19/06/2018

Hasta ahora, Pedro, amigo

11 junio, 2015
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Anteayer, sobre el escaño de Pedro Zerolo estaba depositada una rosa, no pude dejar de llorar hasta que se me secaron las lágrimas. Ahora llora el corazón, pero desde la paz de quien coloca las cosas en su justo lugar, desde el #Orgullo de haber podido compartir amistad con una persona que deja un legado claro en España y el resto del mundo, que las metas por muy imposibles que parezcan se pueden alcanzar, de que los sueños no son solo sueños y que allá donde comienza el arcoíris se pueden hacer realidad.

Hablar de Pedro Zerolo es hablar de un ser único y entrañable, de un ejemplo de lucha y energía sin límites, que llevó a este país a la vanguardia de los derechos LGTBI. Defensor de la igualdad de todos los sectores sociales, valiente y coherente, profundo defensor del laicismo, muy presente en sus últimos discursos. Pedro creía que la libertad de conciencia es fundamental en una sociedad plural y diversa como la nuestra.

Hablar de Pedro Zerolo es hablar de amistad. Le conocí en aquellos primeros debates de Telemadrid, donde se enfrentaba a contertulios furibundos y atrapados en una radical LGTBIfobia. Me impresionó tanto su brillantez que le envié un ramo de rosas a su bufete de abogado. Así nos conocimos. Tiempo después, en 1997, se conformó el Grupo Federal LGTB del PSOE, a iniciativa de la eurodiputada Carmen Cerdeira, también fallecida. Lo que me brindó la oportunidad única de trabajar junto a él en el programa electoral de José Luis Rodríguez Zapatero, que dio luz al matrimonio igualitario y a la Ley de Identidad de Género. Tengo viva en mi memoria nuestra primera visita a la Directora General del Registro Civil, para que plasmara en texto legal dichos compromisos. Compartí con Pedro tantos actos, tantas manifestaciones, tantas celebraciones del Orgullo… Siempre juntos y cimentando nuestra amistad. Haciendo historia. Porque la hiciste, Pedro, y a su vez nos hiciste hacerla junto a ti. Quienes hemos compartido la lucha sabemos a qué tipo de unión indestructible me estoy refiriendo; justo a la que hoy me hace sentir huérfana de tu presencia vital.

Hablar de Pedro es hablar de humanidad, de humor irrenunciable. En los actos más serios te decía cosas al oído o te hacía cosquillas, a lo que su marido siempre decía: “¡Pedro, no empieces!”. En un acto de la última campaña, estrené una chaqueta azul cielo y no dejó de bromear sobre el color ‘pepero’ y sobre el efecto que tal elección provocaría en la dirección del partido. Recuerdos que me quiebran el alma porque ya no estás tú, Pedro.

Pedro es Jesús. Y Jesús es Pedro. Jesús Santos, siempre a su lado, asumiendo la enfermedad, viviéndola y sufriéndola junto a él, siempre expresándose en plural: “Estamos enfermos”, “hemos ido al hospital”… Hace tres días tuvo la templanza de llamarnos a todos, uno por uno, para informarnos de la situación y despedirse en nombre del amor de su vida, su querido Pedro, mi querido Pedro.

Pedro siempre me decía que yo era su hermana mayor, esa hermana que, de vez en cuando, le decía cosas y le regañaba, pero siempre con amor. Tanto amor… que hoy se me pone un nudo en la garganta y me cuesta hasta el respirar el solo hecho de pensar que lo imposible aquí también se ha hecho verdad, tu partida. Pero nos has dejado legándonos el camino de las baldosas amarillas, el que nos llevará a la Ciudad de detrás del Arcoíris, la que siempre soñaste y que hoy es más real gracias a ti.

Mi adiós, querido, es un “hasta ahora”. Has formado parte de nuestras vidas. Buena parte de la mía no la entendería ni podría explicarla sin ti.

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Shangay

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