28/11/2020

El espíritu gay de la música disco revisitado

26 marzo, 2015

Hace ya treinta años que Jimmy Somerville cautivó por primera vez con su combativo falsete en el clásico –y pionero– himno antihomofobia Smalltown Boy. En 2015 regresa en un estado de forma inesperadamente exultante, rindiendo un cálido tributo a la música disco que siempre le ha inspirado.

Es de agradecer que evite el recurso fácil de tirar de versiones de clásicos, los doce temas de Homage son originales, y son de lo mejor que ha cantado nunca. Somerville se propuso con este nuevo álbum, que le devuelve a la actualidad tras años de silencio, rendir tributo a una época que recuerda con especial cariño, la de los últimos 70 y primeros 80, no solo por el florecimiento de la disco music, también por lo que representó en su vida, y en la de tantos miles de homosexuales. Un momento de liberación sexual tremendo, en que el hedonismo se adueñó –no solo– de las pistas de baile y surgieron no pocos himnos, cuyo descaro era proporcional a su comercialidad, en que la comunidad LGTB encontró una nueva vía de reafirmación y visibilidad.

A estas alturas, nada tiene que demostrar Jimmy Somerville, y la actitud relajada y festiva que transmite en Homage es uno de sus principales atractivos –junto con ese falsete tan reconocible y que tanto brilla, una vez más–.

Arranca el álbum con un guiño evidente al sonido Filadelfia en Some Wonder, y a partir de ese momento el disco-groove campa a sus anchas –la sombra de Chic solo aparece en Taken Away y Back To Me–, aliado perfecto para su voz y su compromiso con la igualdad LGTB, que se cuela en letras como la de la exuberante Travesty y Freak, sensual declaración de intenciones de Somerville, que busca desesperadamente un hombre –uno de los temas recurrentes de la música disco, aunque normalmente puesto en voz de divas femeninas–.

Homage apuesta por un afinado sonido orgánico, con espectaculares arreglos de viento, juegos de voces celestiales, ritmos canallas –como el de This Hand, momentazo hustle que te traslada de un plumazo al Paradise Garage neoyorquino– y melodías embaucadoras. Somerville se toma la música disco muy en serio y demuestra su compromiso con la causa en el momento justo.

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Shangay

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