19/07/2018

El testimonio de una agresión homófoba en Madrid

8 febrero, 2016
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Solo tenía que cruzar la calle y recorrer unos metros. Pero ese pequeño paseo por la calle Galileo fue suficiente para que J.Y., de 25 años, sufriera la última agresión homófoba que tenemos que lamentar en Madrid. Y ya van demasiadas este 2016 como para seguir mirando hacia otro lado.

Lo primero: “Tengo todavía un poco de dolor, pero estoy bien”, nos explica. Volvía de fiesta y le llevaron en coche hasta su barrio la madrugada del pasado viernes, cuando todo empezó. Tras el “maricón” habitual, “yo no me quedé callado y les contesto felicitándoles por el descubrimiento”. Acto seguido, heridos en su orgullo, los agresores gritaron un “a por él” más propio de una batalla de campo abierto que de un lugar civilizado.

“Yo salí corriendo y, cuando estaba cerca de mi portal y pensé que les había perdido de vista, fui a sacar la llave del bolsillo y me encuentro a uno de frente. Me fui a dar la vuelta y tenía otro detrás. Al principio les conseguí esquivar pero después me arrinconaron y empezaron a darme patadas”. Una de ellas le dejó el pecho tal y como muestran las imágenes, lo que le provocó un problema de respiración.

No se crean que cesaron los golpes a verle tirado en el suelo. Nuestro protagonista tuvo la suerte de que un viandante anónimo se metiera en medio para ayudarle. “Se llevó un par de golpes por defenderme”, cuenta. Otro grupo observó lo acontecido y también decidió actuar, lo que provocó la huida de los agresores. Era el momento de decidir qué hacer.

Y nuestro protagonista no lo dudó: “Llamé al 091 y a los diez minutos llegó la policía. Les conté todo, y el trato que recibí de ellos fue superbueno”. Ellos mismos le trasladaron al hospital. Dos horas y media en urgencias, y a comisaría a poner una denuncia. “Se supone que ahora deberían estar investigando, lo que están haciendo no lo sé”, afirma. Una vez más, la respuesta de las autoridades se antoja un tanto pírrica.

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Un último agente al que recurrir: las asociaciones LGTB. A través de un amigo, J.Y. contactaba con Arcópoli y Rubén López, uno de los encargados de recibir y asesorar a las víctimas por delitos de odio. Paradójicamente, unas horas antes anunciaban la fundación del Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia, para registrar todos estos casos y dar cobertura de apoyo a las víctimas visto el desamparo al que suelen estar sometidos.

Y se antoja más que necesario: “No era la primera vez que a mí, por contestar, me empezaban a perseguir, pero nunca me había llegado a alcanzar”, nos confiesa. Por no hablar del fatídico 2016 que la Comunidad de Madrid acumula en el apartado de agresiones homófobas. Escalofriante.

“Enseñaría mi cara y todo porque no tengo miedo”, afirma. Pese a ello, lo más aconsejable en estos caso por motivos legales y de seguridad es permanecer en el anonimato. Sigamos.

Dos palabras a eliminar de su diccionario: miedo y arrepentimiento. “Considero que soy bastante fuerte, pero ahora pienso que en un fin de semana cuando vuelva a una hora parecida sí que me da respeto pasar por esa misma calle. Nadie me asegura que esos tres tíos no vuelvan a estar ahí otra vez”. Y añade: “Voy a seguir haciendo lo que me da la gana, y si otra persona me vuelve a decir algo volveré a contestar. Si me tengo que llevar hostias por ser yo, me las llevo”.  Bravo.

Mientras, desde Shangay ponemos nuestro grano de arena a modo de denuncia y difusión para volver a remarcar que así no se puede seguir. ¿Hasta cuándo?

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