05/12/2020

Jose Coronado: ‘Soy un privilegiado’

20 noviembre, 2014

JERSEY: ANGLOMANÍA.
GABARDINA: ROBERTO VERINO.
PANTALON: HOMINEM PARA EL CORTE INGLÉS.
BOTINES: JIMMY CHOO.

Fue cocinero antes que fraile. O mejor, modelo –y agente de modelos– antes que actor. Así que, mientras protagoniza el reportaje fotográfico que ilustra esta entrevista, se mueve con soltura entre el fotógrafo, el estilista, la maquilladora… “Tengo asumido que, hoy día, para promocionar mi trabajo y hacerlo llegar a la gente lo mismo tengo que ir a El hormiguero y meter la mano en un recipiente lleno de babosas que protagonizar editoriales de moda… Tampoco disfruto especialmente hablando de los personajes, lo que me gusta es hacerlos y pasar el día entre travellings”. Aun así, entre burros tampoco se desenvuelve nada mal.

Mientras se ultiman los distintos looks con los que después posará, Jose Coronado se congratula de la suerte que ha tenido, sin un ápice de falsa modestia en su tono. “Soy consciente de cómo el azar ha jugado a mi favor y de que soy un privilegiado. Supe jugar mis cartas cuando este llamó a mi puerta”. Considera que si está aquí ahora, a los 57 años, con un Goya en casa –por No habrá paz para los malvados– y con un gran momento de popularidad –por la serie El príncipe– es gracias a la suerte que ha tenido. “Algo bueno tuve que hacer en otra vida para que me estén premiando así en esta”, afirma con una amplia sonrisa.

No es que lleve una buena racha, es que son casi treinta años los que siente que dura este buen momento. “Cuando realmente llamó el azar a mi puerta fue cuando Enrique Urbizu me ofreció trabajar por primera vez con él en La caja 507. Corría el año 2001 y Coronado encontró una oportunidad de oro de cambiar de registro. “Hasta ese momento todavía hacía personajes muy ‘blancos’, algún que otro galán, venía de Periodistas… Enrique me ofreció un personaje oscuro que me permitió tocar otro registro, y conseguimos que impactara”.


“ESTAR EN LA CUERDA FLOJA SIEMPRE ME HA PUESTO CACHONDO”



CAMISA: ELEVEN PARIS

Urbizu y Coronado crearon una sólida alianza creativa que se prolongó en La vida mancha (2002) y No habrá paz para los malvados (2010). Con esta última, gracias al personaje de Santos Trinidad, llegó el momento de recoger lo sembrado, y recibió halagos y premios a lo grande. “No fue cosa del azar, sino del talento de Enrique para contar una historia muy potente que era puro músculo, y en la que tuve un personaje difícil pero en el que me encontré muy bien”. El ‘momento premios’ lo vivió como un gran subidón, pero no se le subió a la cabeza. “Me imprimió una mayor autoexigencia a la hora de acometer nuevos proyectos”.

Atrás quedaban momentos surrealistas de su carrera, como cuando se midió a Isabel Pantoja en Yo soy esa (1990), experiencia que recuerda como muy complicada. Y no solo por la dentadura postiza relumbrante con la que tuvo que trabajar para encarnar a un galán propio de la era Cinesa. “Fue un toro difícil de lidiar, con una protagonista que no sabía lo que era el cine y un director que solo estaba pendiente de la peineta de Isabel; yo solo contra esos miuras. Un reto tremendo, aunque estar en la cuerda floja siempre me ha puesto cachondo”. Asegura que solo la ha vuelto a ver en una ocasión tras el estreno. “Con mi hija, cuando era pequeña [en diciembre cumple 12 años], para que viera a papá con traje de rayas, cantando y haciendo el payaso”.

¿Sabes cuál es el personaje gay que le ha marcado? Pasa página


CARDIGAN: CERRUTI 1881.
CAMISETA: HOMINEM para EL CORTE INGLÉS.
ABRIGO: ZEGNA.
PANTALÓN: AMAYA ARZUAGA.

Si Jose Coronado se muestra tan agradecido a esa ‘galanura’ que practicó en su primera etapa es porque fue la que le proporcionó trabajo. “No conocía las herramientas de la interpretación y eso fue lo único que me abrió puertas. Tuve la suerte que todos esos personajes los hice cuando había mucha menos competencia, y así pude ir aprendiendo a la vez que trabajaba. Tardé muchos años en sentirme actor”. Y no borraría ningún trabajo de su currículum. “Estoy aquí gracias a todos los pasos que he dado; he aprendido más de lo que no debía haber hecho que de lo que suponía que tenía que hacer”.

Sorprende que, puestos a escoger un trabajo fetiche, no se decante por el personaje que le valió el Goya, sino que se va mucho más atrás, a 1996, a una función de teatro que quienes tuvimos la suerte de ver tampoco hemos olvidado. En Algo en común, del autor y actor abiertamente homosexual, Harvey Fiernstein, con dirección de Paco Pino, encarnó su primer personaje gay —después vendría el policía que se enamoraba del personaje de Miguel Ángel Silvestre en la película La distancia (2005)–. “Creo que en esa obra es donde mejor he estado”, afirma con rotundidad. “Interpretaba a un homosexual que perdía a su pareja, y es de los trabajos que más me han aportado, tanto a nivel profesional como personal. Era una obra que hablaba del amor con mayúsculas, y me ayudó a abrir mi mente y a derribar tabúes y prejuicios”. Sorprende escucharle confesar que tenía cuestiones íntimas que resolver relacionadas con la homosexualidad, y no le importa reconocerlo. “Aunque siempre me he considerado muy abierto, esa función me exigió tocar teclas que me removieron, para bien”.


“INTERPRETAR UN PERSONAJE GAY EN ALGO EN COMÚN ME EXIGIÓ TOCAR TECLAS QUE ME REMOVIERON, PARA BIEN”



JERSEY: ROBERTO VERINO.
CHAQUETA DIESEL.
PANTALÓN: EMIDIO TUCCI para EL CORTE INGLÉS.

Si el personaje que le proporcionó su mayor éxito de crítica en cine no le resultó sencillo por lo complicado que veía que el público pudiera empatizar con él, de nuevo se ha visto en un reto similar a la hora de encarnar a Carlos en el thriller Fuego, del bilbaíno Luis Marías. La premisa es dura: Coronado se pone en la piel de un policía que, por puro azar –este elemento que tanto se repite en la vida del actor–, se salva de un atentado en el que muere su mujer y su hija pequeña pierde las dos piernas. Once años más tarde, él tiene un nuevo trabajo y la hija –a la que da vida Aída Folch– vive recluida en casa; ambos siguen obsesionados por el suceso que cambió sus vidas, y aunque el ex policía sabe que el terrorista de ETA responsable que puso la bomba en su coche está en prisión, planea en secreto una venganza personal contra su mujer y su hijo, que viven en Lekeitio. “Es un caso de doctor Jekyll y Mister Hyde. Las ansias de venganza le corroen, y aunque no es mala gente, y su conciencia le dice que lo que pretende hacer no le lleva ningún sitio, no puede remediar actuar como lo hace”. No desvelaremos aquí su perverso plan, pero desde luego se deja llevar hasta límites insospechados por el odio que le ciega. “Una vez le entendí no me pareció tan difícil interpretarlo, pero sí lo es hablar de un tema tan complicado para nosotros, aunque por suerte está en vías de solución”. Destaca Coronado la imparcialidad con que el director quiso contar esta historia de vidas truncadas por el terrorismo, y que por eso quiso incluir tanto el punto de vista del policía cuya familia se rompe como el de la mujer del etarra. “Al final, lo que cuenta es que el odio que genera la barbarie no lleva a ningún sitio más que a destrozarte. Y esta es una historia de perdedores”.

No es la primera vez que participa en una película que toca el delicado tema del terrorismo. Y recuerda que fue mucho más complicado el rodaje de Todos estamos invitados (2007), de Manuel Gutiérrez Aragón, en donde encarnó a un profesor de universidad amenazado de muerte por ETA. “En esa ocasión tuvimos que trabajar con la Ertzaintza protegiéndonos. Y tenía una secuencia en la que 400 alumnos miraban con odio a ese personaje, y vaya si sentí el odio de esas personas a las que aleccionaron para que me odiaran, estoy seguro que a la mitad de ellos no les costó. A mí, como actor, me sobrepasó la energía de toda esa gente”. En esta ocasión apenas hubo un incidente reseñable durante el rodaje en el País Vasco. “En una secuencia nocturna, en mitad del silencio, se escuchó a alguien gritar ‘hijo de puta, Coronado, vete para España, fuera de aquí’. Bueno, un descerebrado, los hay en todos lados…”.

¿Qué estrella de Hollywood le sacó de sus casillas en un rodaje reciente? Pasa página


​CAMISA: ELEVEN PARIS.
CHAQUETA: EMPORIO ARMANI.
PANTALÓN: CAROLINA HERRERA.

Si algo se propone Coronado con cada personaje es sorprender al potencial espectador. Vistos los registros en que se mueve en esta etapa de su carrera, especializado en tipos turbios, cualquier ayuda externa es agradecida. Como el infame pelo que lucía en El cuerpo (2012), coprotagonizada por Belén Rueda y Hugo Silva, del que se habló más que de su interpretación. “Estaba más que justificado. Interpretaba a una especie de cuervo, un tío que escondía mucho, otro muerto en vida de los que he interpretado, y me venía muy bien esa imagen. Tuve que hacerme un tratamiento fortísimo de keratina para alisarme el pelo, y cada mañana de rodaje me pasaba 40 minutos bajo el secador”.

Habla de los gajes de su profesión con naturalidad, huyendo de cualquier posible mitificación de los pequeños –o grandes– sacrificios que pueda conllevar en ocasiones. Coronado está lejos de aquellos actores que actúan como grandes estrellas a todas horas, porque, literalmente, no los soporta. “Me llevan los demonios cuando veo a actores que actúan así. Por eso no me gusta nada el star system americano. Y menos después de sufrirlo”. Se refiere a la experiencia de rodar el año pasado en Rumanía What About Love, junto a Andy García y Sharon Stone. Y no lo dice por él, con quien asegura que hizo buenas migas, sino por ella. “Era capaz de tener al equipo esperando dos horas, y de decirle al director que o ponía cámara donde ella decía o no rodaba… Situaciones que me horrorizaron. Quien va de estrella para mí es gilipollas”.


“QUIEN VA DE ESTRELLA PARA MÍ ES GILIPOLLAS”



​CAMISA: ELEVEN PARIS

Una de sus asignaturas pendientes es la comedia. Por eso ha disfrutado tanto con su pequeña colaboración en la próxima película de Alfonso Albacete, Solo química, protagonizada por Ana Fernández, Rodrigo Guirao y Alejo Sauras. “Me reí muchísimo con el guion, y Alfonso me parece el rey de la comedia romántica, así que cuando me lo ofrecieron no dudé”. Espera que a partir de ahora le ofrezcan más. “Creo que no lo haría mal, porque la vida la concibo en clave de comedia. ¿Que ahora me toca interpretar tipos duros? Pues feliz. Ante todo, intento vivir con una sonrisa perpetua. El que ha reído toda su vida se asegura una vejez agradable”.

¿Sabías que tuvo una época supercanalla? Pasa página


JERSEY: ROBERTO VERINO.
CAZADORA HOMINEM para EL CORTE INGLÉS.
PANTALÓN: BURBERRY PRORSUM.

Define su look habitual como “sencillo y discreto. Siempre voy con vaqueros, camiseta y botas. Cuando me maqueo es porque el protocolo de un evento lo requiere. Si no, no gasto ni un segundo en ver qué me pongo. Me encanta ver a la gente guapa, hombres o mujeres, pero en mi caso no me compensa esforzarme por ir arreglado”. Cuando se ve obligado a dejarse vestir para reportajes como este, al menos procura sacarle el lado positivo –como siempre– a la experiencia. “Agradezco cuando escucho ‘qué guapo Coronado a los cincuenta y pico’. Eso ya me compensa, veo que el esfuerzo no cae en saco roto”. También debe considerarse un privilegiado de que le sigan proponiendo sesiones de moda, porque no es habitual ver modelos de su edad como perchas de las últimas tendencias. “Es un honor, y me alucina”, asegura.

‘Culpa’ a la genética y al mucho deporte que siempre ha hecho de mantenerse en tan buen estado de forma. “De los 15 a los 25 fue cuando más hice”, recuerda. “Estuve tiempo viviendo de las rentas, porque hasta los 30 me castigué como no lo ha hecho nadie, y hace diez años recuperé la necesidad de cuidar la carcasa”. Tiene el gimnasio frente a casa, aunque tampoco lo frecuenta excesivamente, prefiere otro tipo de actividades deportivas: “Montar a caballo, esquiar, jugar al pádel… Soy muy competitivo, así que los que más me gustan son los deportes en que hay que ganar un punto, o un café con leche; en esos me dejo la vida”.

Su hijo Nicolás, que ha seguido los pasos del padre y trabaja como modelo y actor, es además uno de sus principales aliados a la hora de cultivar esa competitividad. “Me siento orgulloso de haberle inculcado la pasión por el deporte. Desde los 13 años se lo lleva currando y el cabrón tiene a los 25 un cuerpo brutal. Ahora es él quien me anima: ‘Papá, tío, ponte las pilas’, tiene metida la droga del deporte bien dentro”. Y entiende perfectamente que la moda y la actuación se hayan convertido en prioridades para él, de casta le viene al galgo. “Tanto por su madre [Paola Dominguín] como por mí, ha mamado esos mundos desde pequeño, me parece lícito que esté probando con los dos”. No es en absoluto un padre sufridor, por lo que dice. “Está currándoselo, formándose y ganándose sus pelas, ¿por qué iba a sufrir? Yo hasta los 30 no me encontré con esta profesión, y sin tener vocación… Lo único que le pido es que esté alerta. Y que deje un buen recuerdo por donde pase, porque eso la vida te lo devuelve”.


​CAMISA: ELEVEN PARIS

FOTOS: Vicent Urbani
ESTILISMO: Miguel Gracia y Marta Blanco.
PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: Naomi Gayoso (Talents) para Inglot España, Termix y Mön (I.C.O.N)
AYTE. FOTOGRAFÍA: Pablo Aguilar. 

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