13/12/2019

Santi Marín: “Me apetecía explorar la comedia”

11 noviembre, 2015

¿Y si entrevistamos a Santi Marín en un prostíbulo? Pues vamos allá. No un prostíbulo cualquiera, sino uno de ficción, en el que se desarrolla gran parte de su nueva función, Siempre me resistí a que terminara el verano.

El Caimán es un reducto de pueblo en donde coinciden un grupo de amigos cuarentones –que interpretan Andrés Gertrúdix, Pablo Rivero y Unax Ugalde–, en plena crisis existencial, y donde se encuentran con la puta que lo regenta y que los desvirgó –Estefanía de Santos– y con Diego, un deslenguado macarrilla del pueblo, del que Santi prefiere que se cuente poco, tanto por su look como por su función en la obra.

Frente a las disquisiciones existencialistas sobre su pasado, su futuro y sus raíces que se hacen los personajes que vienen de la gran ciudad al pueblo que no visitaban hacía años, el personaje de Santi supone un contrapunto de sana simplicidad. Además de un alivio cómico. “Diego no se hace grandes preguntas, es más simple y práctico, a sus 26 años vive el aquí y ahora”. Como Santi no aparenta sus 32, era perfecto para el papel.

Quienes solo le hayan visto en teatro, en funciones tan intensamente maravillosas como Breve ejercicio para sobrevivir –que representó junto a Bárbara Lennie en La pensión de las pulgas– o Antígona –el montaje de Miguel del Arco, con Carmen Machi, que continúa de gira–, les sorprenderá la afinada vis cómica del actor vallisoletano. “Me apetecía mucho explorar la comedia”, confiesa.

Algo que también ha podido hacer en la primera temporada, recién emitida en La 1, de Olmos y Robles, por cierto. En su tercera colaboración con el argentino Lautaro Perotti, quien ha escrito y orquestado esta función, ha podido hacerlo por fin. “Como es muy impulsivo y no tiene prejuicios, coloca al resto de personajes en alerta todo el rato”. Y al público le provoca carcajadas que se agradecen como alivio ante las situaciones que se viven.

Si en algo se parece Santi Marín a este personaje, es en la manera en que afronta la vida. “Soy muy impulsivo. Aunque mi vitalidad no es la misma que la de Diego, así que en escena me permito volver a mis veintitantos y trabajar esa energía”. Lo que no quita para que también se identifique con lo que viven en la función Andrés Gertrúdix o Pablo Rivero. “Claro que me pregunto a veces qué va a pasar. O siento la necesidad de volver a la casa familiar, en Valladolid, sobre todo cuando mi madre me demanda”, afirma sonriendo.

Lógicamente, la echa mucho en falta, porque Marín dejó el hogar familiar con 18 años para estudiar en la RESAD de Madrid. “Ahora vuelvo con más ganas que cuando me fui, y veo la ciudad con mejores ojos. También compruebas que te estás haciendo mayor, que ya tienes sobrinos… Siempre viene bien una vuelta al pasado para coger fuerzas y seguir adelante, que es lo que se ve también en la obra»”.


«Siempre viene bien una vuelta al pasado para coger fuerzas y seguir adelante«


Algo parecido vivió recientemente el actor, que en una época de vacas flacas laboral decidió buscarse la vida en Buenos Aires, donde se quedó dos años. “Siempre hay que volver”, asegura. “Conocía a Lautaro y a Claudio [Tolcachir], que son unos genios y, junto a los actores que forman parte de Timbre [la reconocida compañía/escuela actoral] se convirtieron en una especie de segunda familia. Allí representé Breve ejercicio... junto a Marina Belatti, estuve en cursos y trabajando en Timbre, lo mismo como administrativo que haciendo funciones como actor. Y me empapé de teatro, porque la cartelera es inabarcable”.

España vive ahora un fenómeno parecido al que se dio hace años en Argentina, con multitud de propuestas teatrales en nuevos espacios para dar salida a la inquietud creativa de una comunidad muy asfixiada por despropósitos como nuestro asesino IVA cultural. “Se ha generado la necesidad de contar ciertas historias con una actitud distinta. Antes esperabas más a que sonara el teléfono, ahora no, buscas nuevas posibilidades”.

Marín se queja de que la situación aquí dista mucho de ser como la argentina. “Allí el estado incluso potencia las producciones alternativas con ayudas; ciertos privilegios contribuyen a que más actores puedan trabajar, aunque no sea en el circuito estrictamente profesional”.

Otro dato sorprendente es lo abierta que está la escena a personas con inquietudes interpretativas que no necesariamente piensan en ganarse la vida con ello. “Allí, en los cursos lo mismo te encuentras con una señora de 50 años que es médico o un señor de 60 que es abogado… Son felices haciendo teatro y creando vínculos con la gente que se dedica al teatro. Es algo que debería pasar aquí”. ¿Qué le gustaría a Santi que le pasara a él en un futuro cercano? “Lo que más me gustaría es hacer cine. Como a tantos actores, claro”.


Fotos: miguelangelfernandez.net y Danimantis (función)


LA OBRA SIEMPRE ME RESISTÍ A QUE TERMINARA EL VERANO SE REPRESENTA EN EL TEATRO MARQUINA (C/PRIM, 11) DE MADRID.


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