrógrados termina en paliza. “Aunque Priscilla habla principalmente de felicidad, de amor y de amistad, también se tratan la discriminación y la homofobia”.

Jaime Zaratain interpreta a la más sensata –cuando no está travestido– de las drags. Tick, su personaje, se ve obligado a enfrentarse tanto a su pasado –heterosexual– como a su presente –un hijo que no conoce–, y a la vez va tomando conciencia de esa otra familia que está creando con sus compañeras de viaje, en las que se refugia cuando tiene bajones. “El primer musical que hice fue La jaula de las locas, con lo que tuve una buena escuela”, explica. Y recalca lo positivo que resulta un espectáculo así, que apuesta por la visibilidad y el respeto a la diferencia. “Todo lo que sea para afuera, ayuda. Y si este espectáculo contribuye a una mayor normalización de la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad, estupendo”.


EL MUSICAL ‘PRISCILLA. REINA DEL DESIERTO’ SE REPRESENTA EN EL NUEVO TEATRO ALCALÁ (C/JORGE JUAN, 62) DE MADRID. MÁS INFORMACIÓN EN WWW.PRISCILLAELMUSICAL.ES


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