23/05/2018

Él quería ser como Hulk

5 mayo, 2015
5
Léetelo en 4 minutos

nthol.

Se llama Romario Dos Santos Alves, tiene 25 años y siempre ha soñado con ser culturista profesional. Empezó muy joven con el gimnasio, pero él quería resultados a lo grande, ser como Hulk. Esto le llevó a comenzar a usar anabolizantes, pero su obsesión por aumentar el tamaño de sus brazos le llevo a pincharse una solución casera, que él mismo se preparaba, en la que mezclaba Synthol y aceites, y que inyectaba directamente en el bíceps y músculos elegidos.

Este peligroso cóctel le dio los resultados que esperaba, pero nunca eran suficientes, por lo que siguió llevando a cabo el procedimiento a lo largo de los últimos años, consiguiendo un aspecto monstruoso en sus brazos, unos bíceps que a él le fascinaban y que le convertían en un corpulento guardaespaldas, oficio al que se dedicaba.

Pero esta práctica peligrosa empezó a mermar la salud del joven, se le formaron piedras que obstruían el riesgo sanguíneo y sus brazos corrían el riesgo de sufrir una necrosis. Finalmente, Dos Santos tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de urgencia para evitar que tuvieran que amputarle los brazos.

En su ciudad, Caldas Novas, en Brasil, los niños lo llamaban Hulk o la bestia. Todo empezó en su gimnasio hace tres años, “Yo me fijaba en algunos chicos realmente grandes del gimnasio, con enormes brazos, así que me acerqué a ellos y entable una amistad. Ellos me contaron su secreto, así conocí el Synthol y la fórmula que se inyectaban en los brazos. Pronto pude comprobar los resultados y me emocioné. Pero desde entonces no pude parar de hacerlo y perdí el control, si lo tomas una vez siempre hay una segunda, es adictivo”.

El problema es que ya no se conformaba con alguna inyección esporádica al año, como hacían sus colegas, y empezó a pincharse más y buscar fórmulas más potentes… y cada vez más peligrosas. Pasados unos años, sus brazos además de más grandes empezaban a solidificarse, no conseguia moverlos bien, pero esto no le hizo parar. Dos Santos buscó agujas especializadas que pudieran atravesar tejidos más duros, un tipo de jeringas utilizadas en animales, “Conseguí encontrar una agujas que se utilizaban para atravesar la piel de los toros. Sé que parece estúpido, pero yo tenía que inyectarme mi solución de Synthol fuera como fuese”. 

La noticia continúa, pasa página

Su obsesión iba en aumento, su esposa Marisangela Marinho, de 22 años, comenzó a preocuparse por el aspecto de su marido, cuyos brazos alcanzaban un perímetro de 64 cm. Al enterarse de la solución que este se inyectaba le amenazó con dejarlo si no ponía fin a esta práctica, pero Dos Santos mintió y continúo con el Synthol.

Esta obsesión se convirtió en un trastorno de dismorfia muscular, comúnmente llamado vigorexia. Un desorden emocional que sufren muchos jóvenes obsesionados por el gimnasio y del que os hablábamos en este artículo: Adictos al músculo. Tuvo que acudir a un psicólogo, ya que se encontraba sumido en una profunda depresión, su mujer estaba embarazada y había perdido su trabajo. “Fue la época más difícil de nuestras vidas. Tuve que elegir entre mi familia o seguir pinchándome”.

Con la ayuda del psicólogo dejó de pincharse, pero ya era demasiado tarde; desde hace meses, el relleno de sus brazos comenzó a producirle un terrible dolor que no aminoraba. Se estaban formando unas piedras que no dejaban irrigar las extremidades de sangre y que descubrieron cuando Dos Santos sufría un episodio de insuficiencia renal, debido a las toxinas del aceite.

“Cuando vio lo que me sucedía, el médico me dijo que tendrían que amputarme los dos brazos. Mis músculos empezaron a solidificarse eran como rocas. Por suerte, los especialistas encontraron una solución alternativa y, en lugar de amputarme los brazos, pudieron extirparme los cristales de Synthol que se habían formado en los brazos”.

No ha utilizado el Synthol desde que le operaran hace dos años, pero aún sufre tentaciones con los anabolizantes. “Hace dos semanas me compré una sustancia llamada Estigor, se trata de una hormona de caballo”, cuenta Dos Santos, “Puse la aguja en mi pecho y estuve a punto de pincharme. Me quedé inmóvil y empecé a sudar. Mi mente comenzó a recordar cosas que yo he pasado y pensé que no podía hacerlo. No podía ceder a la tentación de nuevo”.

Desde entonces promete haberlo dejado por completo, pero no renuncia a su sueño de convertirse en culturista profesional. Recuerda con tristeza la época en la que los niños le paraban por la calle para hacerse fotos con él, con Hulk, o las chicas que insistían en que se quitara la camiseta. “Mi ambición sigue siendo llegar a ser un culturista, pero ahora tengo un largo camino por recorrer”.

x

Shangay

Toda la actualidad LGTB + Cultura + Sexy + Ocio. Contenidos exclusivos cada semana en tu correo.