25/09/2020

Concha Velasco: “Creía que era incombustible, y no lo soy”

28 noviembre, 2014

“Estoy enamorada de Gerald Butler”, afirma con una gran sonrisa. Podría ser un titular jugoso, pero en realidad es una de sus bromas –aunque va en serio–. Concha Velasco nos recibe en su camerino del teatro Bellas Artes de Madrid –repleto de fotos de familiares y amigos que han acudido ya a verla, y coronado por un enorme retrato suyo caracterizada como Hécuba y otro de su monólogo confesional-musical Yo lo que quiero es bailar–. Ahora se enfrenta a un enorme reto diario, porque Olivia y Eugenio, de Herbert Morote, es prácticamente un monólogo también, en el que la acompaña un actor con síndrome de Down (se turnan dos en las distintas funciones).

Olivia es una madre con carácter, una galerista a la que le diagnostican un cáncer terminal y que decide que lo mejor es recurrir a la eutanasia, y llevarse consigo a su indefenso e inocente hijo. Velasco ejerce casi como segunda madre de sus compañeros de reparto –“imagínate, qué bonito, convertida de repente en profesora a mis 75 años”–. Y una vez explica el cariño tan especial que siente por ellos, volvemos a Butler. “Mi anterior obsesión era Brad Pitt. Ahora, mi novio, como dice mi nieto, es Gerald Butler. Ya ves tú cómo es, ¡un cachas, el de 300! Que no tiene nada que ver con lo que yo necesito…”.


“EL PÚBLICO ES EL AMANTE FIEL, EL QUE NO ME FALLA NUNCA: NO VEN MIS ARRUGAS NI MIS DEFECTOS”


Se disculpa Concha por no posar en esta ocasión en exclusiva para nosotros. “Si voy a hacer fotos para Shangay necesito tener mucho tiempo, para que sea especial, y ahora mismo no lo tengo, estoy un poquito agobiada con el trabajo. Tengo un recuerdo tan maravilloso de aquella sesión que hicimos en su día” [Fue portada en enero de 2007, fotografiada por Jose Oyón, cuando reestrenó Filomena Marturano]. Sí nos atiende en exclusiva justo cuando cumple 75 años, para hablarnos de su trabajo, de su reciente enfermedad y de cómo se siente ahora que ha vuelto a la actividad profesional. Concha Velasco demanda mucho cariño, y no duda en confesarlo.

SHANGAY ⇒ ¿No es mucho palizón para ti ‘Olivia y Eugenio’?

CONCHA VELASCO ⇒ Sí. Pero es un texto muy especial. Tenía previsto hacerla incluso antes que ‘Hécuba’, pero no pudo ser, y ahora ha llegado el momento. Para mí ha sido duro prepararla, porque me ha costado separar a la persona de la actriz. Siempre he pensado que mis mejores trabajos son aquellos que no tienen nada que ver conmigo. ¿Qué tengo yo que ver con Santa Teresa? Por desgracia para mí, nada. Me gusta mucho vivir esas vidas sobre el escenario o ante la cámara. Tuvo que ser José Carlos Plaza quien me convenciera de que este personaje tampoco tenía nada que ver conmigo…

SHANGAY ⇒ Aunque Olivia es una mujer enferma, como tú lo has estado recientemente.

CONCHA VELASCO ⇒ Pero no tengo un cáncer terminal. Es verdad que podía haberme muerto por la peritonitis, la hernia y los ganglios en el páncreas, pero se arregló y ya está. Sí que he tenido esa sensación de darme cuenta, como ella, de la lata que das a los familiares cuando estás en un trance tan grave, con diarreas, vómitos… Estuve un mes en una habitación en la que necesitaba ayuda para todo, con lo cual, todas las cosas que digo sobre el escenario las he vivido. Este texto tiene tantas cosas que nos llegan a todos que por eso me ha costado especialmente hacerlo.

SHANGAY ⇒ Hay frases de la función que tienen tanto que ver con tus experiencias personales que parece que las escribieras tú…

CONCHA VELASCO ⇒ ¿Verdad que pasa? Pero yo tengo que salir al escenario convencida de que la que habla es Olivia. Antes de salir me santiguo tres veces, piso con el pie derecho y en cuanto quedan cinco minutos me convierto en el personaje. Porque si tuviera que ser yo la que saliera a escena a decir todo eso, no saldría.


“HE RESISTIDO AFONÍAS, ROTURAS DE PIES, DE PIERNAS, DE MANOS… Y DE REPENTE ME VI POSTRADA EN UNA CAMA. ME HA AFECTADO MUCHO ANÍMICAMENTE”


SHANGAY ⇒ ¿Es especial para ti haber vuelto a trabajar con esta obra?

CONCHA VELASCO ⇒ Lo es. Venir a trabajar todos los días es un regalo maravilloso. Porque yo nunca había suspendido una función en mi vida. Había resistido afonías, rotura de pies, de piernas, de manos… Y de repente me vi postrada en una cama llena de tubos. Me ha afectado mucho anímicamente. He vuelto resentida de la medicación y con cuatro cicatrices enormes, como los toreros, pero físicamente estoy bien.

SHANGAY ⇒ ¿Por qué evitas sonar dramática a la hora de hablar de lo grave que has estado?

CONCHA VELASCO ⇒ Porque lo mío me parece una tontería cuando me acuerdo de gente con la que he convivido en el hospital, muchísimo más grave que yo. No se puede quejar una. Intenté alegrar a otros pacientes que estaban mucho peor. Menos mal que no me ven cuando llego a casa y me entra un ataque de pánico, porque no quiero estar a oscuras o en la cama… Miedo sí tengo ahora; creía que era incombustible, y no lo soy.

¿Tiene miedo a la muerte? ¿Qué le pide ahora a la vida? Pasa página

SHANGAY ⇒ ¿Temes a la muerte, como le pasa a tu personaje?

CONCHA VELASCO ⇒ Sí, le tengo terror. En la función me miro en un momento en el espejo y digo “No me veo en quirófanos, con quimioterapia… Mejor hubiera sido un infarto”. Ahí me identifico completamente con Olivia.

SHANGAY ⇒ ¿Necesitas más amor que nunca?

CONCHA VELASCO ⇒ Sí, y noto que mi familia está muy preocupada, desde que he estado enferman, al verme así. Porque yo nunca he necesitado a nadie, he sido siempre la autosuficiente, la dueña de la situación; eso, desde que tenía catorce años y empecé a trabajar. Le he solucionado la vida a todo el mundo a mi alrededor, y ahora necesito que me la solucionen a mí, necesito mucho a los demás. Creía que eso no me iba a pasar nunca.


“NECESITARÍA ENCONTRAR UN SEÑOR BAJITO Y NORMAL QUE ME SOLUCIONARA LA VIDA”


SHANGAY ⇒ Tu autobiografía El éxito se paga la abres con una pregunta terrible: “¿Me va a dar tiempo a ser feliz?”.

CONCHA VELASCO ⇒ [Se emociona hasta el punto de llorar al escucharla] ¡Me has hecho polvo! ¡Ábreme una botella de agua, que no tengo fuerzas! [Bebe y se recompone] ¡Es que se me ha pasado el tiempo sin sentir! Estaba trabajando en el libro, y lo que quería era contar anécdotas y que me saliera algo muy divertido, pero al retomarlo después de pasar por el quirófano tuve que terminarlo en otro tono… En lo personal he ido siempre muy deprisa. El teatro era siempre lo primero, y ahora me doy cuenta de que me he perdido la vida. Aunque es verdad que el público es el amante fiel, el que no me falla nunca: no ven mis arrugas ni mis defectos.

SHANGAY ⇒ ¿Y los otros amantes?

CONCHA VELASCO ⇒ Todos han pasado deprisa, deprisa por mi vida. O en un camerino, en un hotel clandestino, en el palco de un teatro… Con el único hombre que estuve más tiempo fue con Paco Marsó, ¡y me los puso [los cuernos] de todos los tamaños! [Se ríe, sí, y saca el móvil para enseñarme fotos de su lápida en el cementerio, porque cada vez que visita la tumba de sus padres y de Marsó, me cuenta, les hace fotos para tener su recuerdo presente]. Al pasar tantas horas en la UCI fue cuando me di cuenta de lo rápido que se me había pasado todo, y fue cuando me pregunté si tendría tiempo para recuperar aquello que aún no he podido vivir.

SHANGAY ⇒ El 2 de diciembre recoges la Medalla al Mérito de la Cultura que concede la Comunidad de Madrid. ¿Orgullosa?

CONCHA VELASCO ⇒ Claro, porque es un premio a toda una vida. Pepe Sacristán y yo, que nos hablamos todas las noches y nos queremos tanto, lo comentábamos hace poco. ¿Cómo nos va a decir alguien que no nos merecemos un premio así, aunque solo sea por los años que llevamos? Cada vez que me premian ahora por toda una vida de trabajo pienso que es algo muy merecido.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo llevas tu 75 cumpleaños?

CONCHA VELASCO ⇒ ¡Mal! Ya sé que estoy estupenda, pero 75 años son muchos. La mayoría de mis cumpleaños me han pillado trabajando, y eso, por un lado, es fantástico. Las Navidades, igual. Como ahora mismo ando con tanto lío, ya he puesto el árbol en casa, solo me falta el nacimiento. Lo he hecho antes que nadie, ¡por si acaso no llego!

SHANGAY ⇒ ¿Has pedido algún deseo especial?

CONCHA VELASCO ⇒ No, nunca lo he hecho, no soy yo nada pedigüeña. Soy más de dar las gracias por tener un año más, y punto. Eso de conformarse con ver siempre el vaso medio lleno no es tan bueno como dicen, por otra parte. Ojalá fuera de las que ven el vaso lleno… o vacío. Esa educación castellana que me dieron para buscar siempre un punto medio, ni mal ni bien, no me convence. Me gustaría volverme loca alguna vez.

SHANGAY ⇒ Me parece muy sano que hagas pública esa necesidad extra de cariño y de locura en tu vida…

CONCHA VELASCO ⇒ ¡Si yo lo cuento todo, ya me conoces! Hace poco me llamó un amigo y me preguntó si sería capaz de guardarle un secreto. Le dije “Solo he guardado dos secretos en mi vida, dos. Un tercero me parece que no podré” [risas]. Esto que te voy a contar ahora no quiero que sea un secreto: necesitaría encontrar un señor bajito y normal que me solucionara la vida. Porque mi familia me cuida mucho y de maravilla, que conste, pero es otra cosa… Una vez me dijo un amante: “Una mujer duerme más a gusto con el hombre que le complica la vida que con el que se la soluciona”. Él me la complicaba, pero era muy inteligente [risas]. Yo no he encontrado esa persona con la que dormir apaciblemente, que me traiga el desayuno a la cama. Siempre he sido la que llevaba el desayuno, la que recogía los calcetines del suelo y la que pagaba la factura de su teléfono si hacía falta.

SHANGAY ⇒ ¿No habrás perdido la fe de encontrarlo?

CONCHA VELASCO ⇒ Sí, sí, a los 75 años la he perdido… ¿Gerald Butler se va a enamorar de mí?

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