27/09/2020

Lo que podemos aprender de Lilly Wachowski

11 marzo, 2016
Léetelo en 10 minutos

Lilly Wachowski en la foto que envió al medio LGTB Windy City Times.
 

En el segundo episodio de la serie Sense8, titulado Soy también un nosotros, las ahora hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski utilizan el personaje de Nomi Marks (Jamie Clyton) para dar a conocer las dificultades a las que una mujer transgénero se enfrenta en su día a día. No es casualidad que Nomi sea, además de transexual, lesbiana, para dejar claro a la audiencia planetaria de Netflix que la identidad y la orientación sexual son entidades separadas que nada tienen que ver la una con la otra. Repudiada por su familia, que se empeña en seguir llamándole Michael, Nomi utiliza su videoblog para explicar al mundo la necesidad de salir a las calles y participar en la celebración del Orgullo LGTB de San Francisco:

“He estado pensando en mi vida y en todos los errores que he cometido. Los que forman parte de mí y de los que me arrepiento son aquellos que he cometido por miedo. Mis padres me enseñaron que una persona como yo no es normal, es una persona repulsiva, alguien a quien evitar o compadecer. Mi madre, a quien le encanta Santo Tomás de Aquino, dice que el orgullo es el peor de los pecados, el pecado definitivo que hará que te conviertas en un adicto a cometerlos. Pero el odio no está incluido en esa lista de pecados, ni la vergüenza. Así que hoy me uno al desfile por esa parte de mí que un día tuvo demasiado miedo para manifestarse, y por todos aquellos que no pueden hacerlo y viven una vida como la que yo viví. Hoy me manifiesto para recordar que no solo estoy yo, sino que hay un nosotros. Y nos manifestamos con orgullo. ¡Que te jodan, Aquino!”.

El discurso, entre lágrimas, lo pronuncia Nomi frente a la cámara de su ordenador, pero bien podría atribuirse a la propia Lilly, la pequeña del dúo Wachowski, que ha seguido los pasos de sus hermana Lana y el pasado martes salía del armario como transgénero.

Para anunciar al mundo su condición, la directora de cine no escogió un videoblog ni la portada de Vanity Fair, sino una carta remitida al Windy City Times, medio LGTB de Chicago. Pero al igual que las palabras de Nomi, las de Lilly Wachowski desprenden cierta amargura. Porque lo que debería haber sido una salida del armario natural, fruto de una decisión personal meditada, honesta y hasta terapéutica, es en el fondo un efecto de la coacción y la intimidación. O dicho de otro modo, si para defender su verdadera identidad Nomi se tenía que enfrentar a su madre –juez moral que decidía lo que está bien y lo que no en materia afectivo-sexual–, Lilly ha tenido que hacer lo propio con medios de comunicación de tendencia sensacionalista. Y aunque las penosas circunstancias que han motivado su declaración pública no invalidan el valor del mensaje final –al contrario, lo magnifican y le añaden contundencia–, lo cierto es que un testimonio de este tipo queda empañado por la inevitable posición defensiva que ha tenido que adoptar.

En la carta, la codirectora de Matrix explica que tanto ella como su hermana llevan años intentando evitar a los periodistas ansiosos de contar su caso porque hablar de sí misma le resulta “una experiencia mortificante”. Era consciente de que en algún momento iba a tener que salir del armario como persona transgénero, pero “solo quería-necesitaba tiempo para poner la cabeza en su sitio, para sentirme cómoda”, explica. Y continúa: “La ‘noticia’ ha estado a punto de ser publicada al menos un par de veces. Cada una de ellas ha sido precedida por un ominoso mail de mi agente: los reporteros han estado pidiendo declaraciones en torno a la historia de ‘la transición de género de Andy Wachowski’ que están a punto de publicar”.

Así que su declaración de ser transgénero y haber completado la transición la hizo obligada por el acoso y chantaje a los que le sometió un sector de la prensa, que amenazó con revelar su condición en contra de su voluntad. Todo sin tener en cuenta que las consecuencias fatales de un outing de este tipo pueden, en el peor de los casos, llevar a una persona transgénero al suicidio; en el mejor, instigar al odio o la violencia. En concreto, Lilly señala en su misiva a un medio de comunicación, el Daily Mail:

“Anoche, mientras me preparaba para salir a cenar, sonó el timbre de mi casa. De pie en mi porche se encontraba un hombre que no reconocí.

–‘Esto puede ser un poco incómodo’, dijo con acento inglés.

Recuerdo que suspiré.

A veces es realmente duro ser optimista.

Procedió a explicarme que era un periodista del Daily Mail, que era el medio de noticias más grande de Reino Unido y que bajo ningún concepto era un tabloide. Y que tenía que sentarme con él mañana, o el día siguiente o la semana siguiente, para que pudiera hacerme una foto y contar mi historia, que era muy inspiradora. Porque no quería que alguien del National Enquirer me siguiera, ¿no? Por cierto, el Daily Mail no es bajo ningún concepto un tabloide”.


Amanita (Freema Agyeman) y Nomi (Jamie Clayton), dos de las protagonistas de Sense8.

En un comunicado a The Washington Post, el DailyMail.com –con un equipo editorial diferente al de la edición impresa– se ha apresurado a aclarar que no forzó a la directora de cine a salir del armario: “DailyMail.com niega categóricamente que de algún modo tratara de obligar a Lilly Wachowski a revelar su transición de género”.

Pero lo cierto es que Lilly se refiere más bien a la falta de tacto, cuando no negligencia, que el Daily Mail demostró en un caso transgénero anterior, el de la profesora inglesa Lucy Meadows que, tras unas vacaciones en 2013, planeaba volver al colegio donde impartía clases con su nueva identidad femenina. En un artículo titulado Él no solo está en el cuerpo equivocado, también en el trabajo equivocado, el columnista Richard Littlejohn plasmaba opiniones manifiestamente transfóbicas. Entre otras, decía que “la escuela puede sentirse extremadamente orgullosa de su ‘compromiso con la igualdad y la diversidad’, pero, ¿se ha parado alguien a pensar en el devastador efecto que todo esto está teniendo en los que realmente importan?”. Littlejohn se refería a los niños de siete años que, según él, “no están equipados para procesar este tipo de información”. La profesora Meadows terminaría suicidándose y el artículo fue convenientemente retirado de la edición digital del periódico.

“Después de que me diera su tarjeta y cerrara la puerta, empecé a pensar dónde había oído hablar del Daily Mail. Fue el medio de comunicación que jugó un importante papel en el outing nacional de Lucy Meadows, una profesora de colegio y mujer transgénero en Reino Unido. Una editorial en ese medio ‘que no es un tabloide’ la demonizaba como una influencia dañina para la delicada inocencia de los niños y lo resumía con ‘él no solo está en el cuerpo equivocado, también en el trabajo equivocado’. La razón por la que supe de ella no fue porque fuera transgénero, sino porque tres meses después de la publicación del artículo del Daily Mail, Lucy se suicidó.

Y ahora aquí estaban, en mi puerta delantera, casi como si pudieran decir ‘¡Aquí hay otro! Vamos a arrastrarlo fuera para que todos podamos echarle un vistazo”.


Lilly (Andy) y Lana Wachowski 
 

Como Lana Wachowski, que salió del armario como transgénero en 2012, o Caitlyn Jenner, el caso de Lilly Wachoswki nos recuerda la responsabilidad social que todo medio de comunicación, sensacionalista o no, adquiere al informar de un delicado proceso en el que intervienen psiquiatras, psicólogos y que, con casi total seguridad, amenazaría la salud mental de cualquiera que estuviera en su lugar. El miedo al rechazo es lo que desalienta a personas como Lilly Wachowski a compartir su auténtica identidad y posturas como la del Daily Mail no ayudan a acabar con el estigma. La carta de Lilly prosigue así:

“Yo soy una de las afortunadas. Tener el apoyo de mi familia y los medios para permitirme doctores y terapeutas me ha dado la oportunidad de sobrevivir al proceso. Las personas transgénero sin ayuda, medios ni privilegios no tienen este lujo. Y muchos no sobreviven. En 2015 la tasa de asesinatos de personas transgénero alcanzó su número más alto en este país. Un horrible y desproporcionado número de víctimas eran mujeres transgénero de color. Estos son solo los homicidios señalados como tales porque, como no todas las personas transexuales encajan en los estrechos márgenes de las estadísticas de género binario, eso quiere decir que los números reales son aún más altos.

Y a pesar de que hemos avanzado mucho desde ‘El silencio de los corderos’, continuamos siendo demonizados y villanizados en los medios, donde se nos retrata como potenciales predadores a los que se nos debe prohibir incluso usar el maldito baño. Las llamadas ‘bathroom bills’ (facturas de baño) que están surgiendo por todo el país no mantienen a los niños a salvo, obligan a las personas transgénero a usar baños donde pueden ser agredidos o asesinados. No somos predadores, somos presas.

Sí, soy transgénero.

Y sí, he hecho la transición.

Estoy fuera del armario para mis amigos y mi familia. La mayor parte de gente en el trabajo también lo sabe. A todo el mundo le parece bien. Sí, gracias a mi fabulosa hermana que lo hizo antes que yo, pero también porque son gente fantástica. Sin el amor y el apoyo de mi mujer, mis amigos y mi familia, hoy no estaría donde estoy”.

El enfoque del Daily Mail, el mismo diario que hace ahora un año se llevó las manos a la cabeza porque Germanwings permitió volar a un piloto que había sufrido una depresión –cabe preguntarse qué ocurriría si tuviéramos que apartar de su puesto de trabajo a toda persona que alguna vez ha pisado la consulta de un psiquiatra–, es solo un ejemplo más del periodismo denigrante practicado por algunos medios de comunicación que se aprovechan de la decisión –íntima y personal– de quien no quiere, no se atreve o no está preparado para salir del armario. Hoy es Lilly Wachowski, mañana puede ser ese cantautor ídolo de adolescentes, ese astro del fútbol, ese famoso modelo internacional o esa actriz a la que los medios califican de “amiga y compañera de piso” de otra mujer. Paradójicamente, la táctica de los medios se basa en usar un periodismo cobarde –que no se atreve a llamar a las cosas por su nombre– para destapar a unos personajes que, en el fondo, están acusando de cobardes.

Mientras periódicos de Uganda o Indonesia se jactan de revelar los nombres de sus conciudadanos LGTB, el pasado mes de febrero el diario australiano The Sydney Morning Herald, el más longevo del país, pidió disculpas oficiales por haber publicado los nombres, direcciones postales y profesiones de las 53 personas LGTB que fueron arrestadas y salvajemente golpeadas en el primer Mardi Gras de Sidney en 1978, cuando la homosexualidad aún era delito en Australia. “Algo así jamás habría ocurrido hoy”, dijo Darren Goodsir, su redactor jefe, que ha tratado de contactar con algunos de los participantes de aquella edición para disculparse en persona. El gobierno de Nueva Gales del Sur y la policía también pidieron perdón oficilamente a los afectados. Con un poco de suerte, dentro de 38 años, medios que hoy se dedican a especular, intimidar o chantajear con la sexualidad también pedirán disculpas. O no. La carta de Lilly termina como sigue:

Continuaré siendo una optimista cargando sobre mi hombro la lucha por el progreso como si fuera la piedra de Sísifo y siendo un ejemplo de que otro mundo es posible.

Lilly Wachowski”.

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