01/12/2020

Carmen Maura: “Jamás he sido de grandes retos”

15 septiembre, 2015

Con la Maura no merece la pena hacerse ideas preconcebidas. Te las desmonta al instante. Ha demostrado de sobra que lo que la hace tan grande es su capacidad para dejarse llevar por sus impulsos, sin valorar qué posible relevancia tendrán las decisiones artísticas que toma en su carrera. No duda en elegir los proyectos que le llaman la atención, vengan o no de nombres consagrados, sean o no de ‘clase A’.

Cerró 2013, un año triunfal –premio Donostia en el festival de San Sebastián incluido–, con un proyecto que indiscutiblemente era ‘clase A’. Carmen Maura aceptó la invitación del Centro Dramático Nacional y regresó al teatro –la última vez que se subió a las tablas fue en Buenos Aires en 1997, para representar Bienvenida a casa, de Neil Simon– con Carlota, de Miguel Mihura, dirigida por Mariano de Paco (“está conmigo como yo con mi perra: me protege y a la vez me da una libertad enorme”). Le gustara o no, fue un evento en toda regla. También lo fue esta entrevista, la única que concedió antes de estrenar la función.

Maura nos cita en su casa, y es su perra Rita la primera que sale a recibirnos y a hacernos fiestas. No hay protocolos que valgan, la actriz no juega a serlo: aparece con la cara lavada y en absoluto arreglada, sino informal. El libreto de la función preside la mesa del salón –“no paro de estudiar”, afirma–. Mientras prepara un café, se empieza a desahogar. “¿Sabes lo que más miedo me da? Sentir al público, ¡porque hace ruido y me distraigo! Estoy loca, podría estar haciendo una película francesa, o descansando… Pero aquí me tienes, obsesionada con esto”. Ha querido compartir este momento en exclusiva con Shangay como deferencia hacia nosotros, ahora que cumplimos 20 años. “Siempre me habéis tratado muy bien y por eso he hecho esta superexcepción para hablar de mi vuelta al teatro”Su revistero la delata: en él hay varios ejemplares de nuestra revista, ciertamente la lee.

La actriz, de 68 años, prosigue: “Mira, voy todas las mañanas al gimnasio, para mantenerme en forma. Es que soy mayor, lo digo todo el tiempo para que la gente no lo olvide. Disimulo, pero soy una anciana…”, y se echa a reír. “El caso es que al gimnasio voy andando, y vuelvo en metro. Pues todos los días repaso mentalmente mi texto en el camino. Lo que más me obsesiona es no olvidarme de ‘la letra’. Porque cuando me meto mucho en situación se me va el santo al cielo”.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo decidiste meterte en este embolao?
CARMEN MAURA ⇒ En 24 horas. Fue por una de esas intuiciones que siempre tengo. Todos los años me ofrecen varios proyectos de teatro, tanto aquí como en Francia. Ninguno me convencía, porque yo no quería nada rimbombante, una obra de esas de ‘aquí llega ella’, ni nada demasiado moderno que no fuera a entender. De repente me ofrecen Carlota para hacerla en el María Guerrero, el teatro más mono de Madrid, al lado de casa. Eso fue fundamental (antes de saber que no admiten perros en el Centro Dramático Nacional). Además, esta función ya la hice cuando era ‘prima donna’ en el TEU [Teatro Español Universitario] con 17 años. Pensé “qué casualidad tan rara”, otro de esos detalles de mi ángel de la guarda. También me gusta que, al ser un teatro nacional, todos los nombres aparecen en el mismo tamaño en el cartel. Y que sea un Mihura, porque sabes que la gente no va a ir a verte esperando que des el do de pecho.

SHANGAY ⇒ ¿Por qué te resistes a hacer una función de gran lucimiento para ti?
CARMEN MAURA ⇒ Porque nunca he sido de grandes retos, ni cuando estaba empezando. Nunca he tenido ninguna gana de lucirme con papelones, y ahora menos. Mi única ambición es que la gente de la calle que vea Carlota diga “cuánto te pega el papel”, o “se nota que improvisas todo el rato”, cuando yo no toco ni una coma.

Portada Shangay nº 251

SHANGAY ⇒ Es buen momento para recordar que tus inicios fueron en el teatro…
CARMEN MAURA ⇒ Sí, fue lo que hice durante más de diez años. Y lo empecé a compaginar con el café-teatro. Mi primer gran éxito solo lo recordarán los viejecitos: El último de tango de Rodolfo Valentino y Marilyn Monroe. Interpretaba a doce tías: Marlene Dietrich, Rita Hayworth, Judy Garland…, me disfrazaba de todas y hacía playbacks. Pero la más importante era Marilyn, y te aseguro que la gente decía que me parecía. Cuando hice La ley del deseo, el estudio que hice en su día de la Monroe me sirvió mucho. Porque Marilyn era un poco trans: esa manera de andar moviendo el culo, sus gestos característicos… Aprendí mucho haciendo teatro, porque yo no fui a la escuela ni nada. Me metí en esto sin ningún apoyo, y al principio me sentía fuera de lugar. Si te digo los títulos de las obras que hacía lo entenderás: Un sereno debajo de la cama, Papá tiene un desliz, Mi chica la minifaldera… Las disfrutaba muchísimo, porque yo lo que quería era ser actriz. Y los malos textos ¡son tan difíciles de decir!


“Nunca he tenido ninguna gana de lucirme con papelones, y ahora menos”


SHANGAY⇒ ¿Por qué dejaste de hacer teatro?
CARMEN MAURA⇒ Empecé a hacer cortometrajes. En aquella época no era como ahora, ningún actor quería hacer cortos, y yo me los hacía todos. Algunos buenos, incluso. Fue otra gran escuela. Y con muchos de esos directores empecé a hacer largos, como Pedro [Almodóvar] y [Fernando] Colomo.

SHANGAY⇒ ¿Por qué te pone tan nerviosa Carlota?
CARMEN MAURA⇒ Por cosas como la que me pasó en la carnicería el otro día. Empezaron a decirme “nos hemos enterado de que vas a hacer teatro, ¡vas a estar genial”. ¿Tú sabes la presión que supone eso? Porque puedes estar cojonuda hoy y como el culo mañana… Total, que le dije a la carnicera: “Pues te advierto que estoy acojonada”. Y me contesta: “¿No supone para ti un reto maravilloso?”. Pero es que a mí la palabra ‘reto’, y lo que implica, no me ha gustado nunca.

SHANGAY ⇒ Pocas actrices pueden presumir de tener una carrera como la tuya, tanto en su país como en Francia.
CARMEN MAURA ⇒ Allí tengo una situación muy buena. Es que les cuenta mucho el César… [tras una pausa dramática se echa a reír]. Lo bueno es que se me conoce mucho en el medio, pero puedo pasear por la calle tranquilamente con la perra y rara vez me reconoce nadie. Tengo una anécdota muy graciosa: vino un técnico a casa para instalarme la fibra óptica y, como suele ocurrir allí, te lo hacen todo muy complicado. Me preguntó a qué me dedicaba y le dije que era actriz, pero que generalmente trabajo en España. Nunca lo hago, pero de pronto le dije “tengo un César”, y lo señalé (lo tengo allí porque, como pesa muchísimo, nunca se me ocurriría traérmelo). Fue decirle eso y cambió su actitud radicalmente. Acto seguido me dijo que me incluiría entre los clientes VIP y todo fueron facilidades. Para que veas como son. Aquí, por suerte, los técnicos siempre son mucho más simpáticos.

SHANGAY ⇒ ¿Estás contenta en general con tus trabajos allí?
CARMEN MAURA ⇒ Sí. Es difícil que me ofrezcan protagonistas, pero papeles lucidos de madres, chachas y abuelas simpáticas, mayormente pobres, me ofrecen muchos. Para mí son muy cómodos, porque no llevas la película a tus espaldas, tienes días libres durante el rodaje, te tratan como a una reina y la promoción es menor. La última, Saint-Loin-La-Moderne, la he rodado en las montañas, en una estación de esquí, un sitio precioso, y hago de la mujer del alcalde. Ha sido muy divertido.


“SI POR CADA ARRUGUITA O CICATRIZ TUVIERA QUE PREOCUPARME, ¡CON LA DE CICATRICES QUE TENGO DE RODAJES!”


SHANGAY ⇒ ¿Eres consciente de que muchas de las películas que haces fuera de España no llegan a estrenarse aquí?
CARMEN MAURA ⇒ Es una pena. Como la que presenté hace poco en el festival gay [Lesgaicinemad, en donde se proyectó Let My People Go, de Mickael Buch]. Y una preciosa que rodé en Colombia, Sofía y el terco [de Andrés Burgos]. No dudé en irme a hacerla porque el guion era tan bonito… Ese sí que ha sido un reto que me despertaba curiosidad, porque mi personaje no habla; no porque no pueda, sino porque no le hace falta. Yo, que soy de mucho gesticular, no debía hacerlo, porque habría parecido que era muda, y no es así. Además, salgo hecha un cristo, sin maquillar, una de esas veces que la gente dice “¡cómo se ha dejado Carmen salir así!” [risas]. Pero es que hago de campesina colombiana, y he visto cómo son. Estoy muy orgullosa de la película, ¡me daría una rabia que la gente no la viera!

SHANGAY⇒ ¿De verdad no te importa cuando sales poco favorecida?
CARMEN MAURA⇒ No. Y estoy encantada de que no me importe, es una gran ventaja. Desde que empecé en esto vi que era una profesión en la que es muy fácil volverse loca, y lo del físico podía ser una tortura si empezabas a obsesionarte. Si por cada arruguita o cicatriz tuviera que preocuparme, ¡con la de cicatrices que tengo yo de rodajes! Precisamente por eso creo que trabajo tanto, porque me dejo hacer. Cuando rodamos ¿Qué he hecho yo para merecer esto! iba prácticamente con la cara lavada ¡y en el New York Times me llamaron ‘sexy housewife’! Si es que lo importante es que te vean auténtica, porque si estás falsa, por guapísima que seas, a los cinco minutos la gente pierde el interés. Si de vez en cuando sales horrorosa, además, es más fácil que el público, cuando ve que tienes el valor de aparecer así, se identifique contigo.


ILUSTRACIÓN: Iván Soldo

SHANGAY ⇒ ¿En algún momento de tu carrera caíste en la trampa de creértelo demasiado?
CARMEN MAURA ⇒ No. Si en ocasiones parezco antipática al no saludar a alguien que conozco por la calle es porque probablemente voy pensando en otra cosa y no me doy cuenta… No soy tan sociable como puede parecer; la soledad me chifla. Por eso es raro que se me vea a mí por la noche madrileña. Tampoco cuando era joven. La de veces que escuchaba yo a Pedro [Almodóvar] decir: “Voy a llevar a Carmen a casa y ahora vuelvo”. Y es que a mí, a partir de las once y media de la noche ya no me hace ninguna gracia la cosa. La única vez que he tenido más peligro de desequilibrarme fue cuando me hice presentadora y me llegó de golpe la popularidad con el programa de televisión [Esta noche]. Pero no porque me lo creyera, es que cuando no estás preparada para ser popular es agobiante. Lloré mucho, porque todo el mundo empezó a tratarme de manera diferente. Y la gente puede pasar de ser supersimpática a superagresiva. ¡Cuidado con equivocarte y pedir en la carnicería cuando no es tu turno! Suerte que con el público en general, que es el que decide si sigues o no, me llevo muy bien.

SHANGAY ⇒ ¿Qué esperas sacar en claro de esta nueva experiencia teatral?
CARMEN MAURA⇒ Quiero saber si disfruto o no. Y, sobre todo, si a la gente de la calle le gusta que yo haga teatro. Tengo curiosidad, porque cada función es un plano tan largo… Lo que me tranquiliza es que estoy segura de que, aunque me trabe, me tropiece o me equivoque, la gente me lo va a consentir. Van a venir con tantas ganas que comprenderán que hace mucho que no hago teatro, y que no tengo por qué estar perfecta. No voy a ser Núria Espert.

SHANGAY ⇒ ¿Te gustaría llegar a la edad de la Espert haciendo teatro?
CARMEN MAURA ⇒ Sí, pero no con esas obras tan difíciles que hace ella. Cuando llegas a una cierta edad empiezas a ver las cosas de una manera diferente, quieres quitarte de encima todo el estrés posible. Como actriz he llegado infinitamente más lejos de lo que hubiera podido imaginar. Nunca pensé que me iban a conocer en tantos sitios distintos; este trabajo no ha hecho más que darme regalos. [Baja la voz, como si hubiera alguien más en la sala] Son los tejemanejes de mi ángel de la guarda… Confío en que con esto del teatro no se haya equivocado [risas]. Ahora solo quiero que la gente vaya a reírse. Y procuraré hacerlo lo mejor posible todos los días, durante dos horas. Seguro que mi carnicera irá a verme y luego me dirá que he estado estupenda.

x

Shangay

Toda la actualidad LGTB + Cultura + Sexy + Ocio. Contenidos exclusivos cada semana en tu correo.