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Duelo de divos en el Guggenheim de Bilbao

29 julio, 2015
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Ubicar en un mismo museo dos retrospectivas extensas de dos artistas capitales para la historia reciente del arte no parece tarea fácil. El Guggenheim Bilbao lo ha hecho, y a lo grande, con dos figuras que además son abiertamente populares y no solo para especialistas.


Jeff Koons, el mayor de los artistas post-pop y también pionero entre aquellos preocupados por referirse de forma constante al propio arte contemporáneo, vuelve al museo casi 23 años después de que plantase (literalmente) su Puppy –esa gran escultura floral de un perrito– en la puerta. A la máxima estrella de la plástica americana durante las tres últimas décadas, enfant terrible juguetón, descarado y a veces hasta retorcido, se le hace un repaso exhaustivo, serie a serie, exposición por exposición, de toda su carrera: desde sus Inflatables (figuras hinchables que compró en tiendas de Manhattan en 1976, al modo de los ready-made de Duchamp) a sus últimas Gazing Balls (2013): esculturas al modo grecolatino con fantásticas bolas de cristal coloreado en azul cobalto.

Un resumen de un universo estridente y complejo, muy vinculado a esta nuestra sociedad de consumo, con su evidente punto decadente, pero lleno de claves cultas y no poco sentido del humor y del espectáculo. Y sí, tanto sus obras eróticas con su ex mujer y madre de sus hijos, la actriz porno Cicciolina, como esas otras esculturas que son iconos para una generación (su Michael Jackson y Bubbles, cerámica donde la estrella del pop posaba junto a su chimpancé, o su Rabbit, un reconocible globo hinchable facturado en acero cromado) podrán ser disfrutadas en vivo hasta el 27 de septiembre.

¿Conoces la obra del fallecido, y fascinante, artista bisexual Jean-Michel Basquiat? Pasa página


El caso de Jean-Michel Basquiat nos pilla más cerca. No solo por su abierta bisexualidad –tirando a muy homo– ni porque fuera amigo de Madonna, David Bowie o Andy Warhol. Basquiat representa para la cultura queer un paso adelante, comparable con el de otro gran mito de ese arte, coetáneo y amigo suyo, que pasó del grafiti y lo popular a los museos del mundo: Keith Haring. Basquiat es el reverso afro y rebelde: el de un joven superdotado de una familia de clase media alta desestructurada que se internó en el ambiente callejero y underground de Nueva York, y que se convertiría en estrella de la escena artística ya desde su primera exposición, en 1982, cuando tenía solo 21 años.

Curtido antes como grafitero (junto a Al Díaz formó el grupo SAMO, literalmente “SAMe Old Shit”, “la misma vieja mierda”) y con una vida dura y nómada, desde comienzos de los ochenta se dedicó por pura necesidad –siempre confesó que no sabía qué otra cosa hacer consigo mismo– a una práctica pictórica que mezclaba grafiti, informalismo y un incipiente neoexpresionismo, texto poético, periodístico o incluso sociológico, diferentes técnicas y texturas y un gran compromiso con la entonces denostada cultura afroamericana y la siempre perseguida libertad individual.

Basquiat fue el pionero entre los jóvenes artistas negros y una estrella fulgurante, de inconcebible y prolífica capacidad de producción, que brilló con velocidad hasta 1988, cuando falleció víctima de una sobredosis de heroína, con apenas 28 años. La exposición del Guggenheim es la primera que, en vez de abordar su obra de forma cronológica, lo hace por cortes temáticos: los dos primeros –de un total de ocho– bajo los epígrafes La calle como estudio y Héroes y santos, describen tanto su vínculo con Brooklyn y con la ciudad como campo de experimentación, y su primera preocupación por cómo Occidente retrataba al hombre negro.

Luego, en sucesivos capítulos, la muestra desgrana su vocación política y de protesta (muchas de sus obras hacen referencia a acontecimientos reales de la vida pública norteamericana, algunos vinculados con el racismo, la esclavitud y el colonialismo); el vínculo casi autorrepresentativo entre el pintor y los sujetos que pintaba; su visión analítica de casi cualquier representación popular, desde dibujos publicitarios a logos; su capacidad provocadora; su amistad y trabajo continuo con Andy Warhol o su talento para entrecruzar, en forma de abiertos collages multidisciplinares, cualquier técnica o materia no necesariamente pictórica que creyese relevante para sus intereses. La muestra se completa con una sección razonada y didáctica sobre su vida y otros logros: su actividad musical, con su banda Gray o con otros, su interés por la historia o por el boxeo. Definitivamente, Ahora es el momento –como se titula la exposición– de conocer en profundidad su legado.


 


Jeff Koons: Retrospectiva estará abierta hasta el 27 de septiembre. Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento se puede visitar hasta el 1 de noviembre. Más información en www.guggenheim-bilbao.es

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