10/07/2020

Las aventuras de Miguel Ruiz en Río de Janeiro

12 julio, 2016

Miguel Ruiz Martínez de Medinilla tiene 52 años, y los últimos cinco los ha vivido en Río de Janeiro. Nacido en Madrid y criado en Valladolid, se siente muy madrileño. “Realmente, he pasado muchos más años en Madrid, donde estudié la carrera y ya me quedé a trabajar”. Este médico dentista, que llegó a tener su propia clínica, se vio forzado a cerrarla por la crisis. Y aunque se considera hiperactivo y seguía trabajando como autónomo en varias, no veía futuro. “Llegó un momento en que hacía trabajos hasta en cuatro clínicas, y no llegaba ni a los 800 euros al mes”.

Cuando llegó el momento de plantearse un cambio, lo vio claro. “Mi marido tiene propiedades en Río y necesitábamos ocuparnos de ellas, porque había mucho papeleo que hacer, y es preferible controlarlo todo desde allí”. Se casó con Rolando en 2007, y cuando llegaron en 2011 decidieron montar un hotelito. “Desde que vivo allí soy posadero”, bromea Miguel. Porque su hotel, que cuenta con once habitaciones, se llama Casa del Ángel, en español. El porqué del nombre es curioso.

“Me gusta mucho pintar. Uno de mis cuadros, de un ángel, había estado en el museo de los ángeles de Lucía Bosé. Cuando lo cerraron, me lo devolvió, y decidí llevármelo. Es enorme, de 3×2 metros, y curiosamente encajó perfectamente en la recepción. Así que decidimos llamarlo así”. Ha utilizado otros muchos cuadros suyos en la decoración de su hotel, y también para su casa. “Allí también tengo mucha obra de Manolo Cáceres y Nacho Burgos”.

Miguel no oculta que le ha costado acostumbrarse a la vida en Río. “Orográficamente es espectacular: las montañas, las playas, el lago…, realmente es muy bonita”. Ahora llegan los peros. “El ritmo de vida es muy lento, y por más tiempo que pasa no me hago a él”. Tampoco se acaba de acostumbrar a los brasileños, y eso que lleva con uno diez años. “No consigo conectar con su forma de ser. Los dos mejores amigos que tengo son españoles”.

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La inseguridad, lógicamente, le preocupa, pero no le quita el sueño. “No tiene sentido vivir con miedo. Solo hay que llevar precaución si vas a sitios concurridos como la playa de Ipanema, porque suele haber muchos robos”. Agradece mucho los inminentes Juegos Olímpicos porque asegura que el centro de la ciudad se ha beneficiado ante la llegada del evento deportivo. “Había una parte del centro que estaba prácticamente deshabitada, y ahora se ha recuperado, junto con un paseo en el puerto”.

Decepciona es que cuente que el Orgullo LGTB no es ni mucho menos un fiestón como cabría imaginar. “Es una pena, porque casi nadie se entera de cuándo es.  Como las distintas fiestas y las asociaciones no hacen un frente común, no aprovechan esa fuerza que podría tener como evento”.

No hay en Río un barrio gay como tal, según cuenta Miguel, aunque sí existe una calle que es punto de encuentro clave de la comunidad LGTB, la Rua Farme de Amoedo. “Lo es durante todo el año, y es muy curiosa. Apenas hay un bar, pero es donde va todo el mundo. Salvo que llueva o haya fútbol, aunque también lo ponen en el televisor que tiene el bar, porque el país se paraliza con el fútbol”. Asegura que vive con absoluta normalidad su homosexualidad allí. “Hay un apoyo importante por parte de las autoridades locales a la lucha contra la homofobia, que es de agradecer”.

Para conocer los lugares más mágicos de Río de Janeiro, pasa página

Playa de Abricó

“Está a las afueras de Río, es más tranquila que las del centro. Tiene una parte nudista, que es a la que voy yo, con un bosque detrás, dos islas enfrente y sin acceso por carretera. Es una playa preciosa”.

 Museu do Amanhã

“Es obra de Santiago Calatrava, una gigantesca estructura blanca que se proyecta sobre la bahía de Guanabara. El Museo del Mañana es un homenaje a la ciencia y la tecnología, y representa a través del arte el paso del hombre”.

Floresta da Tijuca

“Es el bosque urbano más grande del mundo, y sorprende que tan cerca de Río puedas encontrar un espacio de 4.000 hectáreas en el que ves muchas especies de flora y fauna que están en peligro de extinción”.

Barrio de Lapa

“Es perfecto para ir a tomar algo, tiene muchos bares y cervecerías pintorescas. Es un barrio con un aire bohemio muy popular. Lo atraviesan los conocidos Arcos de Lapa, sobre los que circulaba el bondinho de Santa Teresa”.

Pan de Azúcar

“Es un llamativo pico de casi 400 metros de altitud en la boca de la bahía de Guanabara. Es precioso el paseo en teleférico, que recorre una ruta de 1.400 metros entre el morro del Pan de Azúcar y el de Urca”.

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