02/04/2020

¿Qué fue de las ‘gatas’ de Dinastía?

27 noviembre, 2014
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Retrocedamos alrededor de 34 años. El dinero, la fama, el vicio y los vaivenes del éxito se concentran en un lugar llamado Estados Unidos. A John Lennon le costaba caro su activismo, y un actor como Ronald Reagan entraba en la Casa Blanca. Precisamente, en el mundo de la interpretación irrumpía un producto que todavía retumba en la memoria de varias generaciones. La familia Carrington, petrolera y versallesca, asomaba sus problemas éticos por encima de los bolsillos desahogados. Sus comienzos fueron difíciles, pero al poco tiempo nadie era capaz de escuchar la palabra Dinastía y mostrar estupor.

Más allá de la trama (cuenta con uno de los primeros personajes gays de la ficción) y la importancia del maquillaje, joyas y peinados, tres palabras resumen toda la acción: pelea de gatas. Todo episodio incluía una batalla entre las dos rivales femeninas, Alexis (Joan Collins) y Krystle (Linda Evans), donde lo sádico y lo humillante se encontraba repartido en dosis del 50 por ciento. Nada de llorar o empatizar, la palabra muerte se elevaba más allá de lo que supone perder la vida, pues en la controversia estaba el sobrevivir de la serie.


Evans: “En aquel momento no era un problema ser rico y demostrarlo”


Tal vez las dos escenas más famosas (o las más viralizadas) son las protagonizadas en la cabaña para pintar y en el estanque. El motivo era lo de menos, lo importante era que su ropa no se pudiese volver a usar. Los giros de cuello previos a los puñetazos son dignos de análisis. Si no hay tortícolis crónica, estamos hablando de dos ‘portentas’.

Una era el cásico producto californiano y la otra estaba empeñada en ser la más ‘loca’ de Hollywood, tal y como relataba en Pasado imperfecto, su libro de memorias. Dinastía caía con el muro de Berlín en 1989, pero donde hubo fuego quedó ceniza eternamente. La rivalidad entre Collins y Evans perduró con… ¿cambio de papeles incluido? La rubia dejaba de ser la tonta para ser la mala, o al menos eso parece. En el año 2007, una supuesta pelea entre las dos durante la presentación de una obra de teatro acabaría con Collins fuera del escenario previo empujón de su archienemiga. Acto seguido, varios medios publicaban lo que se presuponía una venganza firmada por la propia Joan: “Por qué no volveré a trabajar con Linda Evans”, titulaban los mentideros, haciendo alusión a relatos que no dejaban en buen lugar a la mujer atormentada en la ficción.

Evans, a la que en su momento se acusó de no querer besar a Rock Hudson en la serie por miedo a contagiarse del sida –aunque cuando trabajaron juntos en 1984 él todavía no había hecho pública que era VIH positivo–, aclararía en 2011 en un libro que si su beso en la ficción fue tan casto en realidad se debió a la actitud de Hudson, que se negó a mostrar mayor fogosidad, para protegerla, según escribió. De ese modo zanjaba un rumor que durante años también perjudicó su imagen pública.


Collins: “Mi primer marido me violó a los 17 años”


En la actualidad, Evans reside en Tacoma y dirige una cadena de gimnasios, mientras que Collins era noticia en los últimos días por confesar que su primer marido uso las drogas para violarla cuando tenía 17 años. Más de treinta años después, su leyenda sigue siendo más fuerte que cualquier golpe encajado. Con canas y arrugas siguen manteniendo aquella magia que cosecharon gracias a su estilo. ¿Cuántas pueden decir lo mismo?

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