24/05/2018

Brighton, capital gay del Reino Unido

18 agosto, 2016
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1. Es una ciudad con una rica cultura gay

Un taxista heterosexual nos decía que Brighton es su destino costero preferido del Reino Unido precisamente por su arraigada tradición gay, que ha contribuido a que sea una ciudad tolerante, de costumbres relajadas y poco amante del hooliganismo. Efectivamente, es así. Brighton cuenta con una amplia comunidad gay y una rica escena artística underground, que contribuyen a que en Brighton haya una amplia oferta turística, más allá de la playa, el paseo marítimo y su mítico muelle con atracciones de feria al borde del mar. Por eso no sorprende que, ya el siglo pasado, el autor Noël Coward dijera que Brighton era una ciudad de “piers, queers y rocketeers”.

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2. Brighton es una ciudad de sorpresas

Comenzó siendo un pequeño pueblo de pescadores y ahora es un importante destino turístico para muchos británicos que no quieren abandonar su país, y muchos turistas homosexuales que no se quieren perder todo lo que el barrio gay ofrece, tanto durante su Pride como durante el resto del año. Resulta curioso descubrir la cantidad de anécdotas relacionadas con el universo LGTB que encierran algunos de sus principales reclamos turísticos. Como el extravagante Royal Pavilion, el palacio de recreo que mandó construir el rey Jorge IV –en él no se permite tomar fotografías, por cierto–.

Es un delirio arquitectónico de lo más kitsch, y además, en el edificio anexo que alojaba en su día su inmensa cuadra, se celebró el festival de Eurovisión en 1974. Por eso es también un lugar de peregrinación para fans de ABBA, dado que allí comenzaron a forjarse su leyenda al ganar aquella mítica edición.

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3. Su escena gay es de lo más acogedora

Para ser una ciudad costera relativamente pequeña (cuenta con 280.000 habitantes) sorprende la cantidad de locales y tiendas que forman su barrio gay. En torno a St. James’s Street, más de cinco manzanas y varias calles paralelas hasta el paseo marítimo vertebran este miniparíso gay, repleto de pubs, restaurantes, tiendas y clubs, tanto pequeños como de varias plantas. Frente al mar están los bares y clubs más típicamente británicos, como Revenge, con distintas fiestas temáticas, drag queens decadentes y ruidosas y un ambiente que no dista tanto del que impera en Benidorm. Sorprenden gratamente pubs como The Camelford Arms, un pub de aire tradicional que acoger al público más variado, aquel que huye de poses y tiene ganas de hacer amigos. Allí conviven modernas, osos y despistados en paz y armonía. Muy cerca de este se encuentra un auténtica  institución del Brighton gay, The Bulldog, que presume de ser el local de ambiente más antiguo de la ciudad, abierto desde 1979. Su karaoke es muy celebrado por quienes disfrutan con él. Y los fines de semana abre 24 horas al día. 

Quienes busquen morbo y sexo, tienen al otro lado de  la calle Subline, un club subterráneo al que conviene ir sin pudor y con ganas de quitarse la ropa que pueda sobrar en un momento dado. Cuenta con cuarto oscuro, aunque realmente la principal acción –mucha y variada– se ve en torno a la pista de baile, mientras suenan remixes houseros de conocidos temas pop. Si a alguien se le antoja algún complemento fetichista o un atuendo leather, puerta con puerta con Subline, en St. James’s Street, se encuentra The Sussex. Si a alguien se le antoja algún complemento, Beacon es una tienda de segunda mano gay especializada en fetish. Durante el Orgullo, todo lo que se recauda de su venta se destina a la lucha contra el VIH. Y en esa misma calle se encuentra Bone Idol, especializada en complementos arcoíris para mascotas, ahí es nada.

Cuando uno se entera de que Oscar Wilde escribió en Brighton La importancia de llamarse Ernesto, y que pasó allí varias temporadas, no sorprende. Ese aire entre festivo y decadente que se respira en gran parte del casco histórico debía ser incluso más pronunciado siglos atrás. Y todavía es palpable en locales de ambiente como The Marlborough, una mezcla de pub y teatro/cabaret, hoy día frecuentado principalmente por lesbianas. Predomina una actitud marcadamente activista y underground, sin duda heredada de los miembros del Gay Liberation Front que en los 70 se reunían regularmente allí. El primer Pride, celebrado en 1973, se gestó allí. Y hasta 1991 no se volvió a celebrar otro, ya de forma ininterrumpida hasta hoy.

Desde 2013 se celebra también en Brighton anualmente un Orgullo trans, el primero de esas características organizado en el Reino Unido. La comunidad LGTB de la ciudad se enorgullece de ser la única, junto con Manchester, de todo el país con su propio monumento a las víctimas del sida. Está en el parque de New Steene, y es una escultura que asemeja el lazo del sida, creado en 2009 por Romani Mark Bruce.

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4. Su cosmopolitismo es sugerente y peculiar

Brighton no se conforma con satisfacer al turista medio británico con presupuesto y cultura limitados. El hecho de recibir a tanto turista gay ha contribuido a que la ciudad se haya puesto las pilas a la hora de renovar su oferta hotelera y gastronómica. The Lanes, que es como se conoce su centro histórico, sorprende no solo por el encanto típicamente británico de sus pequeñas calles intricadas que acogen pubs, cafés, galerías de arte y tiendas de segunda mano. También cuenta con una oferta cada vez más amplia de hoteles boutique y restaurantes francamente recomendables. El hotel boutique con mejor reputación nacional de todo Brighton es Hotel du Vin.

Un edificio de sobria, aunque majestuosa, arquitectura de aire victoriano que la vez es un ejemplo de las más típicas construcciones de Brighton, en las que los ventanales suelen sobresalir para arañar cierta perspectiva de la playa. Con amplias habitaciones y un coqueto patio interior, solo frecuentado por clientes y connaisseurs, es un lujoso remanso de paz a un paso de todo. También sorprende la creciente y variada oferta gastronómica, que ni mucho menos se reduce al omnipresente fish & chips. Quienes busquen espectaculares pescados en un ambiente de cierta sofisticación, sin renunciar a las vistas de primera línea, los encuentran en The Jetty. Los fans de restaurantes con cierto aire afrancesado –en su carta y en el servicio– no deben dejar de visitar 24StGeorges, donde las carnes son su fuerte.

Los amantes de las experiencias gastronómicas totales deberán reservar con mucha antelación si quieren cenar en SixtyFourDegrees, convertido en ‘the place to eat’ desde que todo tipo de guías gastronómicas lo citan como uno de los cincuenta mejores restaurantes del país. Sorprendentemente pequeño, apenas alberga cuatro mesas, y una frecuentadísima barra. Influencias sudamericanas y orientales se funden en platos de tamaño comprimido y gran variedad de sabores, que en ocasiones desconciertan. Es punto de peregrinación obligada para foodies gays, siempre presentes.

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5. Su increíble Orgullo Gay

Ya hemos hablando en otras ocasiones de su celebrado Pride. Es, sin duda, el principal reclamo turístico en verano de la coqueta ciudad costera, que se vuelca con las celebraciones. Durante el último fin de semana de julio, o primero de agosto, Brighton se convierte en un hervidero de turistas LGTB. En varios puntos de la ciudad se centra la actividad, que cuenta con dos parques centrales con amplia programación, y con el barrio gay cerrado al tráfico para que la fiesta no se interrumpa ni de día ni de noche. El día en que se celebra el desfile, Brighton recuerda mucho a Madrid. El centro se convierte en un gran botellón, porque los espacios oficiales del Orgullo se quedan pequeños para acoger a todo el mundo con ganas de celebración. Es una experiencia digna de ser vivida.

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