09/12/2019

¿Es Justin Timberlake un lobo con piel de cordero?

4 agosto, 2016

Ilustración www.ivansoldo.com

De tan bueno e impoluto que parece, Justin Timberlake te hace desconfiar. Y de tanto que prometía, no puedes por menos que sentirte en ocasiones algo decepcionado. Porque sí, supo salir sin taras aparentes de su etapa como ‘chico Disney’, superó estilismos inenarrables –ese histórico total look denim– en el tiempo que salió con Britney Spears y se postuló como sucesor blanco de Michael Jackson. También de Prince. Pero las promesas se fueron diluyendo con el tiempo, y solo han quedado un puñado de temas memorables que acumular para un futuro recopilatorio de éxitos que no defraudará.

¿Por qué no ha ido más? ¿Por qué se ha esforzado en asentar su imagen impoluta de yerno perfecto amante del golf en lugar de arriesgar más a nivel artístico? Da la sensación de que, en el fondo, es un conformista. Y eso no mola. Tampoco puede presumir, en absoluto, de su carrera como actor. ¿Algo que destacar más allá de La red social? No.

De la mano de Pharrell y Timbaland ha sabido sacarse provecho en lo musical, eso es indiscutible. Y si la segunda parte de The 20/20 Experience –sí, lo de utilizar ‘experience’ como sinónimo de disco también se lo copió a Prince– hubiese sido tan buena como la primera, la percepción de JT como creador sería distinta. Ahora está grabando con ambos, lo publicó en redes sociales, aunque nada sabemos de lo que trama. Sí sabemos que se ha convertido en uno de los reyes del verano pop gracias a una prodigiosa producción de Max Martin, Can’t Stop The Feeling. Ahí sí nos ha pillado por sorpresa. Bien por él.

No parece, por sus reacciones en redes, que tenga tanta bonhomía como proyecta en el clip de dicho tema. En la reciente entrega de los BET Awards, dedicados a la música negra, se le acusó de apropiación cultural y se lo tomó fatal. Su rabieta en Twitter no le hizo quedar bien. Tampoco su ‘momento avestruz’ cuando metió la cabeza bajo tierra tras el pezongate de Janet Jackson, a la que dejó sola ante el peligro frente a la puritana sociedad estadounidense. Pareció ser un dedo acusador más ante una de las más solemnes tonterías vividas en la era pop reciente. Si tiene un lado oscuro, ¿por qué no lo explota? El fotógrafo Steven Klein supo sacarlo a la luz en un morbosísimo reportaje para Arena Plus Homme, y nunca más se supo. Quizá sea el momento de un cambio de registro. La sorpresa podría ser mayúscula.

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