17/08/2019

La pasión por la cultura gay de Rufus Wainwright

11 julio, 2016

Si algo distingue a Rufus Wainwright es su pasión reivindicativa. A muchos niveles. La memoria histórica está muy presente en su obra, y sus esfuerzos por traer al presente todos aquellos referentes culturales que le inspiran son dignos de alabar.

Como hombre abiertamente gay, ha sentido siempre un deber por honrar a grandes nombres de las artes que le han precedido y que, según él, han contribuido a enriquecer el universo cultural de la comunidad LGTB. Sí, es un claro ejemplo de “marica antigua”, pero en estos tiempos en que muchos jóvenes gays ignoran que mucho antes de Lady Gaga existió, por ejemplo, Judy Garland –uno de los grandes iconos de Wainwright–, su actitud resulta de lo más moderna.


“Para la gente joven gay resulta muy importante sumergirse en la gran cultura histórica, mayoritariamente gay


Si en sus últimos trabajos daba la sensación de que Rufus Wainwright estaba cada vez menos interesado en el pop, ahora defiende orgulloso un disco cuanto menos sorprendente, Take All My Loves: 9 Shakespeare Sonnets. Un álbum 100% Wainwright, en donde conjuga su fascinación por la música clásica con su habilidad para extraer la esencia pop de cualquier material que cae en sus manos. De paso, rinde su personal tributo a un genio de la literatura.

El germen de este proyecto está en un espectáculo dirigido por Robert Wilson, que le pidió que musicara algunos de los sonetos.Y tres de los que ha incluido en su nuevo disco –en versiones distintas– ya aparecieron en su álbum de 2010 Songs For Lulu.

Cuenta Rufus que fue su madre, la desaparecida Kate McGarrigle –a la que dedicó Lulu–, la que le introdujo en el universo de Shakespeare cuando era adolescente. “Cuando se dio cuenta de que pasaba mucho tiempo encerrado en mi dormitorio, me dijo ‘Rufus, Shakespeare escribió sobre lo que estás haciendo”, ha contado. Cuando comenzó a trabajar en este proyecto, el canadiense se enfrentaba por un lado a la enfermedad terminal de su madre –un cáncer–, a la vez que se planteaba formar su propia familia junto a su novio –ya marido–, Jörn Weisbordt. “A la vez que estaba enfrentándome a tantas cuestiones complejas, estaba inmerso en estos sonetos, que tratan de todos estos elementos esenciales: la vida, la muerte, el nacimiento, el sexo, el odio, el arrepentimiento… Todo estaba ahí”.

Es un paso más en una trayectoria de lo más coherente que ha permitido a Rufus Wainwright convertirse en un género en sí mismo. Y otro ejemplo más de su vocación didáctica, porque Wainwright es de los que opinan que las obras de los artistas que admiramos sirven para enriquecernos y ampliar nuestra perspectiva vital. En ese sentido, defiende con uñas y dientes la necesidad de potenciar, especialmente entre el público gay, la curiosidad por quienes han contribuido en el pasado a enriquecer su historia.

Al respecto ha declarado recientemente: “Para la gente joven gay resulta muy importante sumergirse en la gran cultura histórica, mayoritariamente gay. Porque llegará un momento, cuando cumplan más años, en el que tendrán que enfrentarse a las grandes cuestiones de la vida, y las obras que las reflejan son aquellas en las que se verán reflejados, no en el hecho de que Madonna haya dado un concierto vestida de payaso”. En este momento de su vida, Wainwright lo tiene claro: nadie como Shakespeare supo poner en palabras todo aquello que él siente. Y por eso se merecía todo un disco.


Fotos Matthew Welch


EL DISCO TAKE ALL MY LOVES. 9 SHAKESPEARE SONNETS ESTÁ EDITADO POR PRIMA DONNA/DEUTSCHE GRAMMOPHON. RUFUS WAINWRIGHT ACTÚA EL 16 DE JULIO EN EL UNIVERSAL MUSIC FESTIVAL, EN EL TEATRO REAL DE MADRID.

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